Las portadas de los tres periódicos de Almería
Cuando Gloria Camila no tenía el sentimiento de que le faltaba una madre
La influencer Gloria Camila Ortega ha compartido públicamente,
a través de la revista Semana, una emotiva carta dirigida a su madre, Rocío
Jurado, con motivo del vigésimo aniversario de su fallecimiento. El 1 de junio
de 2006, ‘La más grande’ nos dejó tras una dura batalla contra el cáncer de
páncreas, dejando huérfanos a sus hijos y un vacío inmenso en el mundo de la
copla y la canción española.
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| Gloria Camila Ortega, en Telecinco |
Según Gloria Camila, cada año escribe una carta a su madre en estas fechas. Hasta ahora, estas misivas habían permanecido en la intimidad familiar. Esta vez, sin embargo, ha decidido hacerla pública, y en ella expresa el peso de haber crecido sin su figura materna: “Perderte tan pronto me obligó a crecer antes de tiempo. Me faltaste en tantas decisiones, en tantos momentos”. Son palabras cargadas de nostalgia y madurez, propias de quien ha reflexionado largo tiempo sobre esa ausencia.
Resulta comprensible y humano que el paso del tiempo, la madurez y la maternidad (o la cercanía a ella) modifiquen la percepción de una pérdida tan temprana. Gloria Camila tenía apenas diez años cuando Rocío Jurado falleció. Una edad en la que, como ella misma ha reconocido en el pasado, la conciencia de la muerte y sus consecuencias no siempre se procesa con la profundidad que llega con los años.
Sin embargo, las redes sociales no han
tardado en recordar unas declaraciones suyas de septiembre de 2019, cuando, con
veinte años, participó junto a su padre, José Ortega Cano, en el programa Mi
casa es la tuya de Bertín Osborne. En aquella entrevista, Gloria Camila habló
con una franqueza desconcertante sobre cómo vivió la pérdida de su madre. Para
evitar cualquier interpretación sesgada, conviene reproducir literalmente sus
palabras:
“Yo, con 10 años, fue cuando murió mi madre y casi no tenía
uso de razón. Iba al colegio, llegaba, jugaba y poco más. O sea, yo veía,
cuando llegaba del colegio, que a lo mejor mi madre se tenía que ir a no sé
dónde, a un evento, una gala, lo que sea. Pero no sabía más allá. Y cuando
muere, son doce años o trece cuando... Porque cuando muere, tú dices ‘se ha
muerto’, pero tampoco tienes el sentimiento de ‘me falta una madre’, me falta
algo, no sé, tampoco te pones en situación, sigues tu vida y ya está. Son 10
años, tampoco me puedes pedir más. Mi hermano, con trece años, sí”.
Aquellas palabras generaron polémica en su momento. Muchos las interpretaron como una muestra de indiferencia o frialdad emocional hacia la figura de Rocío Jurado. Otros, más comprensivos, las vieron como el testimonio sincero de una niña que, en plena inocencia infantil, no alcanzó a comprender la magnitud de lo ocurrido. La vida continuó: colegio, juegos, rutina. La ausencia se hizo presente de forma gradual, con el paso de los años.
Hoy, con treinta años, Gloria Camila proyecta una imagen distinta. La carta publicada refleja dolor, gratitud y una añoranza que parece haberse consolidado con el tiempo. Es lógico. El duelo no es lineal ni tiene un calendario fijo. Hay quien lo elabora pronto y quien necesita décadas para ponerle palabras. La madurez trae consigo la capacidad de mirar atrás y entender lo que de niña no se podía procesar.
José Ortega Cano, por su parte, ha sido siempre más explícito en su dolor. En diversas ocasiones ha hablado del vacío que dejó Rocío y de cómo intentó llenarlo como padre. Gloria Camila, en cambio, ha transitado un camino más reservado, marcado quizá por esa infancia en la que, como ella misma explicó, “seguías tu vida y ya está”.
El contraste entre la Gloria Camila de 2019 y la de 2026 no tiene por qué interpretarse necesariamente como contradicción o postureo. Puede ser, simplemente, evolución. El tiempo tiene la capacidad de remover recuerdos que en su momento quedaron adormecidos. La carta de este año quizá sea la forma que ha encontrado de reconciliarse con una ausencia que, aunque no dolió igual a los diez años, ha ido calando con mayor intensidad conforme avanzaba su propia vida.
En cualquier caso, Rocío Jurado sigue siendo un referente cultural indiscutible. Su voz, su carisma y su legado trascienden las vicisitudes familiares. Que su hija le escriba cada año, en privado o en público, habla de un vínculo que, aunque truncado prematuramente, permanece vivo. Y eso, al final, es lo que importa.
Inventario de ausencias
Impresiona
la cantidad de cosas que uno puede extraviar a lo largo de la vida; son ya
tantas que media existencia se me ha ido en buscarlas. El lunes, por ejemplo,
al recoger la ropa descubrí que me faltaba un calcetín... otra vez. A veces
pienso que mi vida se parece más a una oficina de objetos perdidos que a una
biografía. Quizá la de los calcetines sea la menos grave.
