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Juan Antonio García Pérez expone en Cabo de Gata "El vertedero de los sueños"

Rubén
García Felices 

Se ha inaugurado la exposición fotográfica “El vertedero de los sueños”, del artista roquetero Juan Antonio García Pérez, en el Espacio expositivo del Consultorio de Salud Cabo de Gata de Almería. Dicha muestra reúne una selección de catorce piezas en tamaño 30 x 42 cm y estará disponible hasta el 31 de marzo. La exposición, que aglutina una serie de fotografías tomadas por el autor a lo largo de varias semanas en los vertederos de basura que hay improvisados en las afueras de Bagan (Budapest), busca visibilizar una de las caras más crudas de la injusticia y el abandono: el trabajo infantil de la etnia rohingya en Myanmar.

El autor, ante algunas de sus obras / Loa

Sobre el contexto

Los rohingya son una minoría étnica musulmana que ha sido sistemáticamente perseguida en Myanmar. Aunque muchos han huido a países vecinos, miles de ellos —especialmente en zonas como Bagan— siguen atrapados, sin derechos, sin ciudadanía, sin voz. Entre ellos, los más vulnerables: los niños. 

Condenados al trabajo desde edades muy tempranas, estos pequeños pasan sus días recolectando basura, expuestos a enfermedades, explotación y peligro, en vertederos improvisados que se han convertido en su lugar de trabajo y, en muchos casos, su hogar. 

Una muestra que invita a actuar y reflexionar 

Las fotografías de “El vertedero de los sueños” no son imágenes buscadas por su impacto visual, sino por su honestidad y humanidad; las mismas retratan dignamente una realidad que muchas veces preferimos no ver. Detrás de cada niño inmortalizado hay un nombre y una historia que no debemos olvidar. Juan Antonio García no quiere que el espectador vea a “niños trabajadores”, sino a personas con nombres propios. Zahara, Amín, Karim y Nurul son sólo algunos de estos menores de edad que cargan bolsas de basura que suelen ser de un tamaño más grande que ellos. “Sus sueños no deberían ser basura”, dice el fotógrafo. 

Juan Antonio no desea para nada romantizar el sufrimiento, ni tampoco generar lástima, con su trabajo tan sólo busca despertar conciencia, interpelar, generar preguntas incómodas. ¿Dónde están los derechos de estos niños? ¿Qué rol jugamos nosotros como observadores? ¿Qué podemos hacer?

Por todo ello, el autor les invita a recorrer esta muestra fotográfica no solo con los ojos, sino con el corazón abierto. Esperando que estas imágenes sirvan como una llamada a la acción para combatir la esclavitud infantil, una invitación a reflexionar sobre nuestro papel en la construcción de un mundo más justo para estos niños y niñas asiáticas que viven y maltrabajan diariamente en la República de la Unión de Myanmar. 

El autor

Juan Antonio García Pérez (Almería, 1971) comenzó su formación fotográfica en el Taller Municipal de Fotografía del Ayuntamiento de Roquetas de Mar, para después continuar con su aprendizaje en los cursos de fotografía de la escuela EFTI de Madrid. Ha realizado varias exposiciones individuales, además de haber participado en una de las ediciones del Festival Internacional de Fotografía Emergente Pa-Ta-Ta de Granada. Es ganador de varios premios en el concurso fotográfico “Andalucía en cliché” del Ayuntamiento de Roquetas de Mar, incluidos el primer premio en 2019 y el segundo premio en 2017 y 2018. Además, en 2017 obtuvo el segundo premio en el concurso nacional “Mujeres africanas en España”, de la Fundación Mujeres por África. 

Con esta muestra, el Espacio expositivo del Consultorio de Salud Cabo de Gata consolida su papel como nuevo espacio de referencia en nuestra ciudad para el arte y la fotografía contemporánea ꟷcon una programación de exposiciones temporales que cambian mensualmenteꟷ, sumándose a espacios ya consolidados como el Museo de Arte de Almería o el Centro Andaluz de la Fotografía.

