Loren
Zotano es una figura reconocida de la crónica social de Estepona. Empresario,
comunicador y memoria viva de una época dorada de la Costa del Sol, ha sido
colaborador y presentador en Estepona Televisión y Radio, donde condujo
programas como Memorias de un navegante, Confidencias con Loren y Ven y sígueme -título que eligió en homenaje a Rocío Jurado-, y fue colaborador de Café y té.
Su trayectoria lo ha llevado a aparecer en programas de Telecinco como Aquí hay
tomate, A tu lado, Sálvame, Viva la vida o en Antena 3 con María Teresa Campos.
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| Loren Zotano, en una aparición en Telecinco |
A
primeros de los setenta trabajó en cruceros de superlujo, conviviendo con
estrellas como Elizabeth Taylor, Cary Grant, Esther Williams, Jack Lemmon,
escritores como Mary Higgins Clark y las más conocidas sagas familiares del
mundo de las finanzas y la política. Pero si hay un nombre que marca su vida es
el de Rocío Jurado, a quien siguió desde sus inicios por toda la geografía
española y con quien compartió cientos de camerinos antes y después de los
conciertos, algunas confidencias y momentos íntimos.
Pregunta: Loren, ¿cómo estás?
Respuesta:
Muy bien, Marian. Con mucha ilusión por recordar a Rocío y por poner en
palabras una vida que, cuando la miro hacia atrás, parece casi una película.
Hablar de ella siempre me remueve, pero también me llena de alegría. Lo primero
que quiero aclarar es que Rocío era humilde, sencilla y con un corazón enorme.
P: ¿Cuándo escuchas por primera vez el nombre de Rocío
Jurado y cómo empieza tu interés por su música y su figura?
R:
La escuché por primera vez en Barcelona. Tendría yo unos 18 años. Estaba
visitando a un amigo y me dijo: "Vamos a ver a una chica nueva que canta
muy bien, te va a encantar". Yo no sabía ni quién era. Fuimos, no sé si al
Teatro Apolo, y allí la vi por primera vez. Lo
que sentí fue una mezcla de sorpresa y fascinación. Tenía una voz que te
atravesaba, pero también una presencia que no se podía explicar. Era una niña,
pero ya tenía ese brillo que luego se convertiría en leyenda. Después
de la actuación quise conocerla. Entré al camerino y estaba con su madre, muy
sencilla, muy natural. En mitad de la conversación dijo: "Mamá, tengo
ganas de un bocadillo de anchoas". Yo jamás había oído eso en mi vida; un
bocadillo de chorizo sí, pero de anchoas… porque en Andalucía la gastronomía
cambia muchísimo de una provincia a otra. Me ofrecí a buscárselo con mi amigo
Agustín. Salimos del teatro, buscamos el bocadillo y se lo llevamos. Ahí empezó
todo. Podemos decir que nuestra relación comenzó con un bocadillo de anchoas.
"La madre de Rocío Jurado, que la acompañaba, era una figura fundamental. Una mujer de una dulzura tremenda, protectora, pendiente de todo. Rocío siempre decía: "Mi madre canta mejor que yo"
P: Tú. que viviste sus inicios y estuviste en tantos
camerinos, ¿cómo era esa Rocío que el público no veía cuando se apagaban los
focos? ¿Cómo era el ambiente en esa primera época?
R:
Ella era una persona amable, muy simpática. Por eso, cuando hablan de su fuerte
carácter, no lo comparto. Yo nunca vi a esa mujer con tantísimo carácter como
dicen. Solo he presenciado un par de enfados con su hermano Amador, pero nunca
la he visto con malos modales ni nada de eso. Era normalísima, muy atenta, muy
agradable con todas las criaturas que entraban al camerino. Venía mucha gente a
verla y nunca decía que no. El trato con el público era estupendo. Su
madre, que la acompañaba, era una figura fundamental. Una mujer de una dulzura
tremenda, protectora, pendiente de todo. Rocío siempre decía: "Mi madre
canta mejor que yo". Yo nunca la escuché cantar, pero ella lo afirmaba con
orgullo y con una humildad que la definía.
P: ¿Y el papel de los hermanos en aquella primera
época?
R:
Eran muy jóvenes. Amador empezó a trabajar en la compañía con Rocío, en los
camiones, en los montajes, ayudaba en el sonido y en cosas de esas, pero Amador
no llevaba a Rocío. Fue después, cuando Rocío ya era una estrella, no como él
dice: "Yo hice una estrella de mi hermana". A Rocío la podía haber
llevado cualquier mánager americano con muchísimo más caché que Amador
Mohedano.
