La relación entre la medicina y la literatura es una tradición histórica
que en Almería tiene el ejemplo del doctor Francisco Cañabate Reche (Almería, 1962). Pediatra de profesión, cuenta con
una extensa producción científica de primer nivel, pero la literatura también
es un campo en el que acumula experiencia. La novela Una historia de
luz (Ed. Alhulía), portada atractiva firmada por su hija Virginia
Cañabate Rabell, es su undécimo trabajo, tras una buena gavilla de
relatos. Plantea una reflexión sobre el ser humano, su entereza, su
fragilidad, y su futuro; pero también habla sobre el azar, el destino, y las
coordenadas en las que este transita. La obra está protagonizada por Antonio López, un hombre al que un
solo momento le transforma la vida, y por Adrián, un muchacho que
intentará ayudarle, y no sabemos muy bien si lo consigue.
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Francisco Cañabate, con los clubes de lectura de Agualdulce / Cañabate
Cañabate tiene un mensaje claro para los que aún dudan sobre la importancia
vital que tienen las vacunas y afirma, amparándose en datos y en su
experiencia: “Los niños son lo mejor del mundo porque representan el futuro de
la humanidad”. “No hay ninguna duda, las vacunas salvan vidas”. “Hace años
morían en Almería anualmente varios niños por sepsis, meningitis, y por otras
afecciones potencialmente mortales que requieren de atención médica de
emergencia como la infección bacteriana meningocócica, entre otras
enfermedades”. “El Hospital Materno
Infantil es una de las mejoras más importantes que se ha conseguido para la
salud y la atención materna y del recién nacido”. Qué le dice el hecho de que
los nuevos médicos eviten la Atención Primaria. “Antes de rechazarla,
deberían conocerla mejor. La Atención Primaria es la base de la salud de la
población. Y si se hace bien en todos los ámbitos científico, asistencial y
social. Desde la medicina primaria, se consiguen enormes resultados en salud
para la población. Y puede ser una tarea apasionante”.
El pediatra ejerce actualmente en Atención Primaria,
consulta de la Junta de Andalucía en la calle San Leonardo de Almería. Ha sido jefe de Servicio de
Pediatría durante 11 años, y director asistencial de la Agencia Sanitaria
Poniente casi ocho. En la serie estadounidense House se decía que el paciente siempre miente.
“En cambio, los niños/s siempre tienen la verdad en los ojos. Afortunadamente
los niños nunca mienten”. Cómo nos debemos dar cuenta cuando un niño llora por
angustia, hambre y cuando es un lloriqueo tonto. “Tienes que saber distinguir
un llanto fisiológico de otro patológico. La experiencia, conocimiento y
estudio sirve para llegar a un diagnóstico”. “Si el bebé toma pecho, la
naturaleza manda, La madre y el niño regulan su relación alimentaria de forma
casi automática. De manera que la madre produce más leche cuando el bebé tiene
hambre. Uno le pide y el otro le da”. “En los distintos trabajos, hay que proteger en espacios laborales
amigables”. Qué le dice el sentir general de que aplaudimos a la sanidad
pública a la que tan poco se cuida como afirmó el escritor Sergio del Molino.
“Totalmente de acuerdo, todos aplauden a la sanidad pública, pero se cuida muy
poco”.
Medicina y letras es una pareja de hecho a lo largo de
la historia y tiene mucho que ver el contacto humano y la proximidad que se
establece entre médico y paciente. “Todo va unido. Es cierto que la relación
entre el médico y el paciente es algo tan especial que esa tarea apasiona y
puede llenarte o hacerte una vida más feliz como médico. También, es cierto que
en esa relación se tienen experiencias muy cercanas al dolor y al sufrimiento
de los demás. Todo eso te hace reflexionar muy a menudo. Y ese es el punto de
unión con la literatura. Si te gusta leer desde muy pequeño, como es mi caso, y
reúnes experiencias vitales, lo normal es que termines por querer escribirlas y
así es como pasas de lector empedernido a escritor en potencia”.
El pediatra es un gran comunicador. Tuvo sus pinitos
en la Cadena SER Almería en
1993 con un programa semanal de servicio público, gracias a la autorización que
le prestaron los entonces responsables del Distrito de Aguadulce donde ejerció
como médico pediatra. Su primera publicación
fue un libro de relatos en 1998 con El burlador del tiempo, al que
siguieron La sonrisa secreta de la luna; el libro de relatos El
grito y las novelas El arco iris de Rubens, Las miradas
cruzadas e Instrucciones para conocer realmente a alguien,
entre otros. En Sueños encadenados, editado en Salobreña
por Alhulia, José Antonio Santano, afirma: “Cañabate Reche se nos muestra tal
es, sin aditamentos ni disfraz que disimule o desfigure su creatividad y
capacidad narradora, su singular voz, que puede distinguirse por las formas
oracionales y su sentido filosófico de la vida”. Además, Cañabate ha
realizado distintas colaboraciones, publicando relatos de forma habitual en
revistas literarias. La publicación
mensual Cuadernos de Caridemo le dedicó un número monográfico
publicando el relato largo Un pie en el infinito. El poeta Miguel
Ávila Cabezas afirma sobre la última novela del pediatra: “Según nos vamos
sumergiendo en cada una de las 365 páginas (como los días del año) de que
consta la obra, dividida en tres libros, la recreación de las peripecias de los
distintos personajes que mantienen viva la trama narrativa se despliega ante
nosotros como en una suerte de story board cinematográfico en el que cada cual
es contemplado, según su estado de ánimo y actitud, ante lo que es y lo que
habrá de ser en un futuro no muy lejano, en distintos planos, de entre los
cuales yo destacaría especialmente el picado que se proyecta sobre el personaje
de mayor edad como signo de soledad, incomprensión y abandono hacia su
persona”. Una historia de luz ha viajado por las ferias del libro de Almería, El
Ejido, Adra y presentaciones en Aguadulce. El 12 de junio estará acompañado por
Ramón Crespo, colaborador de La Voz en la Biblioteca José María Artero.
Francisco Cañabate tuvo una infancia feliz. Creció fuerte. Le gustaba jugar, correr en las calles desiertas de El Alquián, donde su madre era maestra. Leyó pronto, y aquel galimatías de trazos superpuestos le atrapó sin remedio. Mucho tiene que ver en esa escaramuza de la importante biblioteca de su abuelo. En el norte de la provincia de Almería, en Urracal, pasaba los veranos y allí leyó a Salgari, a Verne, a Scott. Aquel placer, que le robaba el sueño y le hacía ser feliz le llevó a la escritura. Al tiempo que jugaba al ajedrez y que seguía estudiando, desde la adolescencia escribió cosas; no pensó en publicarlas, pero le sucedió. “Mi abuelo era agricultor con una inteligencia natural, una personalidad arrolladora, una de esas pocas personas extraordinarias con las que uno se encuentra de vez en cuando”.







