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El Zapillo como frontera

Ignacio Ortega
@opinionalmeria

Algunas malas noticias caben en un sobre. El burofax que recibió Manuela Osorio anunciaba el final de su contrato de alquiler. Lo leyó sosteniéndose contra la mesa, mientras sus hijos pequeños, junto a la abuela, veían la televisión en el salón.

Dos empleos precarios mantienen a su familia en una ciudad que a Manuela empieza a serle extraña. Limpia mañanas y tardes en una rutina de ausencias, sin ayuda del padre, pese a la resolución judicial. Su hogar se apuntala sobre una aritmética imposible. Cada fin de mes, los recibos que llegan abren nuevas grietas en un ejercicio de resistencia económica.

Durante años aquel piso fue el lugar donde Manuela sostuvo a una madre sin pensión no contributiva y a dos hijos en edad escolar. Allí construyó una rutina de trabajo, cuidados y renuncias. Tras agotar todos los plazos, tendrá que dejar la vivienda de El Zapillo el próximo otoño porque el propietario quiere reformarla para dedicarla al alquiler turístico. Desde que recibió la notificación, cada día tiene algo de despedida.

El Zapillo siempre fue la frontera amable entre la ciudad y el mar. Un barrio popular donde convivían jubilados, familias trabajadoras y veraneantes. Pero las fronteras cambian con el tiempo. Ya no separan la tierra del agua, sino a quienes pueden permitirse vivir junto al Mediterráneo de quienes empiezan a ser expulsados hacia otros barrios.  Ningún barrio cambia de un día para otro. Primero suben los precios. Después llegan las renuncias. Finalmente llegan las despedidas. La frontera ya no está en la playa. Está en el precio del alquiler.

Ahora en El Zapillo, cada casa que cambia de uso desplaza en silencio a familias enteras. Donde antes había ventanas encendidas todo el año, empiezan a aparecer códigos de acceso, maletas con ruedas y terrazas que cambian de ocupantes.

Se ha acabado el tiempo de la vida de portal y las conversaciones en las tiendas de siempre. Ya nadie conoce al vecino de enfrente porque mañana será otro. Las cerraduras electrónicas sustituyen a los saludos.

Se va el olor a guiso que escapaba por los patios y la costumbre de dejarse las llaves al vecino. Se va también esa complicidad invisible que hacía del barrio un pueblo. El Zapillo sigue frente al mar. Lo que empieza a aparecer en la frontera es la soledad.

Las portadas de los tres periódicos de Almería

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Cada mañana se pueden adquirir tres periódicos de papel que tratan sobre los temas de Almería y su provincia. El decano es  La Voz de Almería , que es también el que tiene mayor difusión. El segundo por el número de lectores es  Ideal,  el periódico con sede en Granada, que tiene una edición especial para Almería. El tercero en difusión es el más joven -que recuperó el nombre de una cabecera histórica-, Diario de Almería, que pertenece al Grupo Joly, propietario de cabeceras en casi todas las provincias andaluzas:




Las portadas de las cinco revistas semanales

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Ya están en los puntos de venta las revistas semanales. Cuatro de ellas (Lecturas, ¡Hola!, Diez Minutos y Semana) salen los miércoles, mientras la revista Pronto se adelanta sobre sus compañeras y se pone a la venta los lunes. Estas son las portadas de esta semana:






El embrollo de la compraventa del Sevilla

Juan Folío
@opinionalmeria

La frustrada negociación para la entrada de Sergio Ramos en el accionariado de control del Sevilla FC ha terminado convirtiéndose en un ejemplo de cómo una operación llamada a generar ilusión puede acabar provocando desconfianza. Lo que comenzó como una posible solución para uno de los momentos más delicados de la historia reciente del club ha derivado en un embrollo difícil de explicar y aún más difícil de comprender.

Rueda de prensa de Sergio Ramos / Loa

La propuesta inicial presentada por Sergio Ramos fue recibida con evidente interés por los accionistas implicados. No era para menos. El Sevilla atraviesa una situación institucional compleja, marcada por años de enfrentamientos entre bloques accionariales, deterioro deportivo y una creciente preocupación por la estabilidad económica de la entidad. En ese contexto, la aparición de un potencial inversor dispuesto a liderar una nueva etapa fue acogida como una oportunidad que merecía ser tomada en serio.

Sin embargo, aquello que parecía una operación encaminada a buen puerto empezó a torcerse cuando apareció una segunda oferta en condiciones menos favorables que las inicialmente planteadas. A ello se añadió el cambio del grupo financiero que respaldaba la operación, una circunstancia que inevitablemente abrió interrogantes sobre la solidez de la propuesta y sobre la verdadera capacidad para llevarla hasta el final en los términos anunciados.

La reacción de los accionistas fue inmediata. El comunicado de malestar difundido tras conocerse los cambios reflejaba una sensación comprensible de decepción. Quienes habían mostrado disposición a negociar sobre unas determinadas bases se encontraron con un escenario distinto, generando la impresión de que las reglas del juego habían cambiado en mitad de la partida.

