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Inventario de ausencias

Ignacio Ortega
@opinionalmeria 

Impresiona la cantidad de cosas que uno puede extraviar a lo largo de la vida; son ya tantas que media existencia se me ha ido en buscarlas. El lunes, por ejemplo, al recoger la ropa descubrí que me faltaba un calcetín... otra vez. A veces pienso que mi vida se parece más a una oficina de objetos perdidos que a una biografía. Quizá la de los calcetines sea la menos grave.

Todo empezó a los ocho años, cuando se esfumó mi inocencia al descubrir a mi madre colocando los regalos de Reyes a pie de cama. Aquella mañana se rompió el misterio. Sin saberlo, acababa de inaugurar mi colección de pérdidas.

Primero las certezas, luego las cosas de los bolsillos: las llaves que nunca recuerdo dónde dejé, las gafas olvidadas en una bandeja del aeropuerto de Barajas y el móvil que, tras una maniobra ridícula en el váter de un bar de carretera, salió disparado al fondo. Con los años la oficina se hizo más grande. Ahora, por ejemplo, pierdo fuelle en el segundo tramo de escalera que antes subía de dos en dos. Y hasta pierdo el motivo por el que he entrado en una habitación. La memoria, que antes trabajaba en silencio, se ha vuelto una empleada caprichosa que solo ficha cuando quiere.

Nada pesa, sin embargo, tanto como las ausencias. La oficina pesa de verdad cuando lo que se pierde no está en ningún estante. He visto sillas vacías en las mesas familiares: la de mi hermano, que ya no está, y la de Medina, un viejo amigo con quien compartí estudios, profesión y muchas horas de vida, pero nos fuimos alejando sin saber muy bien por qué.

No he borrado todavía el número de Medina, aunque no lo marque, y en Nochebuena dejo la silla de mi hermano sin arrimar del todo. Lo que no he perdido es la costumbre de guardarles sitio, ni la absurda esperanza de que un día vuelvan a ocuparlo.

Cuando ya no hay manera de recuperar lo importante, pienso que los grandes enigmas no están en las pirámides ni en los agujeros negros del espacio, sino en ese tambor de la lavadora donde un calcetín desaparece sin dejar acta. El del lunes todavía no ha vuelto. No porque me haga falta, sino para saber que todavía hay algo que puede volver.

In memoriam: Nonio Parejo, guionista y director de cine

Antonio Torres
Periodista

Por la Academia de Cine de Andalucía conocí en la mañana de este martes el fallecimiento del guionista y director Nonio Parejo, vinculado a Almería por varios de sus trabajos como Releyendo La Chancha sobre el libro del mismo título, La Chanca, que circuló clandestinamente durante el franquismo y que sólo fue publicado, en edición de bolsillo. La producción narra un viaje iniciático a la miseria, que arranca desde la nostalgia de los emigrantes almerienses y los exiliados políticos españoles en la ciudad de París. Su autor, Juan Goytisolo, describe un mundo en el que el tiempo parece haberse detenido, y la descripción que hace de Almería se parece mucho a la realizada por Gerald Brenan en “Al Sur de Granada”. En este documenta, Goytisolo volvió al barrio de La Chanca en el año 2007 con iniciativa de José García Pepillo el barbero, memoria del barrio con el poeta José Ángel Valente, el arquitecto Ramón de Torres y el exministro José Guirao y con los que tuve el privilegio de almorzar en el restaurante Los Sobrinos. Goytisolo y Parejo retomaron la lectura del libro para enfrentarse a los cambios, producidos en el barrio. El documental incluye los testimonios directos de personajes reales, y una puesta en escena con un tratamiento de ficción de determinadas localizaciones que hoy ya no existen, como las viviendas en las cuevas, que han desaparecido. “Para encontrar hoy La Chanca de antaño, hay que irse a Nador, cruzando el estrecho, donde también se desplaza este documental. Aquella Almería era una de las provincias más pobres de España. Esta dualidad de sentimientos, provocó en el escritor la creación de Campos de Níjar y La Chanca, en los que Goytisolo, en lucha con la censura franquista, mostraba una realidad radicalmente alejada de la propaganda turística con la que el régimen de Franco intentaba camuflar la miseria. El despegue económico ha cambiado la fisonomía del entorno. Aunque no a cualquier precio. Ha destruido gran parte del paisaje y ha producido un profundo desarraigo social y cultural. Tiene mucho que ver con el estreno en Almería Iván&Hadoum ópera prima del director nijareño Ian de la Rosa, drama romántico, amor y deseo, ambientado en los invernaderos de Níjar. Obra reconocida en el prestigioso Teddy Award en Berlín o en el Festival de Málaga.  Me recordó que es otra forma de releer la realidad de los invernaderos y por lo que observé en la sesión del sábado solo estábamos siete mujeres y quien firma.

