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Otra vez el agua

Ignacio Ortega
@opinionalmeria

Feijóo llegó a Almería como llegan los discursos cuando todavía no se sabe si pueden cumplirse: con la luz seca del fin de una campaña electoral y una promesa en la garganta. En el mitin de cierre de campaña en La Rambla habló de un “plan nacional hídrico”, y durante unos segundos la palabra agua sonó como algo antiguo, casi olvidado, como si hubiera sido enterrada bajo años de sequía política. Aquí, tarde o temprano, todos los políticos acaban pronunciando la misma palabra, incluso quienes todavía no saben qué hacer con ella.

En la plaza, la gente escuchaba como se escucha el viento cuando levanta polvo sin dirección. El nombre de Aznar apareció en la memoria de algunos sin ser nombrado del todo, como esas cosas que se reconocen antes de entenderlas. Y sin embargo, nadie parecía del todo seguro de si lo que se decía era anuncio, promesa o eco.

Porque las palabras en campaña tienen una forma extraña de existir: duran lo que dura aquí el poniente o el levante. Después se disuelven, o se desvían hacia territorios donde ya nadie puede sentirlos. El agua, en cambio, no tiene esa paciencia. En Almería se aprende pronto que todo lo que falta acaba convirtiéndose en política, hasta la geografía.

Hubo un tiempo en que los grandes planes llevaban nombres largos, casi solemnes. Después dejaron de pronunciarse. Y lo que antes era proyecto pasó a ser sospecha, como si cualquier intento de ordenar el agua fuera una forma de intervenir en algo sagrado o prohibido.

Desde entonces, cada vez que alguien dice en Almería “plan nacional”, la frase suena menos a programa y más a recuerdo. Como si perteneciera a un idioma que se hubiera ido perdiendo por falta de uso.

Mientras, en la ciudad, entre carteles y megafonía, la campaña cerraba con normalidad. Pero bajo esa normalidad había otra capa más antigua: la de una tierra que lleva siglos discutiendo con su propia sed, y mientras las palabras vuelven con las mismas promesas, el agua nos recuerda que nunca ha sido del todo nuestra. Cuando Feijóo terminó salí con la extraña sensación de que hay palabras que vuelven una y otra vez porque nunca terminan de resolverse.

Al final, mientras los altavoces apagaban su música y las últimas banderas abandonaban la Rambla, pensé que tal vez nadie le había advertido antes a Feijóo, ni siquiera su telonero don Ramón Fernández-Pacheco, que aquí el agua no es ni un recurso ni una promesa, sino una forma de conflicto, memoria y herida. Y este es un territorio donde la política no empieza en las ideologías, sino en la sed.

Las portadas de los tres periódicos de Almería

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Cada mañana se pueden adquirir tres periódicos de papel que tratan sobre los temas de Almería y su provincia. El decano es  La Voz de Almería , que es también el que tiene mayor difusión. El segundo por el número de lectores es  Ideal,  el periódico con sede en Granada, que tiene una edición especial para Almería. El tercero en difusión es el más joven -que recuperó el nombre de una cabecera histórica-, Diario de Almería, que pertenece al Grupo Joly, propietario de cabeceras en casi todas las provincias andaluzas:




Alejandra Rubio se hace escritora

Emilio Ruiz
@opinionalmeria

Vaya por delante una afirmación: No he comprado ni he leído ni voy a comprar ni voy a leer el libro de Alejandra Rubio. Pero eso no obsta para que piense como pienso. En un mundo en el que cualquiera puede publicar un libro con solo pulsar un botón, sigue sorprendiéndonos que, cuando lo hace una persona conocida, se levante tal polvareda. Alejandra Rubio, colaboradora televisiva y miembro de una de las sagas familiares más mediáticas de nuestro país, acaba de publicar su primera novela, Si decido arriesgarme. Y, como era previsible, las críticas no se han hecho esperar.

Alejandra Rubio habla sobre su libro en Telecinco / Mediaset

Pero conviene poner las cosas en su sitio. Nadie necesita un carné de “escritor reputado” para sentarse delante de un ordenador y contar una historia. La literatura no es un club privado con porteros que examinan credenciales. Es un territorio libre donde cualquiera que tenga algo que decir -o simplemente ganas de intentarlo- tiene derecho a hacerlo. Que luego el resultado sea bueno, regular o mejorable es otra cuestión, pero esa valoración corresponde, en primer lugar, a los lectores que decidan gastar su dinero y su tiempo en el libro.

