El policía local de Los Gallardos José Antonio Rodríguez Cazorla es de esos profesionales trabajadores anónimos que llevan la vocación de servicio público al máximo. Es una persona que no quiere sobresalir por encima de los demás. Arriesga con responsabilidad todo lo que puede por ayudar.
La mayor
tragedia forestal de Andalucía, que comenzó en la tarde del 9 de julio, ha
tenido como testigo incansable al policía local
de Los Gallardos José Antonio Rodríguez Cazorla (Los Gallardos, 1966). Quizás tenga su vocación de servicio público por su bisabuelo materno, que fue
municipal de Los Gallardos. Le han pedido entrevistas no solo de España, sino
de Portugal, Bélgica y de Noruega. Le ha llamado la atención, pero pasados 10
días del incendio comprende la dimensión global del suceso. Ha rechazado
entrevistas porque es de las que huye del afán de protagonismo. He conversado
con guardias civiles, bomberos, personas de Protección y todos coinciden en la
entrega y la sabiduría de este hombre. Su humildad es más que evidente. Huye de
los focos. No es una persona de pose, sino de trabajar con mucha
responsabilidad. Asume el trabajo desde niño cuando falleció su padre en
accidente laboral. Años después la vida le dio de otro palo, cuando un cáncer
le quitó a su madre, Ana María, otra mujer respetuosa y humilde.

Los policías locales de Los Gallardos, José Antonio Rodríguez y Mari Carmen Carricondo, con el vecino Paco López, el alcalde de Los Gallardos, Fran Reyes, y el concejal José Salmerón / A. Torres
José Antonio accedió al puesto en 1991. Durante mucho
tiempo solo hubo un agente local en el municipio. “Lo que más me ha emocionado ha sido ver cómo, en una situación tan límite, todo el mundo
remaba en la misma dirección. Compañeros de los distintos cuerpos de emergencia
y vecinos hicieron todo lo posible por ayudar a quien lo necesitaba. También
fue muy duro desalojar a los vecinos de las barriadas de Los Gallardos, muchos
de ellos conocidos, intentando tranquilizarlos para que salieran de sus casas
lo antes posible. Pero, sin duda, el momento que nunca voy a olvidar fue la
llamada con el cuidador español de una señora extranjera con demencia que había
quedado atrapada con ella dentro de su casa. Estuvimos más de una hora hablando
por teléfono. Yo intentaba mantenerlos tranquilos y les iba indicando qué hacer
para protegerse mientras esperaban ayuda, los consejos principales de tener
toallas húmedas debajo de las puertas que no inhalaran humo, etc. El cuidador me
iba contando cómo los cristales reventaban por el calor, cómo el sofá y otros
muebles ya estaban ardiendo y cómo las llamas iban entrando en la vivienda.
Hubo momentos en los que todos pensamos que no iban a salir con vida. Afortunadamente, cuando el fuego empezó a dar un respiro alrededor de la casa, una compañera de
la Guardia Civil pudo acceder hasta ellos y rescatarlos. Saber que habían
conseguido salir sanos y salvos fue una emoción difícil de explicar. Recuerdo
que, en ese momento, todos los que habíamos vivido aquella situación tan de
cerca nos fundimos en un abrazo de alivio. Es algo que nunca voy a olvidar”.
Los policías locales de Los Gallardos son el citado José Antonio Rodríguez
y Mari Carmen Carricondo Alcalde, nacida en 1981 en Jaravia, situada en la
sierra del Aguilón, barriada de Pulpí de unos trescientos habitantes. Ambos
llegaron a estar trabajando durante 30 horas frente al fuego más cruel conocido
hasta el momento Carricondo Alcalde, una mujer admirada por todos sus
compañeros por su seriedad y entrega profesional y a la que se le nota una
mujer con mucha alma. Llegó a la Policía Local de Los Gallardos en 2024, tras
un proceso de oposiciones. Dos años después ha vivido, junto a sus compañeros
de trabajo, la tragedia del fuego forestal, que tanto dolor ha dejado en la
zona de Bédar, localidad que ha tenido también el trabajo admirable del policía
Diego Miguel Castro Sánchez. Esa entrega profesional se nota en sus rostros.