P: Se cumplen 20 años sin "La Más Grande".
¿Cuál es el secreto para que las nuevas generaciones sigan conectando con ella?
R:
Las nuevas generaciones, aunque no la hayan visto en vida, perciben esa
autenticidad. Su fuerza es atemporal. Y además, su repertorio es tan amplio y
tan variado que siempre hay una canción que te toca, que te encuentra. Rocío
ofrecía los conciertos más largos del mundo. Estaba tres horas delante del
público, pero no se quería ir. Le decían "otra" y volvía a salir,
enganchando con otra y seguía. Cuando actuaba en el Tívoli, decía: "Qué
rabia me da este Tívoli. Cuando más a gusto estoy, hay que cortar", porque
la actuación era muy corta. Y claro, lo que querían los que gestionaban el
parque es que funcionaran las atracciones, no que estuviera todo el mundo horas
ahí viendo a Rocío. Era una gran trabajadora. Cantando se calentaba la voz;
cuanto más a gusto estaba, más cantaba.
P: De todos esos momentos compartidos, ¿hay alguna
anécdota o palabra que guardes con especial cariño?
R:
Tengo cientos, pero hay una que siempre me emociona. Fue en Marbella, en Oasis,
un lugar espectacular que pertenecía a la princesa Soraya. Rocío actuaba allí y
estaba Pedro Carrasco con ella. Cuando terminó el concierto, Pedro la esperaba
con una toalla blanca, la acurrucaba con un cariño enorme y la llevaba al
camerino. Era una imagen preciosa: la artista agotada, el marido cuidándola
como si fuera un tesoro. Cuando
me acerqué a saludarla, Pedro dijo que no podía pasar. Ella respondió:
"Pedro, deja pasar a Loren, por favor". Me miró, se cogió el pelo y
me dijo riendo: "Estoy hasta aquí de Pedro". Con humor, con cariño,
con esa naturalidad tan suya.
"El documental La Más Grande es maravilloso. He visto los cuatro episodios de un tirón y esa es la historia de Rocío sin aditivos, no podía reflejarlo mejor. Está hecho con cariño, con verdad, con respeto. Ahí se ve a la Rocío auténtica, la que yo conocí"
P: Estos días está en boca de todos la serie
documental La Más Grande en Movistar Plus+. ¿Qué te parece la repercusión?
R:
El documental es maravilloso. He visto los cuatro episodios de un tirón y esa
es la historia de Rocío sin aditivos, no podía reflejarlo mejor. La crítica
está hablando muy bien del documental y con razón, porque está hecho con
cariño, con verdad, con respeto. Ahí se ve a la Rocío auténtica, la que yo
conocí.
"Rocío Jurado confiaba plenamente en su hija Rocío. Y lo que está haciendo -el musical, el documental, el biopic con RTVE- es exactamente lo que Rocío habría querido: proteger su memoria, dignificar su obra y mostrarla tal como era"
P: El proyecto está impulsado por Rocío Carrasco.
¿Cómo valoras su labor para proteger y dignificar el legado de su madre?
R:
No puedo ser neutral porque adoro a la madre y a la hija. Lo que ha pasado
Rocío Carrasco ha sido una injusticia enorme. Y aun así, está gestionando el
legado con una sabiduría increíble. Es la heredera universal. Su madre se lo
dejó todo porque confiaba plenamente en ella. Y lo que está haciendo -el
musical, el documental, el biopic con RTVE- es exactamente lo que Rocío habría
querido: proteger su memoria, dignificar su obra y mostrarla tal como era. He
llevado muy mal todos estos años de crítica a esta criatura y este machaque
durante tantísimo tiempo. Ha sido la injusticia más grande del mundo. Han
llegado a decir que no quería a su madre, y lo ha dicho su tío consciente de
que estaba mintiendo.
P: Si tuvieras que elegir una sola canción que defina
la esencia pura de Rocío Jurado, ¿cuál sería?
R:
Amor, amor, que es una canción que resume su fuerza, su sensibilidad y su
capacidad de convertir el dolor en arte. Y Punto de partida es un bombazo.
Rocío tiene coplas maravillosas, pero como las cantaba ella… ninguna otra. Ella
hacía que cada canción pareciera escrita para ella.
P: A principios de los setenta trabajaste en cruceros
de superlujo. ¿Cómo llega un joven de la Costa del Sol a compartir espacio con
estrellas como Elizabeth Taylor?
