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Tiene solución

Fátima Herrera
Portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Almería

El acceso a una vivienda ha dejado de ser un derecho para convertirse en un lujo inalcanzable para miles de almerienses y andaluces. Mientras las familias y los jóvenes sufren la asfixia de los precios, las administraciones gobernadas por el Partido Popular miran hacia otro lado o, peor aún, agravan el problema. Sin ir más lejos, en la ciudad de Almería, la empresa municipal Almería XXI se ha convertido en una promotora más que construye viviendas a precios de mercado libre, olvidando su verdadera función social. 

De todos los tipos de vivienda protegida que puede construir, la alcaldesa ha elegido el destinado a rentas más altas. Así, no es de extrañar que el 75% de los interesados renuncie por no poder asumir el coste, que sólo una de cada cuatro viviendas se adjudique a las personas agraciadas en el sorteo y que la mitad de los destinatarios finales de estos pisos y casas sean personas que ni siquiera habían participado en el proceso inicial. De aurora boreal. A ello se suma el lastre de Moreno Bonilla, con su su demora en la entrega del Bono Alquiler Joven y su negativa a aplicar la Ley de Vivienda aprobada por el Gobierno de España, que abaratará considerablemente los precios y permitirá crear bolsas de vivienda pública de alquiler allá donde se implante. 

Desde el PSOE planteamos un modelo radicalmente distinto, centrado en la realidad económica de nuestros vecinos y respaldado por el compromiso firme de María Jesús Montero. Soluciones reales y ambiciosas que tendrán un impacto directo y transformador en Almería, como la construcción de 100.000 viviendas en Andalucía, un impulso sin precedentes al parque público de vivienda autonómico. Aquí significaría nuevas promociones a precios verdaderamente asequibles. Y medidas para facilitar la emancipación juvenil, adelantando las ayudas al alquiler y a la compra. Porque es hora de que las instituciones públicas remen a favor de la gente. Almería y Andalucía merecen políticas de vivienda que construyan hogares, no barreras.

Las portadas de los tres periódicos de Almería

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Cada mañana se pueden adquirir tres periódicos de papel que tratan sobre los temas de Almería y su provincia. El decano es La Voz de Almería , que es también el que tiene mayor difusión. El segundo por el número de lectores es Ideal,  el periódico con sede en Granada, que tiene una edición especial para Almería. El tercero en difusión es el más joven -que recuperó el nombre de una cabecera histórica-, Diario de Almería, que pertenece al Grupo Joly, propietario de cabeceras en casi todas las provincias andaluzas:




Una bandera grande, hermosa y libre

Ignacio Ortega
@opinionalmeria

Almería vive una fase de gigantismo textil. La última entrega de esta competición por medir el orgullo nacional en metros cuadrados se alza a la entrada del puerto: una enseña de 96 metros cuadrados sobre un mástil que roza los 25 metros de altura. Empuja el horizonte hacia afuera, como si la identidad necesitara ser recordada a golpe de escala.

Bandera en la entrada del puerto de Almería / Autoridad Portuaria de Almería

Lo curioso no es ya el viejo choque entre bloques, sino la guerra de banderas desatada en el seno de la propia derecha. Impera una aritmética perversa: cuanto más enorme es el paño, más puro el patriotismo. Como si el afecto a la tierra pudiera medirse en superficie y ruido, en tela tensada contra el levante.

Vaya por delante que uno ama la bandera de su país; precisamente por eso duele verla convertida en objeto de fiebre urbanística. Ahí está la del puerto, la de la Estación, la de la autovía del aeropuerto y la entrada del Cabo de Gata. Cuatro banderas grandes, hermosas y libres. Con una bastaba. La repetición no refuerza la identidad: la desgasta. Cuando necesita ser invocada en cada acceso, quizá es que ya no se sostiene sola. Y entonces llega la liturgia: bandera en alto y aplauso obligado.

Frente a esa identidad de cartón piedra, conviene rescatar el sano patriotismo, el de Pío Baroja, aquel que se definía como “patriota a su modo”. Un modo discreto, casi silencioso, más cercano a la mirada que al mástil. En Almería lo encarnaron quienes entendieron la tierra sin necesidad de subrayarla: desde la dignidad cromática de Carlos Pérez Siquier hasta la palabra de Agustín Gómez Arcos. Una estirpe de creadores —como Cecilio Paniagua, Carmen de Burgos, José Ángel Valente o Manuel Falces— que hicieron de esta tierra una forma de mirada, no un emblema. No la explicaron: la dejaron aparecer.

Todos fueron patriotas del escalofrío: ese que brota al ver la línea de la costa tras un largo viaje, la emoción desnuda que no requiere himnos ni telas que ocupen el paisaje.

