Almería
no es provincia para viejos. En los pliegues de la orografía almeriense, donde
las noches son muros de silencio, los botones de teleasistencia de la Junta de
Andalucía esperan una llamada que no siempre obtiene respuesta. Cada botón
encendido es un gesto que a veces queda mudo, atrapado en la noche.
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| Servicio de teleasistencia de la Junta de Andalucía |
Cuando
uno de los más de 4.500 usuarios en grado III -entre los cerca de 18.000
personas mayores de 80 años- aprieta ese botón rojo que promete auxilio,
debería ser una luz en la sombra, pero en Almería a menudo se convierte en una
roca silenciosa. La precariedad técnica la coloca entre las provincias más
vulnerables de Andalucía.
En
un municipio de la provincia, el pasado mes de febrero, se dio el caso de una
usuaria que sufrió una caída a las tres de la madrugada y pulsó su dispositivo.
La respuesta tardó en llegar más de 12 minutos. El problema no fue la llamada,
sino que la cobertura digital fragmentada convirtió la voz en murmullo y
retrasó la activación de la ayuda. Pasó siete horas en el suelo hasta que una
vecina la halló.
Y este accidente no es un caso aislado en la
provincia. En su Informe Anual de 2025, el Defensor del Pueblo Andaluz ha
señalado que el sistema de acceso a la dependencia es una carrera de obstáculos
-solicitud, valoración, propuesta de PIA y resolución final- que actúa como una
barrera para los mayores más vulnerables.
La
provincia de Almería atiende a miles de titulares del servicio de
teleasistencia, en su mayoría personas mayores de 80 años, muchas de ellas
viviendo solas. Cada llamada no respondida, cada botón silencioso, es un
recordatorio del riesgo que implica una cobertura dispersa, una burocracia
lenta y una digitalización incompleta. Distintos colectivos profesionales y
sindicales vienen alertando además de episodios de saturación y picos de
llamadas que ponen a prueba la capacidad de las centrales.
Recorrer
la abrupta geografía almeriense es adentrarse en senderos que exigen atención y
memoria del territorio. La teleasistencia no puede reducirse a un sistema
centralizado que opera a distancia y desconoce estas rutas, sino ser una voz
capaz de adaptarse a cualquier persona en situación de dependencia o riesgo y a
cada noche que amenaza con devorar la esperanza.
Mientras las organizaciones sociales luchan por cerrar la brecha digital y emocional, los mayores siguen “aparcados en el silencio”, esperando un hilo de voz que cruce la noche. Este servicio público debería ser el cristal que refleja cuidado y compañía, pero hasta que se reconozca la geografía humana y digital de Almería, esta provincia seguirá siendo un botón encendido, pero mudo bajo el cielo de Almería.