Y aquí está la clave: el mercado es el que debe juzgar. El comprador es soberano. Si el libro le gusta, lo recomendará. Si no, lo dejará en la estantería o lo regalará. Nadie obliga a nadie a leerlo. La libertad de escribir y la libertad de comprar (o no comprar) son las dos caras de la misma moneda.

Alejandra Rubio no es la primera ni será la última persona que, viniendo de otro ámbito profesional, se atreve a publicar. La historia de la literatura está llena de debutantes inesperados que sorprendieron gratamente. Autores que no tenían trayectoria previa en el mundo de las letras y que entregaron obras dignas de ser leídas. También hay casos contrarios, por supuesto, pero eso forma parte del riesgo natural de cualquier creación.

Criticar a priori la capacidad de alguien por su procedencia televisiva o por su apellido es, cuanto menos, un prejuicio. ¿Acaso un médico no puede escribir una buena novela negra? ¿Un ingeniero no puede crear un thriller tecnológico creíble? ¿Una persona conocida por su imagen pública no puede tener una sensibilidad literaria? Reducir el valor de una obra a la biografía de su autor es un atajo cómodo que evita el esfuerzo real: abrir el libro y leerlo.

En España, además, tenemos una larga tradición de “famosos” que se lanzan a la escritura. Algunos con más fortuna que otros. Pero en todos los casos el veredicto final lo han dado los lectores, no los guardianes autoproclamados del buen gusto literario. Y así debe seguir siendo.

Alejandra Rubio ha cumplido un sueño. Ha escrito durante años, con parones y dificultades, una novela que ahora ve la luz. Merece, como cualquier otro autor novel, el respeto mínimo de ser juzgada por su trabajo y no por su currículum mediático. Quien tenga curiosidad, que lo compre. Quien no, que pase de largo. Pero que nadie pretenda erigirse en censor previo de lo que otros pueden o no pueden escribir.

Porque la literatura, en el fondo, se alimenta de valentía. De esas personas que, aunque no tengan un Nobel en el horizonte, se atreven a contar historias. Y de lectores libres que deciden, con su cartera y su criterio, qué historias merecen la pena. Bienvenida al mundo de las letras, Alejandra. Ahora, que hablen los libros… y los lectores.

Almería acoge una deslumbrante 'Bohème' desde la Arena di Verona

Juan Folío
@opinionalmeria

Después de una ausencia de 13 años, la ópera La Bohème regresó al emblemático anfiteatro romano al aire libre de la Arena di Verona con una nueva puesta en escena dirigida por Alfonso Signorini. El jueves, 21 de mayo, se podrá disfrutar en Almería, en la sala Kinepolis Almería Mediterráneo. También se emitirá en una selección de 53 salas de 50 localidades de España. 

Signorini traslada el universo bohemio del París del siglo XIX a una dimensión de gran formato, combinando una estética fiel a la tradición con un tratamiento dinámico y contemporáneo de los personajes. Una propuesta para la obra de Giacomo Puccini  que se beneficia de la filmación multicámara y ofrece multitud de detalles al espectador. 

La escenografía, diseñada por Guillermo Nova, utiliza materiales transparentes que permiten observar simultáneamente diversas escenas, enriqueciendo la narrativa y aportando una dimensión adicional al drama. 

La historia de amor entre Mimì y Rodolfo se despliega con una intensidad íntima que contrasta eficazmente con la espectacularidad del conjunto. La producción, pensada para su exhibición en pantalla grande, ofrece una lectura profundamente emocional y visualmente envolvente de la obra maestra de Giacomo Puccini, concebida para impactar tanto al público habitual como a nuevos espectadores. 

Espectacular riqueza visual e innovación escénica 

Destaca especialmente su riqueza visual: escenografías detalladas, vestuario cuidado y una puesta en escena que potencia el movimiento coral y los grandes cuadros colectivos, especialmente en el segundo acto. 

La crítica destacó la combinación de una dirección escénica innovadora con interpretaciones vocales de alto nivel. La producción cuenta con la participación estelar de figuras destacadas del repertorio pucciniano: Juliana Grigoryan (Mimì), Vittorio Grigòlo (Rodolfo), Luca Micheletti (Marcello) y Eleonora Bellocci (Musetta). La dirección musical de Oren fue particularmente alabada por su capacidad para realzar la narrativa y la emoción inherente a la obra. 

