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Borja Terán estalla contra la crítica fácil de Telecinco

Tania Artajo
@opinionalmeria

Desde hace muchos meses, Telecinco mantiene una campaña sistemática de descrédito contra Rocío Carrasco. Programas de la cadena han dado tribuna casi ininterrumpida a Gloria Camila Ortega, Rocío Flores, Amador Mohedano, Raquel Mosquera, Rosario Mohedano y otros rostros afines para convertir a la hija de Rocío Jurado en blanco permanente de reproches. La última andanada ha llegado con motivo del homenaje que la asociación Cultural “RJ La Más Grande”, presidida por Gloria Camila, organizó en Chipiona con ocasión del aniversario del fallecimiento de La Más Grande.

'20 Minutos' recoge el momento de Telecinco

Rocío Carrasco no ha asistido a ninguno de estos actos. Las razones son públicas, conocidas y comprensibles para cualquiera que haya seguido el caso con un mínimo de rigor. Sin embargo, los magacines de la cadena insisten en presentar esa ausencia como un enigma inexplicable y ceden el micrófono a sus opositores para que la condenen con argumentos que no pasarían de un patio de colegio. El objetivo no es informar: es reforzar la imagen de Rocío Carrasco como “mala hija”, “mala madre” y, en definitiva, mala persona.

En el programa de Joaquín Prat El Tiempo Justo, Gloria Camila Ortega volvió a explayarse en esa línea. Justo al dar paso a El Diario, Jorge Javier Vázquez recogió el testigo con una frase rotunda: “Yo soy pro Rocío Jurado y pro Rocío Carrasco”. Fue un golpe seco, directo y valiente. Un guantazo digital no solo a la invitada y al presentador, sino a toda la estrategia de descrédito que la cadena ha mantenido durante demasiado tiempo.

Quien mejor ha sabido leer y contextualizar este momento es el crítico televisivo Borja Terán, uno de los analistas más respetados del panorama español. En su artículo publicado en 20 minutos bajo el título El guiño de Jorge Javier a Rocío Carrasco: el amigo que no te abandona cuando eres la crítica fácil, Terán desmonta con precisión quirúrgica la mecánica del linchamiento mediático.

Terán escribe: “Jorge Javier Vázquez coge el testigo de El Tiempo Justo con un cántico que despierta al espectador que queda frente a Telecinco. […] No se puede morder la lengua ante las palabras de Gloria Camila. […] Siempre se repite la misma pregunta: la ausencia de Rocío Carrasco de otro de los tantos homenajes realizados por la familia. Y asoma el rencor disfrazado de indiferencia. Y, entonces, incluso es fácil comprender el motivo de que Carrasco no acuda a estas liturgias. No es fácil estar con los que no paran de criticarte mediáticamente”.

El crítico subraya además el doble rasero machista que impregna estos debates: “La fórmula del corazón añojo, que tantos reprodujeron, señalaba como ‘mala hija’ o ‘mala madre’ o ‘mala mujer’ a alguien a sabiendas que no iba a entrar en el juego. Siempre colocando el foco en las mujeres, por cierto. Ellas, a la mínima ‘malas madres’. Ellos, sacan un segundo al hijo a pasear y ‘padrazo’”.

Borja Terán recuerda el impacto del documental Rocío, contar la verdad para seguir viva, donde por primera vez se dio voz a Rocío Carrasco tras casi dos décadas en las que otros hablaban por ella. Aquel programa fue un éxito rotundo y puso en evidencia las malas prácticas de buena parte de la prensa rosa. “Telecinco disparó las audiencias con este programa que, también, dejó en evidencia malas prácticas de los shows del cuore, Sálvame y Aquí hay tomate incluidos”, apunta.

Y concluye con una reflexión que debería hacer sonrojar a más de uno en la cadena: “Rocío Jurado estaba por encima de todos estos programas de rumorología. Porque iba por delante. Sus canciones fueron himnos de liberación que no todos comprendían a la primera. Sus actuaciones eran hábiles para dar la vuelta como un calcetín a la tradición hasta convertirla en modernidad. Tanto que hay enfoques de programas que parecen más antiguos hoy que las propias canciones de Rocío Jurado ayer. Siempre intentando enquistar el sentimiento de culpa. Cuando Rocío Jurado enseñó los peligros de aguantar a los que te hacen sufrir”.