R:
Fue una época increíble. Aquellos cruceros reunían a la élite mundial. Yo era
muy joven y aquello me abrió los ojos a un mundo que jamás habría imaginado.
Conocí a grandes estrellas de Hollywood: Elizabeth Taylor, Cary Grant, Esther
Williams, Jack Lemmon, escritores como Mary Higgins Clark, grandes fortunas de
la política y las finanzas. Fue una época maravillosa donde aprendí a tratar
con la élite internacional. Fue una escuela de elegancia, de discreción y de
observación.
P: Después de viajar por el mundo, decides asentarte y
dedicarte a los negocios y a los medios locales. ¿Qué te llevó a la televisión?
R:
Yo tuve un restaurante en Estepona, el Restaurante Loren, en la zona del
Paraíso. Tuvo su momento, su auge, y ahí empezó a venir mucha gente conocida,
entre ellos Lola Flores. Hablé muchísimo con Lola, era súper cariñosa, cercana
y agradable. Quizás el saber contar las historias me llevó a tener un espacio
en la televisión, pero sin buscarlo, me lo ofreció la alcaldesa al escucharme
en una entrevista.
P: Cuéntame una anécdota con Lola Flores.
R:
Un día llega Lola, entraba corriendo para que no la viera la gente, siempre muy
tarde, a las 11 de la noche o más. "¿Cuántos sois?" "Pues un
montón de gente". 14, 16, 12, no sé. Al momento aparecen Carmen Flores con
Carmen Mateo... Y Lola le dice a su hermana: "Carmen, Carmen, dile a Loren
dónde hemos estado el miércoles pasado". Y dice: "Con tu amiga la de
Chipiona en Miami. Ay, qué casa se ha comprado, Dios mío. Ay, qué casa, por
Dios". Y salta Lola: "Rocío en América gana muchísimo, muchísimo
dinero. La que más".
P: Como cronista social, ¿cómo ha cambiado la forma de
hacer corazón desde aquellos años dorados hasta hoy?
R:
La crónica social de antes era más agradable, más cariñosa, más bonita, quizá
más ñoña, más rosa. Pero luego se convirtió en sangrante. A mí esa crónica
social tan agresiva no me gusta. Ahora hay que hacer sangre, si no, no están contentos. Y esa no era la crónica social de los famosos o de la Beautiful
People de Marbella de entonces, donde todo era acordado y amable.
P: ¿Crees que algo está cambiando en televisión con la
incorporación de caras nuevas y gente más joven comentando la crónica rosa? Por
ejemplo: Alba Carrillo, David Insua, Alberto Guzmán, Anna Gurgui, Javi Hoyos...
R:
Era necesario un relevo, me gustan mucho. María Patiño también debería estar,
tiene sus cosas como todo el mundo, pero es muy buena para este tipo de
periodismo. A mí lo que me enferma es ver a los de siempre en Telecinco y
hablando siempre de los mismos temas. Cuando veo a Lydia Lozano interpretando
ese papel del eterno chuminero, o a Rosa Benito, que es como si viera al
diablo.
"Si hoy tuviera a Rocío frente a mí, le diría: Rocío, cariño, tú eres, como siempre dices, la mamá gallina, que tú haces y cubres a toda la familia. Pero haz un cribado, cariño, un cribadito en tu familia"
P: Si hoy tuvieras a Rocío Jurado frente a ti en un
camerino, 20 años después, ¿qué le dirías?
R:
Rocío, cariño. Tú eres, como siempre dices, la mamá gallina, que tú haces y
cubres a toda la familia. Pero haz un cribado, cariño, un cribadito en tu
familia. Y
también le diría: gracias por tanto. Gracias por tu arte, por tu verdad y por
tu cariño. Le diría que el mundo sigue necesitándola, que su voz sigue viva y
que su legado está en buenas manos.
P: ¿Algo más que añadirías, Loren?
R:
Sí. Mira si Rocío era generosa. Una vez le dije: "Rocío, cariño, no he
escuchado a ninguna de tus compañeras de la farándula nombrarte". Y dice:
"¿Qué te pasa. Loren? Si todas son maravillosas". Y a continuación,
para seguir picándola, le conté que Isabel Pantoja había dicho algo feo
públicamente con respecto a ella: "La que más discos vende soy yo, que
quede bien claro". Y Rocío me contestó: "Loren, tú es que me quieres
mucho, pero Isabel canta muy bonito". Ni una mala palabra. No le saqué una
mala palabra.