Han visto en directo la tragedia, sufriendo en primer plano, a pie de obra y
que siguen pensando en la tarea y, quizá, no son conscientes de que deben
recibir tratamiento psicológico, como los bomberos y tantos profesionales, para
seguir en el tajo. A Rodríguez Cazorla lo retratamos como un ejemplo de
servidor público que da la vida por los demás. Buena persona que lo es,
decisión que los gallarderos compartimos casi por unanimidad. Está claro que
siempre tiene que haber un tonto de guardia que discrepe. No me consta. Si lo
hay, lo sentimos. Desde niño mostró madurez hasta cuando jugaba al fútbol,
elaborando jugadas con sentido.
Fortaleza ante un reportero. Ahora bien, el carácter se demuestra ante situaciones que lo requiere. Un
ejemplo. Después de la primera tarde y madrugada del jueves al viernes del
incendio, sobre las nueve de la mañana observaron, tanto Mari Carmen como José
Antonio que un establecimiento tenía el fuego muy cerca de sus muros. Estaba en
juego la vida de siete trabajadores sexuales en las inmediaciones de la sierra
de Alcornia. Ambos policías de Los Gallardos les indicaron que recogieran sus
cosas imprescindibles y que subieran al vehículo policial. Ahora viene lo del
carácter impositivo con un reportero que portaba un gran visor. “Y a usted,
señor, le ordeno como autoridad que debe ayudar inmediatamente. ¡Es una orden!
Entendió tras unos segundos de hacerse el remolón que la situación era
inminente, mientras Mari Carmen ya las había convencido de que debían dejar sus
aposentos. Trasladamos a esas personas al Espacio Escénico de Los Gallardos”,
reiteró Rodríguez Cazorla en presencia de su colega Carricondo. Otra situación
crítica vivida antes de aproximarse a los cortijos de Los Villaltas y Los
Burgos. “Venía un vehículo a toda velocidad. Llegué a pensar que nos arrollaba
a todos, policías y guardias civiles. Dio un frenazo impresionante y portaba a
una persona sin piel, pero con vida, que me impresionó mucho. Pasó a una
ambulancia, pero esa imagen tan bestial, la llevo en mi mochila, como les
ocurrió a otros colegas”. “He aprendido que un incendio de estas
características puede cambiarlo todo en cuestión de minutos y que nunca hay que
subestimar su fuerza. También he comprobado que, para afrontar una emergencia
de esta magnitud, es imprescindible contar desde el primer momento con todos
los medios humanos y materiales necesarios, porque cada profesional y cada
recurso pueden marcar la diferencia. Una experiencia así también te hace
valorar mucho más la vida y comprender que, cuando ves a personas luchando por
salir con vida de sus propias casas, todo lo demás pasa a un segundo plano. Lo
verdaderamente importante es que las personas puedan ponerse a salvo y regresar
con sus familias”.
Viendo el estreno de la Odisea de Homero, me vino a la memoria los trabajadores anónimos que se juegan el tipo para salvar vidas. Decenas de amigos como la doctora turrera Ana Amalia Orero, los sacerdotes como Miguel Esteban Jerez o José A. Rodríguez Castaño desde Serón que han hecho lo posible con diferentes campañas para acompañar a familias de Bédar marcadas para siempre. “Entre tanto dolor, también ha prendido otra llama, la de la solidaridad compartida que une a pueblos y personas”. El próximo sábado en Vera habrá un concierto benéfico por parte de Ben Beder, la banda musical de Bédar y Los Gallardos. Siempre, hay ciudadanos dando lo mejor.






