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Movistar Plus: "Gracias, Telecinco"

Tania Artajo
@opinionalmeria

El documental La más grande, la serie original de Movistar Plus sobre la vida de Rocío Jurado, está logrando un éxito rotundo en la plataforma. A pocas horas de su estreno, cada capítulo se ha colocado como el documental más visto de Movistar Plus. Con tres episodios ya disponibles y el cuarto programado para el próximo jueves, la producción está generando un impacto notable entre el público.

Cada capítulo de "La Más Grande" se coloca como el documental de Movistar Plus más visto a las pocas horas de su estreno

Rocío Carrasco, hija de la artista y coproductora ejecutiva del proyecto, ha concedido cerca de media centena de entrevistas a todos los medios para dar a conocer el trabajo. Sin embargo, entre los profesionales del sector audiovisual hay un caso que está siendo especialmente comentado: el de Telecinco.

La principal cadena de Mediaset no ha contado con la participación de Rocío Carrasco en ninguno de sus programas para promocionar el documental. Pese a ello, la programación de Telecinco ha dedicado decenas de horas a hablar de La más grande. En un medio donde las cadenas suelen ser extremadamente escrupulosas a la hora de tratar productos de la competencia, Telecinco ha convertido este título en un caso excepcional.

Familiares cercanos a la artista han pasado por los platós de la cadena para opinar largo y tendido sobre la producción de Movistar Plus. Amador Mohedano, Gloria Camila Ortega, Rosa Benito y Rocío Flores han dedicado amplios espacios a analizar el documental. También lo han hecho José Ortega Cano y Chayo Mohedano. Todos ellos han contribuido a mantener el tema en la agenda informativa y de debate durante días.

Esta cobertura masiva, generada sin que Rocío Carrasco haya tenido que sentarse en un plató de Telecinco para promover su propio trabajo, representa un valor promocional incalculable. Si Movistar Plus hubiera tenido que pagar por una campaña de esa magnitud en televisión en abierto, el desembolso habría sido millonario. En su lugar, la competencia está haciendo el trabajo por ella, manteniendo vivo el interés del público y amplificando el alcance del documental más allá de los suscriptores de la plataforma.

El fenómeno resulta aún más llamativo porque Telecinco no se ha limitado a una mención puntual. Ha convertido La más grande en un asunto recurrente en su parrilla, con intervenciones de distintos miembros de la familia que han generado conversación y, en algunos casos, polémica. El resultado es una promoción orgánica y constante que pocos productos ajenos a Mediaset han recibido en los últimos tiempos.

Mientras Movistar Plus celebra el éxito de audiencia de su serie documental, el sector observa con atención este caso atípico. La más grande no solo está triunfando por su calidad y por el material inédito aportado por Rocío Carrasco. También lo está haciendo, en buena medida, gracias a una cobertura que su principal competidor en televisión tradicional le está regalando.

"Gracias, Telecinco", dicen en Movistar Plus.

Eliminar las clases de árabe: una forma de islamofobia institucional

José Francisco Cano de la Vega
Coordinador de Sumar en Almería 

La decisión de la Junta de Andalucía de eliminar el Programa de Lengua Árabe y Cultura Marroquí de los centros educativos andaluces no es una medida educativa, sino una decisión política. Y, lo que es más preocupante, es una decisión que solo puede entenderse a la luz del pacto de gobierno entre el Partido Popular y Vox, un acuerdo que ha incorporado a la acción del Ejecutivo andaluz buena parte del discurso de la extrema derecha sobre inmigración e identidad nacional y que pone de manifiesto la falsedad de la imagen “centrista” de Juanma Moreno. 

No estamos hablando únicamente de la supresión de unas clases optativas dirigidas a alumnado de origen marroquí. Estamos hablando del mensaje que transmite una administración pública cuando señala una lengua y una cultura como prescindibles, incómodas o incompatibles con la convivencia. Ese mensaje tiene un nombre: islamofobia institucional. 