Jorge Javier Vázquez, en un gesto de coherencia y valentía, ha dicho en voz alta lo que muchos piensan en silencio. Borja Terán lo ha plasmado con maestría en su columna. Mientras tanto, Telecinco sigue anclada en una fórmula agotada de confrontación y victimización selectiva. Quizá sea el momento de que la cadena se pregunte si realmente quiere seguir siendo ese espacio donde la crítica fácil sustituye al periodismo y donde el rencor encuentra micrófono asegurado. Rocío Carrasco, como su madre, ya demostró hace tiempo que sabe estar por encima de todo eso.

 


El Zapillo como frontera

Ignacio Ortega
@opinionalmeria

Algunas malas noticias caben en un sobre. El burofax que recibió Manuela Osorio anunciaba el final de su contrato de alquiler. Lo leyó sosteniéndose contra la mesa, mientras sus hijos pequeños, junto a la abuela, veían la televisión en el salón.

Dos empleos precarios mantienen a su familia en una ciudad que a Manuela empieza a serle extraña. Limpia mañanas y tardes en una rutina de ausencias, sin ayuda del padre, pese a la resolución judicial. Su hogar se apuntala sobre una aritmética imposible. Cada fin de mes, los recibos que llegan abren nuevas grietas en un ejercicio de resistencia económica.

Durante años aquel piso fue el lugar donde Manuela sostuvo a una madre sin pensión no contributiva y a dos hijos en edad escolar. Allí construyó una rutina de trabajo, cuidados y renuncias. Tras agotar todos los plazos, tendrá que dejar la vivienda de El Zapillo el próximo otoño porque el propietario quiere reformarla para dedicarla al alquiler turístico. Desde que recibió la notificación, cada día tiene algo de despedida.

El Zapillo siempre fue la frontera amable entre la ciudad y el mar. Un barrio popular donde convivían jubilados, familias trabajadoras y veraneantes. Pero las fronteras cambian con el tiempo. Ya no separan la tierra del agua, sino a quienes pueden permitirse vivir junto al Mediterráneo de quienes empiezan a ser expulsados hacia otros barrios.  Ningún barrio cambia de un día para otro. Primero suben los precios. Después llegan las renuncias. Finalmente llegan las despedidas. La frontera ya no está en la playa. Está en el precio del alquiler.

Ahora en El Zapillo, cada casa que cambia de uso desplaza en silencio a familias enteras. Donde antes había ventanas encendidas todo el año, empiezan a aparecer códigos de acceso, maletas con ruedas y terrazas que cambian de ocupantes.

Se ha acabado el tiempo de la vida de portal y las conversaciones en las tiendas de siempre. Ya nadie conoce al vecino de enfrente porque mañana será otro. Las cerraduras electrónicas sustituyen a los saludos.

Se va el olor a guiso que escapaba por los patios y la costumbre de dejarse las llaves al vecino. Se va también esa complicidad invisible que hacía del barrio un pueblo. El Zapillo sigue frente al mar. Lo que empieza a aparecer en la frontera es la soledad.

Las portadas de los tres periódicos de Almería

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Cada mañana se pueden adquirir tres periódicos de papel que tratan sobre los temas de Almería y su provincia. El decano es  La Voz de Almería , que es también el que tiene mayor difusión. El segundo por el número de lectores es  Ideal,  el periódico con sede en Granada, que tiene una edición especial para Almería. El tercero en difusión es el más joven -que recuperó el nombre de una cabecera histórica-, Diario de Almería, que pertenece al Grupo Joly, propietario de cabeceras en casi todas las provincias andaluzas:




Las portadas de las cinco revistas semanales

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Ya están en los puntos de venta las revistas semanales. Cuatro de ellas (Lecturas, ¡Hola!, Diez Minutos y Semana) salen los miércoles, mientras la revista Pronto se adelanta sobre sus compañeras y se pone a la venta los lunes. Estas son las portadas de esta semana:






El embrollo de la compraventa del Sevilla

Juan Folío
@opinionalmeria

La frustrada negociación para la entrada de Sergio Ramos en el accionariado de control del Sevilla FC ha terminado convirtiéndose en un ejemplo de cómo una operación llamada a generar ilusión puede acabar provocando desconfianza. Lo que comenzó como una posible solución para uno de los momentos más delicados de la historia reciente del club ha derivado en un embrollo difícil de explicar y aún más difícil de comprender.

