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El colapso cotidiano

Fátima Herrera
Portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Almería

Estamos a favor de las obras. Todos queremos una ciudad mejor y más moderna. Pero no podemos permitir que estas actuaciones se hagan sin planificación y sin pensar en el impacto que tendrán en la vida diaria de la gente. Y no es la primera vez que el equipo de gobierno del PP demuestra una alarmante falta de planificación. 

El ejemplo más reciente son las obras en la avenida Cabo de Gata, en pleno periodo de exámenes para los estudiantes de la Universidad. En lugar de buscar el momento más adecuado para minimizar las molestias, el Ayuntamiento ha decidido realizar estos trabajos justo cuando cientos de jóvenes necesitan desplazarse a diario al campus. El resultado: autobuses abarrotados, retrasos interminables y alumnos que llegan tarde a sus exámenes. ¿Es esto aceptable? El colapso cotidiano del tráfico ha alcanzado niveles que rozan el absurdo, especialmente en zonas como La Goleta o el entorno del Estadio de los Juegos Mediterráneos. Los atascos en horas punta son monumentales, y durante días no se ha visto a ningún agente de la Policía Local regulando el tráfico. 

Pero este no es un caso aislado. Basta con recordar lo que ocurrió en los días previos a la Navidad, cuando el Ayuntamiento decidió arreglar el paso de peatones del Puerto justo cuando el centro de la ciudad estaba lleno de actividad. Las retenciones de tráfico fueron brutales. ¿De qué sirve tener un equipo de gobierno de 15 concejales y 20 asesores, si no hay nadie que piense en cómo y cuándo hacer las cosas? La planificación es una necesidad, especialmente cuando se trata de algo tan esencial como la movilidad de una ciudad. 

No es tan complicado: basta con tener en cuenta el calendario académico, escuchar a los vecinos y establecer medidas para minimizar el impacto de las obras. Los almerienses merecen un Ayuntamiento que actúe con previsión, que piense en sus necesidades y que no improvise. Es hora de que la alcaldesa se tome en serio la movilidad de nuestra ciudad. Porque Almería necesita soluciones. ¿No es hora ya de devolverles esa confianza con una gestión responsable y eficiente?

Las portadas de los tres periódicos de Almería

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Cada mañana se pueden adquirir tres periódicos de papel que tratan sobre los temas de Almería y su provincia. El decano es  La Voz de Almería , que es también el que tiene mayor difusión. El segundo por el número de lectores es  Ideal,  el periódico con sede en Granada, que tiene una edición especial para Almería. El tercero en difusión es el más joven -que recuperó el nombre de una cabecera histórica-, Diario de Almería, que pertenece al Grupo Joly, propietario de cabeceras en casi todas las provincias andaluzas:




Rocío Carrasco sitúa a su madre en el primer plano de la actualidad

Nuria Torrente
@opinionalmeria

A veinte años del fallecimiento de Rocío Jurado (1 de junio de 2006), su hija y heredera universal, Rocío Carrasco, ha logrado que la figura de “La más grande” vuelva a ocupar un lugar destacado en la agenda cultural española. Dos producciones audiovisuales de primer nivel -una docuserie en Movistar Plus+ y un biopic de ficción en RTVE- reviven la trayectoria artística y personal de la chipionera, gracias en gran medida al impulso y la colaboración directa de Carrasco, quien ha puesto a disposición material inédito y su visión personal para preservar y difundir el legado de su madre.

La más Grande

‘La más grande’: el documental definitivo en Movistar Plus+

Movistar Plus+ estrena el próximo 25 de junio de 2026 La más grande, una serie documental original de cuatro episodios que se emitirá uno por semana. Dirigida por Alexis Morante (responsable de trabajos como Bisbal, Camarón: Flamenco y Revolución o Héroes: Silencio y rock & roll), la producción de Tesseo Premium Content se presenta como el retrato más completo y definitivo de Rocío Jurado, no solo como artista excepcional con una voz única, sino como símbolo de la evolución de España: de la folclórica clásica de posguerra a la mujer moderna, libre y reivindicativa.

La serie explora su devoción por la Virgen de Regla, las letras de sus canciones, su vestuario transgresor, su feminismo, la dualidad entre Rocío Jurado (la artista) y Rocío Mohedano (la mujer de casa), sus historias de amor, su relación con la prensa y su enfermedad final. La voz original de la cantante está muy presente mediante entrevistas de archivo y material sonoro. La narración corre a cargo de la actriz y cantante chilena Daniela Vega, quien además lee fragmentos de la autobiografía inédita de Rocío Jurado (que abarca desde su infancia hasta los años 90) y permite reflexionar sobre la influencia de la artista en el colectivo LGTBIQ+.