Almería debería ser precisamente la última provincia donde se impulsaran decisiones de este tipo. Nuestra historia reciente demuestra todo lo contrario. Somos una tierra construida sobre la convivencia y sobre el esfuerzo compartido de miles de personas llegadas de otros países que hoy forman parte inseparable de nuestra realidad social y económica. 

Los datos son elocuentes. Almería es la provincia andaluza con mayor peso relativo de población nacida en el extranjero: más de 203.000 personas, lo que representa alrededor del 26 % de la población provincial. 

Dentro de esa realidad, la comunidad marroquí constituye el principal colectivo extranjero de la provincia. Decenas de miles de ciudadanos y ciudadanas de origen marroquí viven, trabajan, pagan impuestos, emprenden negocios, escolarizan a sus hijos y participan activamente en la vida de nuestros municipios. 

Basta recorrer El Ejido, Níjar, Roquetas de Mar, Vícar, La Mojonera, Pulpí o la propia capital para comprobar que la integración no es un eslogan: es una realidad cotidiana. Sin la aportación de esta comunidad sería sencillamente imposible entender el modelo económico almeriense. 

La agricultura intensiva, motor económico de la provincia y responsable de una parte muy importante de las exportaciones agroalimentarias españolas, depende desde hace décadas del trabajo de miles de personas inmigrantes, muchas de ellas de origen marroquí. También ocurre en sectores como la construcción, la hostelería, la logística, el comercio o los cuidados. 

Quienes hoy recogen nuestros tomates, pepinos, pimientos o calabacines son, en muchos casos, los padres y madres de niños que estudian en los colegios públicos andaluces. ¿De verdad alguien cree que favorecer la integración consiste en impedir que esos alumnos conozcan también la lengua y la cultura de sus familias? 

La experiencia educativa internacional demuestra exactamente lo contrario. Mantener el vínculo con la lengua materna favorece el aprendizaje, mejora el rendimiento escolar, fortalece la autoestima y facilita una integración mucho más sólida en la sociedad de acogida. 

Por eso resulta especialmente grave que el Gobierno andaluz utilice la educación como campo de batalla ideológico. Y no es casualidad que esta medida aparezca recogida expresamente en el acuerdo de gobierno firmado entre PP y Vox, junto a otras iniciativas dirigidas a endurecer las políticas migratorias, introducir el principio de "prioridad nacional" en las ayudas públicas o reforzar un relato que identifica inmigración con “problema social”. 

Cuando una administración empieza a seleccionar qué culturas merecen reconocimiento y cuáles deben desaparecer del espacio público, deja de gobernar para todos. Y, cuando eso sucede, perdemos todos. 

La diversidad cultural nunca ha sido una amenaza para Almería. Al contrario, ha sido uno de los factores que explican su crecimiento demográfico, económico, cultural y social durante las últimas décadas. 

Lo verdaderamente peligroso es alimentar el miedo al diferente para obtener rédito político. Porque hoy se eliminan unas clases de árabe y mañana se cuestionará cualquier otra manifestación de diversidad cultural. Y pasado mañana habrá quien pretenda convencernos de que el problema no son las desigualdades sociales, la precariedad laboral o la falta de vivienda, sino quienes tienen un nombre distinto o rezan de otra manera. 

Desde Movimiento Sumar Almería defendemos una provincia abierta, plural e inclusiva. Una Almería que no olvida que miles de familias marroquíes forman ya parte de nuestra comunidad y de nuestro futuro. 

La convivencia no se construye borrando culturas. Se construye con más educación, más igualdad y más respeto. Y, precisamente por eso, eliminar el Programa de Lengua Árabe y Cultura Marroquí supone un paso atrás que no hace una Andalucía más fuerte, sino una Andalucía más dividida.