Rueda de prensa de Sergio Ramos / Loa

La propuesta inicial presentada por Sergio Ramos fue recibida con evidente interés por los accionistas implicados. No era para menos. El Sevilla atraviesa una situación institucional compleja, marcada por años de enfrentamientos entre bloques accionariales, deterioro deportivo y una creciente preocupación por la estabilidad económica de la entidad. En ese contexto, la aparición de un potencial inversor dispuesto a liderar una nueva etapa fue acogida como una oportunidad que merecía ser tomada en serio.

Sin embargo, aquello que parecía una operación encaminada a buen puerto empezó a torcerse cuando apareció una segunda oferta en condiciones menos favorables que las inicialmente planteadas. A ello se añadió el cambio del grupo financiero que respaldaba la operación, una circunstancia que inevitablemente abrió interrogantes sobre la solidez de la propuesta y sobre la verdadera capacidad para llevarla hasta el final en los términos anunciados.

La reacción de los accionistas fue inmediata. El comunicado de malestar difundido tras conocerse los cambios reflejaba una sensación comprensible de decepción. Quienes habían mostrado disposición a negociar sobre unas determinadas bases se encontraron con un escenario distinto, generando la impresión de que las reglas del juego habían cambiado en mitad de la partida.

Lejos de despejar las dudas, la posterior rueda de prensa de Sergio Ramos contribuyó a aumentar la confusión. Se habló de futuros desembolsos condicionados al cumplimiento de determinados "hitos", pero esos hitos nunca fueron concretados con precisión. Se apeló a conceptos genéricos cuando lo que demandaban los accionistas y la afición eran explicaciones concretas. Porque cuando se negocia el futuro de una institución centenaria, los detalles no son secundarios: son precisamente lo más importante.

Especialmente llamativa resultó la referencia a una supuesta sugerencia de LaLiga para que la ampliación de capital alcanzara los 120 millones de euros en lugar de los 80 inicialmente previstos. LaLiga, según se ha conocido posteriormente, habría negado haber realizado tal recomendación en esos términos. Si esto es así, la explicación ofrecida pierde consistencia y deja una pregunta inevitable: ¿por qué introducir un argumento cuya base parece no sostenerse?

El problema de fondo es que la operación ha acabado transmitiendo una imagen de improvisación incompatible con la magnitud de lo que estaba en juego. Una oferta que nace con unas condiciones, continúa con otras distintas, cambia de respaldo financiero y deja sin aclarar aspectos esenciales difícilmente puede generar la confianza necesaria para culminar con éxito una adquisición de semejante relevancia.

Ahora bien, sería un error centrar toda la atención únicamente en Sergio Ramos y en las inconsistencias de su propuesta. El verdadero drama es que el Sevilla FC necesita con urgencia una solución. El club no puede permitirse seguir instalado en una guerra permanente entre accionistas mientras se acumulan los desafíos económicos, deportivos e institucionales. Cada mes que pasa sin una salida clara supone un desgaste adicional para una entidad que necesita estabilidad de manera inmediata.

Por eso, más allá de las responsabilidades de quienes han intentado liderar esta operación, también resulta obligado mirar hacia el actual Consejo de Administración. La situación del Sevilla no es fruto de un episodio aislado, sino de una crisis prolongada que ha deteriorado la confianza de accionistas, aficionados y entorno social. Cuando una sociedad atraviesa un bloqueo de esta magnitud, los órganos de gobierno deben asumir su cuota de responsabilidad.

Precisamente por ello, lo más razonable sería que el Consejo pusiera sus cargos a disposición de los accionistas. No como un gesto dramático, sino como un ejercicio de responsabilidad y respeto hacia quienes son los legítimos propietarios del club. Corresponde a los accionistas decidir si desean ratificar a los actuales gestores o abrir una nueva etapa. Lo que resulta cada vez más difícil de justificar es la continuidad de una situación que no ofrece perspectivas claras de solución.

El Sevilla FC necesita transparencia, liderazgo y credibilidad. Necesita inversores solventes, propuestas consistentes y gestores capaces de generar confianza. Todo lo demás son maniobras que alimentan la incertidumbre. Y el Sevilla, en estos momentos, necesita exactamente lo contrario.