Certezas rotas

Ignacio
Ortega 

Vengo de medio siglo en un país donde la corrección política y judicial empezaba a sostener la vida pública tras cuarenta años de ignominia. Paso de ese recuerdo a otro país marcado por un clima emocional continuo, donde la política impregna cada rincón y a menudo se fija más en el conflicto que en la vida real. Esa tensión acaba salpicando nuestras vidas.

Vivo en un país donde la mentira se ha instalado en las instituciones y en los poderes del Estado, materializándose en decisiones que socavan la credibilidad. Urge abrir puertas y ventanas para que circule el aire puro, porque esta anomalía política parece contaminar la última certeza de los ciudadanos: la justicia.

Hay casos recientes que muestran esta fiebre institucional: Leire Díez, que pide nulidad de grabaciones por presunta vulneración de derechos fundamentales; la sentencia del Fiscal General del Estado, criticada por presunta politización en un tribunal históricamente volcado al consenso; ni siquiera el “proyecto Wine”, donde la Audiencia Nacional descartó cohecho pese al uso de un alto cargo policial. Ninguno de ellos aporta el bálsamo que esta herida institucional exige; antes bien, ejemplifican resoluciones desconectadas de la convivencia que siembran desconfianza.

Hay decisiones judiciales que revelan con precisión el rumbo del país en los próximos años, porque cuando la justicia comete errores, el ciudadano se pregunta qué precio debe pagar por esos fallos y cuál es su impacto real para la convivencia social.

Otros fallos llegan marcados más por la presión del momento que por la solidez jurídica, y esa distorsión alimenta expectativas irreales a actores oportunistas, haciendo creer que se solucionan problemas cuando, en realidad, solo se agravan.

Hay sentencias que dejan memoria, porque polarizan, abren heridas y provocan escándalo. Cuando se dictan bajo el impulso mediático, pierden la fuerza de la razón en favor del impacto emocional. Lo más grave es que el sistema, roto y deslegitimado, parece exigir a los ciudadanos una rectitud moral que trasciende lo razonable para siquiera tener derecho a reclamar sus derechos, creando una farsa que exige conformidad con el mismo entramado que nos falla.

La gran pregunta es si este envoltorio institucional, que nos asfixia, tiene la capacidad de ventilarse con el aire puro de la calle, porque el ciudadano empieza a sentirse obligado a demostrar una rectitud ética imposible para tener derecho a tener derechos, una exigencia que distorsiona y despoja de sentido lo que deberían ser derechos universales.

Las portadas de los tres periódicos de Almería

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Cada mañana se pueden adquirir tres periódicos de papel que tratan sobre los temas de Almería y su provincia. El decano es   La Voz de Almería , que es también el que tiene mayor difusión. El segundo por el número de lectores es   Ideal,  el periódico con sede en Granada, que tiene una edición especial para Almería. El tercero en difusión es el más joven -que recuperó el nombre de una cabecera histórica-,   Diario de Almería , que pertenece al Grupo Joly, propietario de cabeceras en casi todas las provincias andaluza:




Canal Sur dedica un estudio a Joaquín Amérigo

Antonio Torres
Periodista

Desde mañana, un estudio de Canal Sur Radio en Almería llevará el nombre de Joaquín Amérigo Segura, uno de los periodistas más añorados. El afecto desde todos los ámbitos de la sociedad quedó demostrado tras su fallecimiento en octubre pasado. Nos dejó una semana antes de cumplir los 62 años. Empezó a trabajar en Canal Sur Radio en 1989. Siempre recordó que su debut profesional con esta casa lo hizo en Churriana de la Vega, junto a Ángel Acién, en los tiempos iniciales de la emisora, dirigida entonces por Manuel Arroyo. Ambos hicieron Andalucía. Pasaron por narrar desde campos de tierra, cohesionar pueblos y hacer Andalucía frente a campañas que promovían el enfrentamiento entre pueblos o estar presente en el acontecimiento más importante de la historia deportivo como la edición de los Juegos Mediterráneos Almería 2005 donde Canal Sur fue la emisora oficial. Joaquín Amérigo Segura vivió la transformación de la cadena de analógica a digital y con su presencia en todos los ascensos del Almería a lo largo de tres décadas al frente de La Jugada en Almería. A lo largo de todo este tiempo, compartió el trabajo en Canal Sur Televisión hasta 2019 con oficio y responsabilidad como exigen los nuevos tiempos. Cariño y afecto en el que antiguos trabajadores, colegas de otros medios, miles de oyentes y los nuevos profesionales han sabido reconocer su trayectoria desde los directivos y deportistas de Pulpí, Huércal Overa, El Ejido y Adra hasta Ayamonte. Un andaluz convencido ahora que acabamos de festejar el Día de Andalucía. Era de convicciones fuertes. Su sentido del humor, sus broncas, sus criterios sobre la amistad, anti estrella para lo bueno y lo malo, la cultura de la sociedad, o los momentos en los que iba a su bola.