Lejos de despejar las dudas, la posterior rueda de prensa de Sergio Ramos contribuyó a aumentar la confusión. Se habló de futuros desembolsos condicionados al cumplimiento de determinados "hitos", pero esos hitos nunca fueron concretados con precisión. Se apeló a conceptos genéricos cuando lo que demandaban los accionistas y la afición eran explicaciones concretas. Porque cuando se negocia el futuro de una institución centenaria, los detalles no son secundarios: son precisamente lo más importante.

Especialmente llamativa resultó la referencia a una supuesta sugerencia de LaLiga para que la ampliación de capital alcanzara los 120 millones de euros en lugar de los 80 inicialmente previstos. LaLiga, según se ha conocido posteriormente, habría negado haber realizado tal recomendación en esos términos. Si esto es así, la explicación ofrecida pierde consistencia y deja una pregunta inevitable: ¿por qué introducir un argumento cuya base parece no sostenerse?

El problema de fondo es que la operación ha acabado transmitiendo una imagen de improvisación incompatible con la magnitud de lo que estaba en juego. Una oferta que nace con unas condiciones, continúa con otras distintas, cambia de respaldo financiero y deja sin aclarar aspectos esenciales difícilmente puede generar la confianza necesaria para culminar con éxito una adquisición de semejante relevancia.

Ahora bien, sería un error centrar toda la atención únicamente en Sergio Ramos y en las inconsistencias de su propuesta. El verdadero drama es que el Sevilla FC necesita con urgencia una solución. El club no puede permitirse seguir instalado en una guerra permanente entre accionistas mientras se acumulan los desafíos económicos, deportivos e institucionales. Cada mes que pasa sin una salida clara supone un desgaste adicional para una entidad que necesita estabilidad de manera inmediata.

Por eso, más allá de las responsabilidades de quienes han intentado liderar esta operación, también resulta obligado mirar hacia el actual Consejo de Administración. La situación del Sevilla no es fruto de un episodio aislado, sino de una crisis prolongada que ha deteriorado la confianza de accionistas, aficionados y entorno social. Cuando una sociedad atraviesa un bloqueo de esta magnitud, los órganos de gobierno deben asumir su cuota de responsabilidad.

Precisamente por ello, lo más razonable sería que el Consejo pusiera sus cargos a disposición de los accionistas. No como un gesto dramático, sino como un ejercicio de responsabilidad y respeto hacia quienes son los legítimos propietarios del club. Corresponde a los accionistas decidir si desean ratificar a los actuales gestores o abrir una nueva etapa. Lo que resulta cada vez más difícil de justificar es la continuidad de una situación que no ofrece perspectivas claras de solución.

El Sevilla FC necesita transparencia, liderazgo y credibilidad. Necesita inversores solventes, propuestas consistentes y gestores capaces de generar confianza. Todo lo demás son maniobras que alimentan la incertidumbre. Y el Sevilla, en estos momentos, necesita exactamente lo contrario.

Francisco Cañabate Reche: “No hay ninguna duda, las vacunas salvan vidas”

Antonio Torres
Periodista

La relación entre la medicina y la literatura es una tradición histórica que en Almería tiene el ejemplo del doctor Francisco Cañabate Reche  (Almería, 1962). Pediatra de profesión, cuenta con una extensa producción científica de primer nivel, pero la literatura también es un campo en el que acumula experiencia. La novela Una historia de luz (Ed. Alhulía), portada atractiva firmada por su hija Virginia Cañabate Rabell, es su undécimo trabajo, tras una buena gavilla de relatos.  Plantea una reflexión sobre el ser humano, su entereza, su fragilidad, y su futuro; pero también habla sobre el azar, el destino, y las coordenadas en las que este transita.  La obra está protagonizada por Antonio López, un hombre al que un solo momento le transforma la vida, y por Adrián, un muchacho que intentará ayudarle, y no sabemos muy bien si lo consigue.

Francisco Cañabate, con los clubes de lectura de Agualdulce / Cañabate

Cañabate tiene un mensaje claro para los que aún dudan sobre la importancia vital que tienen las vacunas y afirma, amparándose en datos y en su experiencia: “Los niños son lo mejor del mundo porque representan el futuro de la humanidad”. “No hay ninguna duda, las vacunas salvan vidas”. “Hace años morían en Almería anualmente varios niños por sepsis, meningitis, y por otras afecciones potencialmente mortales que requieren de atención médica de emergencia como la infección bacteriana meningocócica, entre otras enfermedades”. “El Hospital Materno Infantil es una de las mejoras más importantes que se ha conseguido para la salud y la atención materna y del recién nacido”. Qué le dice el hecho de que los nuevos médicos eviten la Atención Primaria.  “Antes de rechazarla, deberían conocerla mejor. La Atención Primaria es la base de la salud de la población. Y si se hace bien en todos los ámbitos científico, asistencial y social. Desde la medicina primaria, se consiguen enormes resultados en salud para la población. Y puede ser una tarea apasionante”.