En la era de internet y la globalidad, Baroja ya advertía: “¿cómo se puede ser nacionalista en un lugar que un aeroplano cruza en cinco minutos?”. El verdadero patriotismo es un tejido invisible de afectos, cultura y memoria. No necesita exhibición, sino continuidad. No es una bandera que golpea el aire para marcar territorio, sino algo que se lleva sin necesidad de mostrarse porque esta ciudad necesita más de quienes callan, crean y sienten, y menos de quienes creen que subir una bandera a 25 metros de altura es lo mismo que sostener un país.

Kiko Jiménez anuncia acciones judiciales contra Gloria Camila por denuncia falsa

Tania Artajo
@opinionalmeria

Kiko Jiménez ha roto su silencio y ha anunciado que emprenderá acciones legales contra su expareja, Gloria Camila Ortega, por presunta denuncia falsa. La hija de Rocío Jurado y José Ortega Cano interpuso en junio de 2024 una denuncia contra el colaborador televisivo por acoso y maltrato psicológico, cinco años después de que su relación terminara en 2019.

Según el propio Kiko Jiménez, la justicia ha resuelto el caso a su favor con un auto que desestima la acusación de Gloria Camila. A través de un comunicado publicado en sus redes sociales, el de Linares ha expresado su intención de demandar a su exnovia para “restituir todo el daño causado”.

Kiko Jiménez, en Telecinco / Mediaset

El comunicado completo de Kiko Jiménez

"Ha llegado el momento de hablar por la verdad, por la dignidad y por algo que está por encima de cualquier guerra personal: la justicia. Durante más de dos años he vivido bajo una sombra que nunca debió existir. He sido señalado, juzgado socialmente y puesto en el punto de mira por una denuncia que decidió ponerme, cinco años después de terminar nuestra relación, Gloria Camila Ortega (hija de Rocío Jurado y Ortega Cano), una acusación que hoy la propia justicia ha dejado claro que no se sostenía por ningún lado, dictando un auto demoledor en su contra.

Dos años en los que mi nombre, mi familia y mi trabajo han estado en entredicho. Dos años en los que se ha jugado con algo extremamente serio: el maltrato. Y aquí es donde quiero ser muy claro. El maltrato no es un arma. No es una estrategia. No es una herramienta para hacer daño a alguien con quien compartiste una relación. El maltrato es una realidad durísima que sufren miles de mujeres, y merece todo el respeto, toda la protección y todos los recursos posibles. Precisamente por eso, utilizar ese sistema para intereses personales, no solo perjudica a la persona acusada injustamente, sino que también debilita la credibilidad de quienes de verdad necesitan ayuda.

Se ha intentado destruir mi imagen, apartarme de mi trabajo y hacer daño a mi entorno. Mi familia ha sufrido lo indecible. Hemos pasado momentos que nadie debería vivir por algo que nunca ocurrió. Incluso hemos tenido que despedir a mi abuelo en medio de todo esto, sin poder cerrar esa etapa como merecía. Todo esto deja huella. Pero también te enseña quién eres y de qué estás hecho.

Hoy, con una resolución judicial que respalda todo lo que he defendido, doy un paso al frente. No desde el rencor, sino desde la firmeza. Porque defender el honor no es opcional. Porque la verdad no se negocia. Y porque quien acusa falsamente debe asumir las consecuencias de sus actos.

Vamos a emprender las acciones legales necesarias para restituir todo el daño causado. No por venganza, sino por justicia. Y también por responsabilidad: para que nadie más tenga que pasar por algo así.

A quienes han alimentado esta situación con acusaciones graves sin fundamento, aún están a tiempo de rectificar. Pedir perdón no es debilidad, es valentía.

Quiero agradecer a quienes han estado a mi lado cuando más difícil era todo. A mi abogado Jaime Caballero por su excelente trabajo y por defenderme con convicción desde el primer momento. A mi pareja, por no dudar nunca de mí, por sostenerme y por demostrar que la verdad siempre encuentra su camino. Y a mi familia, por resistir conmigo.

Hoy no termina todo. Hoy empieza la reconstrucción. Pero lo hago con la cabeza alta, con la conciencia tranquila y con algo que nadie me ha podido quitar: la verdad".

Gloria Camila y Kiko Jiménez mantuvieron una relación sentimental entre 2015 y 2019. Tras su ruptura, ambos han protagonizado varios cruces de declaraciones públicas. En junio de 2024, la joven interpuso una denuncia por supuesto maltrato psicológico, que ha sido ahora desestimada por los tribunales, según el comunicado del colaborador.

Kiko Jiménez subraya en su mensaje que este tipo de acusaciones no solo afectan a la persona señalada, sino que debilitan la lucha real contra la violencia de género.

El artículo ha generado gran repercusión en redes sociales, donde usuarios y medios de corazón siguen de cerca la evolución del caso.