Joaquín Amérigo / A. Torres

Amérigo es una figura de calado y huella, forjado con alma y carácter innato para el periodismo. Siempre quedará como pionero e inconfundible, la voz del deporte en el ente autonómico para nuestra provincia, y bien merecido como señala el analista deportivo y documentalista de Canal Sur Radio y Televisión Ángel Miguel Roldán Molina, una de las personas que mejor lo conocía. “En esos estudios que ahora llevan su nombre narró su último partido en directo, con su inconfundible voz grave, que siguen recordándonos los oyentes, su último gol, el de Bonini ante el Deportivo de la Coruña, acompañado por Antonio Torres y por mí en los comentarios, y Dani Senín en la realización. También le acompañamos en el último programa radiofónico, con Pepe Camacho al control, escasas seis horas antes de su repentina muerte. Su legado es inigualable por saber hacer y corazón profesional, sin medias tintas y de frente, sin esconderse”, rememoró Roldán. 

El gesto con la memoria de Joaquín, tal como ocurrió con otra profesional de la casa como la añorada, responsable, honesta y profesional excepcional como la almeriense Lola Herrera García, realizadora, operadora montadora de video. Desde el 1 de julio de 2021, la sala de edición 1 de Canal Sur Televisión lleva el nombre de Lola Herrera García en homenaje a la grandísima persona, fallecida en mayo de ese año. Se colocó una placa en reconocimiento, en un acto emotivo a sus más de tres décadas de profesionalidad, incorporada desde los inicios de la cadena andaluza en 1989 y que pidió el traslado a Almería en 1992. “Abnegada y trabajadora y buena compañera con todo el mundo”, la define Ángel Roldán Molina, documentalista, otro todo terreno y firma veraz en los diferentes programas. La cadena autonómica ha padecido desde sus inicios la desaparición de distintos compañeros/as. Rescatamos algunos ejemplos más que también nos partieron el alma. Ahí tenemos el caso del primer palo que recibimos con el fallecimiento de Mariuca, María Dolores Domínguez, en 1995, magnifica montadora de video, cuando Canal Sur estaba en la sede de Oliveros en la calle Maestro Serrano. Desde Sevilla, Lola Fernández fue el primer fallecimiento de la cadena, una voz radiofónica y grande en lo humano.

La vida continúa y de ello es consciente el nuevo redactor de deportes, Ignacio Cáceres Dastis, periodista multimedia, que poco a poco se va consolidando en la parcela deportiva. Desde arriba, Joaquín estará contemplando la repercusión de Cristiano Ronaldo al entrar en el accionariado de la UD Almería. La sociedad hiperconectada, el mundo entero y los grandes medios de comunicación han recogido el nombre de Ronaldo y de su empresa CR7 Sports Investments con la compra del 25 por ciento de las acciones, dentro de la expansión internacional del club almeriense que asegura el presidente Mohamed Alkhereiji, según la noticia que adelantó el olfato de Tony Fernández y la confirmación para La Voz de Almería de Carlos Miralles. Un día, Joaquín Amérigo y quien firma este artículo, compramos acciones y fuimos de los pocos que nos negamos a vender nuestra humilde participación al anterior propietario Turki Al-Sheikh. Amérigo, como ya hicimos con anteriores propietarios, tenía la misión de ayudar a crecer el fútbol de Almería, sin especulaciones ni intenciones de integrarnos en grupos de presión. Con humor, me diría que al entrar Cristiano Ronaldo en nuestro club la revalorización económica de nuestras mdestas acciones y la imagen de Almería será mejor que una campaña de turismo internacional. También advirtió a Roldán, Carlos Miralles y a mi ahora desde el cielo o dónde quiera que esté que fuéramos críticos y denunciáramos si la singularidad y la marca Almería se desviara por algún “extraño camino especulativo desde El Toyo”. El periodista de Sorbas huyó siempre de los aíres de grandeza. 