Rocío Carrasco ha sido pieza clave: participa activamente, aporta material personal inédito (fotos, vídeos, grabaciones de actuaciones en directo y la citada autobiografía) y figura como productora ejecutiva junto a Marta Manzano y Emilio García Pozo. Su implicación garantiza una mirada íntima y respetuosa que humaniza a la diva sin renunciar al rigor cinematográfico. “La vida de Rocío Jurado es Cine en mayúsculas”, ha destacado el director Alexis Morante.

El biopic de RTVE: ficción sobre su vida y trayectoria

Paralelamente, RTVE y Boomerang TV (Entre tierras, Perdiendo el juicio) ultiman un biopic de ficción de cuatro capítulos sobre Rocío Jurado. El rodaje ha comenzado recientemente (incluso en localizaciones como Chipiona) y se centra tanto en su ascenso artístico -desde sus inicios hasta su proyección internacional- como en su dimensión más emocional y personal.

Uno de los fichajes confirmados es el actor Martiño Rivas, quien interpretará a Pedro Carrasco, el boxeador y padre de Rocío Carrasco. Esta no es la primera incursión audiovisual en la vida de la artista (recuérdese la miniserie Como alas al viento, con Eva Almaya), pero sí una de las más ambiciosas en la televisión pública.

El compromiso de Rocío Carrasco con el legado materno

Más allá de las fechas y los repartos, lo que destaca en ambos proyectos es el papel protagonista de Rocío Carrasco. Tras años centrada en su propia historia personal, la hija de Rocío Jurado y Pedro Carrasco ha redoblado esfuerzos por mantener viva la memoria artística y cultural de su madre. Ha aportado archivos familiares, supervisado guiones en proyectos anteriores y se ha convertido en la principal valedora del mito. “Cuando ella se fue, fui consciente de que soy hija de un mito”, ha declarado recientemente, expresando su orgullo y compromiso.

En un momento en el que se cumplen dos décadas sin Rocío Jurado, estas dos series -documental y ficción- complementarias permiten redescubrir a una artista que trascendió el folclore y se convirtió en icono cultural. Gracias a la determinación de su hija, “La más grande” vuelve a sonar con fuerza en 2026.

Cuando Gloria Camila no tenía el sentimiento de que le faltaba una madre

Alba Haro
@opinionalmeria

La influencer Gloria Camila Ortega ha compartido públicamente, a través de la revista Semana, una emotiva carta dirigida a su madre, Rocío Jurado, con motivo del vigésimo aniversario de su fallecimiento. El 1 de junio de 2006, ‘La más grande’ nos dejó tras una dura batalla contra el cáncer de páncreas, dejando huérfanos a sus hijos y un vacío inmenso en el mundo de la copla y la canción española.


Gloria Camila Ortega, en Telecinco

Según Gloria Camila, cada año escribe una carta a su madre en estas fechas. Hasta ahora, estas misivas habían permanecido en la intimidad familiar. Esta vez, sin embargo, ha decidido hacerla pública, y en ella expresa el peso de haber crecido sin su figura materna: “Perderte tan pronto me obligó a crecer antes de tiempo. Me faltaste en tantas decisiones, en tantos momentos”. Son palabras cargadas de nostalgia y madurez, propias de quien ha reflexionado largo tiempo sobre esa ausencia.

Resulta comprensible y humano que el paso del tiempo, la madurez y la maternidad (o la cercanía a ella) modifiquen la percepción de una pérdida tan temprana. Gloria Camila tenía apenas diez años cuando Rocío Jurado falleció. Una edad en la que, como ella misma ha reconocido en el pasado, la conciencia de la muerte y sus consecuencias no siempre se procesa con la profundidad que llega con los años.

Sin embargo, las redes sociales no han tardado en recordar unas declaraciones suyas de septiembre de 2019, cuando, con veinte años, participó junto a su padre, José Ortega Cano, en el programa Mi casa es la tuya de Bertín Osborne. En aquella entrevista, Gloria Camila habló con una franqueza desconcertante sobre cómo vivió la pérdida de su madre. Para evitar cualquier interpretación sesgada, conviene reproducir literalmente sus palabras:

“Yo, con 10 años, fue cuando murió mi madre y casi no tenía uso de razón. Iba al colegio, llegaba, jugaba y poco más. O sea, yo veía, cuando llegaba del colegio, que a lo mejor mi madre se tenía que ir a no sé dónde, a un evento, una gala, lo que sea. Pero no sabía más allá. Y cuando muere, son doce años o trece cuando... Porque cuando muere, tú dices ‘se ha muerto’, pero tampoco tienes el sentimiento de ‘me falta una madre’, me falta algo, no sé, tampoco te pones en situación, sigues tu vida y ya está. Son 10 años, tampoco me puedes pedir más. Mi hermano, con trece años, sí”.