Nonio Parejo, en Canal Sur

Nonio Parejo comenzó su carrera profesional como fotógrafo para el colegio de Arquitectos y la revista Triunfo de la que fue corresponsal en Andalucía el maestro de periodistas Antonio Ramos Espejo. Tuve la oportunidad de colaborar con Parejo y aparecer en los documentales Releyendo Campos de Nijar y Releyendo La Chanca, emitidos por Andalucía Televisión y por Canal Sur Televisión con dirección y guion de Nonio Parejo con preestreno en el Museo Arqueológico de Almería en noviembre de 2008 y que tuve el privilegio de presentar ante más de 200 personas.

Las portadas de los tres periódicos de Almería

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Cada mañana se pueden adquirir tres periódicos de papel que tratan sobre los temas de Almería y su provincia. El decano es  La Voz de Almería , que es también el que tiene mayor difusión. El segundo por el número de lectores es  Ideal,  el periódico con sede en Granada, que tiene una edición especial para Almería. El tercero en difusión es el más joven -que recuperó el nombre de una cabecera histórica-, Diario de Almería, que pertenece al Grupo Joly, propietario de cabeceras en casi todas las provincias andaluzas:




Las portadas de las cinco revistas semanales

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Ya están en los puntos de venta las revistas semanales. Cuatro de ellas (Lecturas, ¡Hola!, Diez Minutos y Semana) salen los miércoles, mientras la revista Pronto se adelanta sobre sus compañeras y se pone a la venta los lunes. Estas son las portadas de esta semana:






Ruido sobre los cimientos

Ignacio Ortega
@opinionalmeria

Hubo un tiempo en el que muchos nacimos “un día que Dios estuvo enfermo”, en palabras de César Vallejo. Fue el tiempo de un partido único llamado franquismo en el que, en secreto, se honraba la voz de quienes defendían la democracia, desafiando barreras y cárcel.

Era una promesa moral para demócratas de izquierdas y de derechas. Después del horror, con campos arrasados y vidas rotas, comprendieron que la democracia era la única alternativa al partido único y al desprecio por la libertad del franquismo.

Durante la Transición el PSOE abandonó el marxismo y aceptó el pluralismo, el mercado regulado y el Estado del bienestar. Las derechas dejaron atrás sus tentaciones autoritarias y asumieron el marco democrático, el mismo que ahora empiezan a cuestionar. Entonces, unos y otros entendieron que la política era poner cimientos, no dinamitarlos para salir en el telediario.

La democracia que hemos construido hasta hoy quizá sea imperfecta, lenta, a veces frustrante, pero creíble. Los grandes partidos políticos que fueron PSOE y AP, luego PP, actuaban como intermediarios sólidos entre la sociedad y el poder. Representaban intereses, sí, pero también ideas de futuro.

También la Justicia, que debería hablar a través de sus resoluciones, parece a veces atrapada por el ruido de la política y la necesidad de ocupar espacio en el debate público. Cuando determinadas decisiones judiciales se discuten más por su impacto político que por sus fundamentos jurídicos, y algunos jueces adquieren un protagonismo impropio de su función, la confianza ciudadana se resiente. No ayuda que algunas resoluciones parezcan circular antes por canales de mensajería y tertulias que por los cauces institucionales para los que fueron concebidas.

Las instituciones siguen en pie, pero cada vez más ciudadanos las observan como quien contempla una casa familiar cuyas grietas empiezan a hacerse visibles.

Hoy la democracia se invoca como una marca vacía mientras se degrada en la trinchera del algoritmo. La política ha dejado de ser construcción para convertirse en espectáculo. Millones de ciudadanos conocen el Parlamento, los tribunales o el debate público a través de vídeos de pocos segundos, fragmentos diseñados para provocar indignación o confirmar prejuicios antes que para comprender la complejidad de los hechos.

Un espectáculo alimentado desde el dispositivo móvil y las redes sociales, donde la velocidad importa más que la reflexión y una ocurrencia afortunada tiene más recorrido que un argumento sólido. En ese vacío los nuevos autócratas proyectan una caricatura de la democracia; conservan las urnas, sí, pero inoculan veneno en sus valores. Entonces la oposición es traición, las instituciones se vuelven obstáculos y el reconocimiento del otro desaparece bajo esa pulsión autoritaria.

Por eso, recordar aquel consenso fundacional de nuestra democracia no es un ejercicio de nostalgia, sino una advertencia. La democracia no es un logro irreversible. Es una construcción frágil que no suele derrumbarse de golpe: primero se vacía de significado y después de defensores. Todavía estamos a tiempo de reparar las grietas. Lo que no sabemos es cuánto tiempo seguirá en pie la casa si seguimos discutiendo sobre el ruido mientras olvidamos los cimientos.