Remendar Andalucía

Ignacio Ortega
@opinionalmeria

Hay mujeres cuya biografía no cabe en una cronología, porque su pulso no lo marcan los calendarios sino las causas. Pero también hay mujeres que se entienden mejor en lo concreto: en una reunión a las ocho de la mañana para desbloquear una lista de espera, en una llamada incómoda para corregir un error de gestión, en una decisión que no gusta pero evita un problema mayor. La candidata del PSOE a la Junta de Andalucía pertenece a esa estirpe menos épica de lo que parece: la de quienes convierten la gestión diaria en una forma de estar en el mundo, sin necesidad de convertirla en relato.

Hace tiempo que intento encontrar el momento exacto que explique su manera de habitar el poder. Y no lo encuentro porque no hay escena única, sino repetición: horas de despacho, negociación presupuestaria, conflictos que no se resuelven en titulares. Está presente en lo pequeño. En lo que no inaugura nada, pero sostiene casi todo. No el compromiso declamado, sino el que permanece cuando todos se han ido; el que toma decisiones difíciles sin aplauso, y a veces incluso sin reconocimiento interno dentro de su propio espacio político.

Si hubiera que elegir una imagen, no sería la del discurso, sino la de la costura. Porque hay una política que corta y otra que cose. Coser es más lento, menos visible y exige asumir que el hilo no siempre es limpio y que la tela llega ya rasgada. En ese trabajo .discreto, insistente. se juega gran parte de lo público. Y ahí es donde ella parece moverse con más naturalidad que en el foco, aunque no siempre desde la comodidad, sino desde la exigencia permanente de lo imperfecto.

Un día, aquí, en Almería, me acerqué a ella como quien encuadra un plano cinematográfico -con paciencia, dejando que la luz encuentre su sitio-. Escuchaba a vecinos hablar de sanidad y educación pública, de listas de espera y falta de recursos. No era un acto cómodo. No había épica en esa escena, sino una conversación atravesada por el malestar. Exponía su forma de entender el poder sin solemnidad, pero sin ceder espacio. No pedía permiso. No gestionaba directamente esas competencias, pero tampoco las esquivaba. Escuchaba, respondía y, en algún momento, desplazaba el foco hacia el modelo de lo público que defendía. Y en esos gestos -más que en cualquier consigna-  aparecía algo reconocible: la política como un ejercicio imperfecto, pero sostenido, y sometido siempre a la prueba del terreno.

Pero, atravesándolo todo, latía su idea de lo público. No como consigna, sino como una ética aplicada que entiende que gobernar es, ante todo, proteger el suelo que pisamos. Frente a una idea de sociedad fragmentada, donde cada cual sobrevive en su propia balsa y el progreso se mide en éxitos individuales, aquí aparece otra lógica: la de lo común como sostén. No como una abstracción idealizada, sino como una decisión política concreta que se traduce en presupuesto, prioridades y límites.

En esa lógica, lo público no es un concepto: es una tensión constante. La sanidad tensionada, la educación que necesita refuerzo, los servicios públicos que nunca están terminados, la vivienda que no crece… No hay gesto heroico en eso. Hay insistencia. Y también desgaste, y una forma de política que rara vez ofrece gratificación inmediata.

La costura vuelve aquí. Porque proteger lo común no es construir desde cero, sino remendar lo que se desgasta. Pero también implica aceptar que no todo puede ser remendado a la misma velocidad ni con la misma facilidad. El tejido social no responde siempre al deseo político.

En su mirada había algo de los patios andaluces: ese equilibrio entre lo íntimo y lo colectivo, entre la sombra que protege y la luz que convoca. Pero también cierta fatiga, la de quien sabe que gobernar no es prometer, sino administrar límites, y convivir con lo incompleto como parte estructural del oficio.

En la confluencia de esas tres dimensiones  -la mujer, la feminista, la socialista- confluye también Andalucía: una tierra que sabe de resistencias largas y de esperanzas obstinadas, que aún sigue buscándose a sí misma en un tiempo de individualismo, privatización y ruido. Como si le faltara algo que no se nombra, pero se siente: un acuerdo mínimo sobre qué merece ser sostenido colectivamente.

No la nostalgia que invoca un pasado, sino la política que actúa en presente. En esa síntesis puede que Andalucía encuentre un hilo para reconocerse de nuevo: el latido que la reconcilie con lo que es y con lo que aún está por ser, a través del trabajo -tangible y diario- de mujeres como ella. Porque al final, más que la política  de “ni una mala palabra, ni una buena acción” que tan bien le encaja al actual presidente de la Junta, lo que sostiene un territorio es aquello que alguien decide no dejar caer como se ha dejado caer la sanidad, la educación y la vivienda pública.