Aquellas palabras generaron polémica en su momento. Muchos las interpretaron como una muestra de indiferencia o frialdad emocional hacia la figura de Rocío Jurado. Otros, más comprensivos, las vieron como el testimonio sincero de una niña que, en plena inocencia infantil, no alcanzó a comprender la magnitud de lo ocurrido. La vida continuó: colegio, juegos, rutina. La ausencia se hizo presente de forma gradual, con el paso de los años.

Hoy, con treinta años, Gloria Camila proyecta una imagen distinta. La carta publicada refleja dolor, gratitud y una añoranza que parece haberse consolidado con el tiempo. Es lógico. El duelo no es lineal ni tiene un calendario fijo. Hay quien lo elabora pronto y quien necesita décadas para ponerle palabras. La madurez trae consigo la capacidad de mirar atrás y entender lo que de niña no se podía procesar.

José Ortega Cano, por su parte, ha sido siempre más explícito en su dolor. En diversas ocasiones ha hablado del vacío que dejó Rocío y de cómo intentó llenarlo como padre. Gloria Camila, en cambio, ha transitado un camino más reservado, marcado quizá por esa infancia en la que, como ella misma explicó, “seguías tu vida y ya está”.

El contraste entre la Gloria Camila de 2019 y la de 2026 no tiene por qué interpretarse necesariamente como contradicción o postureo. Puede ser, simplemente, evolución. El tiempo tiene la capacidad de remover recuerdos que en su momento quedaron adormecidos. La carta de este año quizá sea la forma que ha encontrado de reconciliarse con una ausencia que, aunque no dolió igual a los diez años, ha ido calando con mayor intensidad conforme avanzaba su propia vida.

En cualquier caso, Rocío Jurado sigue siendo un referente cultural indiscutible. Su voz, su carisma y su legado trascienden las vicisitudes familiares. Que su hija le escriba cada año, en privado o en público, habla de un vínculo que, aunque truncado prematuramente, permanece vivo. Y eso, al final, es lo que importa.

Inventario de ausencias

Ignacio Ortega
@opinionalmeria 

Impresiona la cantidad de cosas que uno puede extraviar a lo largo de la vida; son ya tantas que media existencia se me ha ido en buscarlas. El lunes, por ejemplo, al recoger la ropa descubrí que me faltaba un calcetín... otra vez. A veces pienso que mi vida se parece más a una oficina de objetos perdidos que a una biografía. Quizá la de los calcetines sea la menos grave.

Todo empezó a los ocho años, cuando se esfumó mi inocencia al descubrir a mi madre colocando los regalos de Reyes a pie de cama. Aquella mañana se rompió el misterio. Sin saberlo, acababa de inaugurar mi colección de pérdidas.

Primero las certezas, luego las cosas de los bolsillos: las llaves que nunca recuerdo dónde dejé, las gafas olvidadas en una bandeja del aeropuerto de Barajas y el móvil que, tras una maniobra ridícula en el váter de un bar de carretera, salió disparado al fondo. Con los años la oficina se hizo más grande. Ahora, por ejemplo, pierdo fuelle en el segundo tramo de escalera que antes subía de dos en dos. Y hasta pierdo el motivo por el que he entrado en una habitación. La memoria, que antes trabajaba en silencio, se ha vuelto una empleada caprichosa que solo ficha cuando quiere.

Nada pesa, sin embargo, tanto como las ausencias. La oficina pesa de verdad cuando lo que se pierde no está en ningún estante. He visto sillas vacías en las mesas familiares: la de mi hermano, que ya no está, y la de Medina, un viejo amigo con quien compartí estudios, profesión y muchas horas de vida, pero nos fuimos alejando sin saber muy bien por qué.

No he borrado todavía el número de Medina, aunque no lo marque, y en Nochebuena dejo la silla de mi hermano sin arrimar del todo. Lo que no he perdido es la costumbre de guardarles sitio, ni la absurda esperanza de que un día vuelvan a ocuparlo.

Cuando ya no hay manera de recuperar lo importante, pienso que los grandes enigmas no están en las pirámides ni en los agujeros negros del espacio, sino en ese tambor de la lavadora donde un calcetín desaparece sin dejar acta. El del lunes todavía no ha vuelto. No porque me haga falta, sino para saber que todavía hay algo que puede volver.