Todo
empezó a los ocho años, cuando se esfumó mi inocencia al descubrir a mi madre
colocando los regalos de Reyes a pie de cama. Aquella mañana se rompió el
misterio. Sin saberlo, acababa de inaugurar mi colección de pérdidas.
Primero
las certezas, luego las cosas de los bolsillos: las llaves que nunca recuerdo
dónde dejé, las gafas olvidadas en una bandeja del aeropuerto de Barajas y el
móvil que, tras una maniobra ridícula en el váter de un bar de carretera, salió
disparado al fondo. Con los años la oficina se hizo más grande. Ahora, por
ejemplo, pierdo fuelle en el segundo tramo de escalera que antes subía de dos
en dos. Y hasta pierdo el motivo por el que he entrado en una habitación. La
memoria, que antes trabajaba en silencio, se ha vuelto una empleada caprichosa
que solo ficha cuando quiere.
Nada
pesa, sin embargo, tanto como las ausencias. La oficina pesa de verdad cuando
lo que se pierde no está en ningún estante. He visto sillas vacías en las mesas
familiares: la de mi hermano, que ya no está, y la de Medina, un viejo amigo
con quien compartí estudios, profesión y muchas horas de vida, pero nos fuimos
alejando sin saber muy bien por qué.
No
he borrado todavía el número de Medina, aunque no lo marque, y en Nochebuena
dejo la silla de mi hermano sin arrimar del todo. Lo que no he perdido es la
costumbre de guardarles sitio, ni la absurda esperanza de que un día vuelvan a
ocuparlo.
Cuando ya no hay manera de recuperar lo importante, pienso que los grandes enigmas no están en las pirámides ni en los agujeros negros del espacio, sino en ese tambor de la lavadora donde un calcetín desaparece sin dejar acta. El del lunes todavía no ha vuelto. No porque me haga falta, sino para saber que todavía hay algo que puede volver.
In memoriam: Nonio Parejo, guionista y director de cine
Por la Academia de Cine de Andalucía conocí en la mañana de este martes el
fallecimiento del guionista y director Nonio Parejo, vinculado a Almería por
varios de sus trabajos como Releyendo La Chancha sobre el libro del mismo
título, La Chanca, que circuló clandestinamente durante el franquismo
y que sólo fue publicado, en edición de bolsillo. La producción narra un viaje
iniciático a la miseria, que arranca desde la nostalgia de los emigrantes
almerienses y los exiliados políticos españoles en la ciudad de París. Su
autor, Juan Goytisolo, describe un mundo en el que el tiempo parece
haberse detenido, y la descripción que hace de Almería se parece
mucho a la realizada por Gerald Brenan en “Al Sur de Granada”. En este
documenta, Goytisolo volvió al barrio de La Chanca en el año 2007 con
iniciativa de José García Pepillo el barbero, memoria del barrio con el poeta
José Ángel Valente, el arquitecto Ramón de Torres y el exministro José Guirao y
con los que tuve el privilegio de almorzar en el restaurante Los Sobrinos.
Goytisolo y Parejo retomaron la lectura del libro para enfrentarse a los
cambios, producidos en el barrio. El documental incluye los testimonios
directos de personajes reales, y una puesta en escena con un tratamiento de
ficción de determinadas localizaciones que hoy ya no existen, como las
viviendas en las cuevas, que han desaparecido. “Para encontrar hoy La Chanca de
antaño, hay que irse a Nador, cruzando el estrecho, donde también se
desplaza este documental. Aquella Almería era una de las provincias más
pobres de España. Esta dualidad de sentimientos, provocó en el escritor la
creación de Campos de Níjar y La Chanca, en los que Goytisolo, en lucha con la
censura franquista, mostraba una realidad radicalmente alejada de la propaganda
turística con la que el régimen de Franco intentaba camuflar la
miseria. El despegue económico ha cambiado la fisonomía del entorno.
Aunque no a cualquier precio. Ha destruido gran parte del paisaje y ha
producido un profundo desarraigo social y cultural. Tiene mucho que ver con el
estreno en Almería Iván&Hadoum ópera prima del director nijareño Ian de la
Rosa, drama romántico, amor y deseo, ambientado en los invernaderos de Níjar.
Obra reconocida en el prestigioso Teddy Award en Berlín o en el Festival de
Málaga. Me recordó que es otra forma de releer la realidad de los
invernaderos y por lo que observé en la sesión del sábado solo estábamos siete
mujeres y quien firma.
| Nonio Parejo, en Canal Sur |
Nonio Parejo comenzó su carrera profesional como fotógrafo para el colegio de Arquitectos y la revista Triunfo de la que fue corresponsal en Andalucía el maestro de periodistas Antonio Ramos Espejo. Tuve la oportunidad de colaborar con Parejo y aparecer en los documentales Releyendo Campos de Nijar y Releyendo La Chanca, emitidos por Andalucía Televisión y por Canal Sur Televisión con dirección y guion de Nonio Parejo con preestreno en el Museo Arqueológico de Almería en noviembre de 2008 y que tuve el privilegio de presentar ante más de 200 personas.