In memoriam: Francisco Ortega Rayo, guardián de la memoria republicana

Antonio Torres
Periodista

La memoria y guardián de preservar la dignidad y memoria republicana, Francisco Ortega Rayo, de 90 años, conocido popularmente por Paco Ortega, fue enterrado en el cementerio de Almería en la tarde del sábado. Su hija, explicó que su padre fue ante todo un defensor de la libertad ante el sistema represivo. Ortega Rayo, tras el fusilamiento de su padre, alcalde de Gádor, se fue a trabajar al Pirineo para trabajar en la canalización de agua y después pasó a Francia donde le ofrecieron mejores condiciones laborales donde estuvo hasta su jubilación. “Regresó y empezó a su lucha por la exhumación de su padre, logrando del Ayuntamiento de Almería la cesión de un espacio para poner un monumento a los fusilados almerienses”, informó ayer el investigador Rodríguez Padilla,

Mónica Fernández, Rafael Quirosa, Francisco Ortega, Eusebio Rodríguez y María José Salmerón / A. Torres

Fundó Memoria y Libertad en 2002 para homenajear de forma constante cada mes de abril a los republicanos perseguidos y fusilados en Almería. Cada víspera del 14 de abril del último cuarto de siglo recibía en Canal Sur la visita de Paco Ortega con un comunicado en mano en el que mencionaba concentraciones en la puerta del cementerio de la capital o en la entrada de la antigua cárcel del El Ingenio donde hubo represión y encarcelamientos sin garantías jurídicas. El Ingenio, situada entre Los Molinos y El Puche, se convirtió en prisión durante la dictadura franquista y albergó a más de 7.000 ciudadanos, procesados como presos políticos, sin garantías. Otros desaparecidos sin saber todavía sus herederos donde están sus restos humanos.

Paco Ortega es hijo del que fue alcalde republicano de Gádor Torcuato Ortega Martínez, conocido popularmente por Candiles, ferroviario, afiliado a UGT desde 1932, fusilado el 28 de enero de 1943 en Almería. Durante la guerra civil fue miembro del Comité Revolucionario, vicepresidente del Consejo Municipal y delegado de Abastos desde marzo de 1937 y alcalde desde enero a julio de 1938. Finalizada la guerra fue detenido en Alicante siendo internado en el campo de concentración de Albatera. En 1940 tenía 35 años. En Consejo de Guerra celebrado el 19 de noviembre de 1942 fue condenado a muerte siendo ejecutado en Almería”, nos recuerda el prolífico investigador Eusebio Rodríguez Padilla en una de sus decenas de trabajos Alcaldes y concejales republicanos del Bajo Andarax.

Las asociaciones almerienses que han trabajado en los último años, junto a la de Memoria y Libertad con sede en Huércal de Almería, fueron: Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ROCAMAR), presidida por Eduardo Crespo Fuentes, en Roquetas de Mar; Almerienses por la República, con Rafael Cid Ruiz a la cabeza; Justicia y República, dirigida por Francisco Oliva, de Abla; ADELFA, presidida por Isidro Navarro y Almería y su pasado reciente, representada por Eusebio Rodríguez y Juan Hidalgo, según el trabajo Geografía de la represión franquista en Almería de Sofía Rodríguez López y de Maribel Ruiz García de la Universidad de Almería. La escritora Lola Salmerón lamentó la pérdida de un valedor de la Memoria Histórica: “Ya es horrible que maten a tu padre y más triste no saber dónde están sus restos”.