Esta Bohème ofrece 123 minutos accesibles, emocionantes y de alto impacto sensorial, ideal para su disfrute en cines. Cantada en italiano, con subtítulos en castellano, en formato Event Cinema llevando los detalles de la puesta en escena hasta los espectadores. Forma parte de una serie de títulos de óperas grabadas en los teatros europeos más prestigiosos, seleccionados por la distribuidora Versión Digital para su programación en cines en España.  Los próximos títulos de la temporada son: el 4 de junio, Madama Butterfly desde el Macerata Opera Festival, y el 18 de junio, Rigoletto desde St. Margarethen Open Air. 

Sinopsis

París, siglo XIX. Entre la precariedad y los sueños, un grupo de jóvenes bohemios vive al límite, siendo testigo del amor que surge, como una llamarada entre Rodolfo y Mimì… Pero, lo que comenzó como un destello de felicidad, se convierte en una despedida inevitable. 

Ficha técnica

Título: La Bohème (Giacomo Puccini)

Producción: Arena di Verona

Duración: 123 minutos

Idioma: Italiano (subtítulos en castellano)

Año de grabación: 2024

Dirección de escena: Alfonso Signorini

Escenografía: Juan Guillermo Nova

Vestuario: Silvia Bonetti

Dirección musical: Daniel Oren

Orquesta, coro y ballet: Fondazione Arena di Verona

Distribuidora cines en España: Versión Digital. 

Reparto

Juliana Grigoryan (Mimì)

Vittorio Grigòlo (Rodolfo)

Luca Micheletti (Marcello)

Eleonora Bellocci (Musetta)

Jan Antem (Schaunard)

Alexander Vinogradov (Colline)

Nicolò Ceriani (Benoît)

Salvatore Salvaggio (Alcindoro)

Moreno, el funambulista andaluz

Ignacio Ortega
@opinionalmeria

En el tablero de la política, las palabras son herramientas que esculpen la realidad y, a menudo, trampas que la condicionan. Arraigo, normalización y prioridad son las tres palabras que le marcan el pulso a Juanma Moreno en esta batalla electoral. La cuestión no es si están en juego, sino cuál de ellas terminará por habitar su perfil.

Moreno ha hecho de la moderación su método y de la “normalización” su gran activo: el fin de la hegemonía socialista como un trámite administrativo, un cambio sin estridencias que se mimetiza con la continuidad. Pero la política no es estática y el terreno se estrecha. Entre la presión de Vox y el endurecimiento de su propio partido, la moderación ha dejado de ser un refugio para convertirse en una elección incómoda.

El arraigo es su zona de confort, pero la mística del “milagro andaluz” empieza a agrietarse bajo el peso de lo cotidiano. El equilibrio se vuelve más frágil cuando la red —la sanidad y la educación pública— muestra jirones evidentes. No son solo cifras: son las listas de espera que ya no se miden en días, sino en angustia, o el malestar en las aulas que la propaganda institucional no logra silenciar.

Y luego está la “prioridad nacional”, asociada al discurso de Vox. Un concepto más duro y jerárquico, que introduce exclusión. No es nuevo ni exclusivo de España: remite a la “préférence nationale” que Jean-Marie Le Pen impulsó en Francia hace más de veinte años.

Ahí reside el dilema real: no es una cuestión de palabras, sino de rumbo. Cada concepto implica una forma de gobernar. El “arraigo” construye, la “normalización” estabiliza, pero la “prioridad” confronta. Moreno intenta mantener esa estabilidad como cimiento, el arraigo como bandera y la prioridad nacional como un guiño en la penumbra. A veces parece gobernar como quien cruza una plaza llena de charcos: mirando más al siguiente paso que al horizonte. Actúa como un funambulista del poder: más que resolver tensiones, busca administrarlas sin romper del todo el equilibrio.

El 17 de mayo aún no ha llegado, pero, si gana, Moreno seguirá instalado en ese equilibrio donde aún es posible contentar a todos sin terminar de definirse. El riesgo de pasar tanto tiempo mirando al cable para no caerse es que, al llegar al otro extremo, descubra que no ha llegado a ninguna parte. Entonces, tarde o temprano, los ciudadanos preguntarán hacia dónde se dirigía el cable que estaba cruzando. Y lo peor es que estamos avisados.