El pediatra ejerce actualmente en Atención Primaria, consulta de la Junta de Andalucía en la calle San Leonardo de Almería. Ha sido jefe de Servicio de Pediatría durante 11 años, y director asistencial de la Agencia Sanitaria Poniente casi ocho. En la serie estadounidense House se decía que el paciente siempre miente. “En cambio, los niños/s siempre tienen la verdad en los ojos. Afortunadamente los niños nunca mienten”. Cómo nos debemos dar cuenta cuando un niño llora por angustia, hambre y cuando es un lloriqueo tonto. “Tienes que saber distinguir un llanto fisiológico de otro patológico. La experiencia, conocimiento y estudio sirve para llegar a un diagnóstico”. “Si el bebé toma pecho, la naturaleza manda, La madre y el niño regulan su relación alimentaria de forma casi automática. De manera que la madre produce más leche cuando el bebé tiene hambre. Uno le pide y el otro le da”. “En los distintos trabajos, hay que proteger en espacios laborales amigables”. Qué le dice el sentir general de que aplaudimos a la sanidad pública a la que tan poco se cuida como afirmó el escritor Sergio del Molino. “Totalmente de acuerdo, todos aplauden a la sanidad pública, pero se cuida muy poco”.

Medicina y letras es una pareja de hecho a lo largo de la historia y tiene mucho que ver el contacto humano y la proximidad que se establece entre médico y paciente. “Todo va unido. Es cierto que la relación entre el médico y el paciente es algo tan especial que esa tarea apasiona y puede llenarte o hacerte una vida más feliz como médico. También, es cierto que en esa relación se tienen experiencias muy cercanas al dolor y al sufrimiento de los demás. Todo eso te hace reflexionar muy a menudo. Y ese es el punto de unión con la literatura. Si te gusta leer desde muy pequeño, como es mi caso, y reúnes experiencias vitales, lo normal es que termines por querer escribirlas y así es como pasas de lector empedernido a escritor en potencia”. 

El pediatra es un gran comunicador. Tuvo sus pinitos en la Cadena SER Almería en 1993 con un programa semanal de servicio público, gracias a la autorización que le prestaron los entonces responsables del Distrito de Aguadulce donde ejerció como médico pediatra. Su primera publicación fue un libro de relatos en 1998 con El burlador del tiempo, al que siguieron La sonrisa secreta de la luna; el libro de relatos El grito y las novelas El arco iris de Rubens, Las miradas cruzadas e Instrucciones para conocer realmente a alguien, entre otros.  En Sueños encadenados, editado en Salobreña por Alhulia, José Antonio Santano, afirma: “Cañabate Reche se nos muestra tal es, sin aditamentos ni disfraz que disimule o desfigure su creatividad y capacidad narradora, su singular voz, que puede distinguirse por las formas oracionales y su sentido filosófico de la vida”.  Además, Cañabate ha realizado distintas colaboraciones, publicando relatos de forma habitual en revistas literarias. La publicación mensual Cuadernos de Caridemo le dedicó un número monográfico publicando el relato largo Un pie en el infinito. El poeta Miguel Ávila Cabezas afirma sobre la última novela del pediatra: “Según nos vamos sumergiendo en cada una de las 365 páginas (como los días del año) de que consta la obra, dividida en tres libros, la recreación de las peripecias de los distintos personajes que mantienen viva la trama narrativa se despliega ante nosotros como en una suerte de story board cinematográfico en el que cada cual es contemplado, según su estado de ánimo y actitud, ante lo que es y lo que habrá de ser en un futuro no muy lejano, en distintos planos, de entre los cuales yo destacaría especialmente el picado que se proyecta sobre el personaje de mayor edad como signo de soledad, incomprensión y abandono hacia su persona”. Una historia de luz ha viajado por las ferias del libro de Almería, El Ejido, Adra y presentaciones en Aguadulce. El 12 de junio estará acompañado por Ramón Crespo, colaborador de La Voz en la Biblioteca José María Artero.

Francisco Cañabate tuvo una infancia feliz. Creció fuerte. Le gustaba jugar, correr en las calles desiertas de El Alquián, donde su madre era maestra. Leyó pronto, y aquel galimatías de trazos superpuestos le atrapó sin remedio. Mucho tiene que ver en esa escaramuza de la importante biblioteca de su abuelo. En el norte de la provincia de Almería, en Urracal, pasaba los veranos y allí leyó a Salgari, a Verne, a Scott. Aquel placer, que le robaba el sueño y le hacía ser feliz le llevó a la escritura. Al tiempo que jugaba al ajedrez y que seguía estudiando, desde la adolescencia escribió cosas; no pensó en publicarlas, pero le sucedió. “Mi abuelo era agricultor con una inteligencia natural, una personalidad arrolladora, una de esas pocas personas extraordinarias con las que uno se encuentra de vez en cuando”.