Dignidad escolar

Fátima Herrera
Portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Almería

El reciente anuncio municipal de un plan de reformas para quince colegios de la ciudad ha dejado al descubierto una grieta incómoda: la de aquellos centros que se han quedado fuera de la foto oficial. La pregunta que flota en el aire no es por qué se actúa en esos quince centros -medida, sin duda, urgente y necesaria-, sino bajo qué criterio ético se condena al olvido a todos los demás. 

La educación pública debería ser el territorio de la igualdad absoluta, el único lugar donde el origen de un niño no determine su destino. Sin embargo, la dignidad de las aulas pare-ce haberse convertido en una lotería. Centros como el CEIP Ginés Morata o el CEIP de El Puche han quedado excluidos. En sus aulas, el inicio del curso en septiembre no promete el brillo de la pintura fresca, sino la rutina de convivir con las goteras y los desperfectos de siempre. Excluir a estos centros del plan de choque envía el mensaje implícito de que hay estudiantes cuyas necesidades pueden esperar un año más. O una legislatura más. La brecha invisible. 

La alcaldesa prefiere el impacto inmediato de la pantalla del móvil al beneficio silencioso de la baldosa arreglada. Mientras las partidas para el mantenimiento básico de los colegios se han racionado con cuentagotas durante años, nunca ha faltado liquidez para el marketing, el postureo digital y los eventos de diseño. Las familias y las AMPA de Almería no exigen lujos ni proyectos faraónicos, sino algo tan elemental como que sus hijos estudien en un entorno digno. 

La verdadera gestión no se mide en el número de likes de una publicación institucional, sino en la tranquilidad de unos padres al dejar a sus hijos en la puerta del colegio. No podemos permitirnos una Almería de dos velocidades, donde la calidad del entorno educativo dependa del código postal. El próximo septiembre, cuando el timbre vuelva a sonar, todos los niños de esta ciudad merecen cruzar el umbral de un colegio seguro y digno. Cualquier otra cosa será, simplemente, suspender en justicia social.

Las portadas de los tres periódicos de Almería

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Cada mañana se pueden adquirir tres periódicos de papel que tratan sobre los temas de Almería y su provincia. El decano es  La Voz de Almería , que es también el que tiene mayor difusión. El segundo por el número de lectores es  Ideal,  el periódico con sede en Granada, que tiene una edición especial para Almería. El tercero en difusión es el más joven -que recuperó el nombre de una cabecera histórica-, Diario de Almería, que pertenece al Grupo Joly, propietario de cabeceras en casi todas las provincias andaluzas:




La Más Grande, acto III

Alba Haro
@opinionalmeria

Hay un momento en el tercer capítulo de La Más Grande en el que el documental deja de contar la vida de Rocío Jurado para mostrar el precio de ser Rocío Jurado. Es, probablemente, el episodio más íntimo de los tres estrenados hasta ahora y también el que mejor explica la contradicción que marcó la última gran etapa de la artista: mientras su carrera seguía alcanzando cotas extraordinarias, su vida privada se convertía en un territorio cada vez más expuesto.

Rocío Jurado /Movistar Plus

Este tercer acto recorre el periodo comprendido entre el divorcio de Pedro Carrasco y el descubrimiento del cáncer que cambiaría para siempre el rumbo de su historia, una enfermedad detectada cuando se disponía a actuar en las Fiestas Colombinas de Huelva. Son años de plenitud profesional, pero también de profundas sacudidas personales.

El documental dedica buena parte de su metraje al nacimiento de su relación con José Ortega Cano y a una boda que España vivió casi como un acontecimiento de Estado. Frente a la imagen festiva que permaneció en la memoria colectiva, la serie incorpora los episodios más dolorosos que rodearon aquel matrimonio, como el aborto que sufrió poco después de casarse. También aborda la llegada de Gloria Camila y José Fernando, cuya adopción supuso para Rocío Jurado la realización de uno de sus grandes deseos: volver a ser madre.

Uno de los mayores aciertos del capítulo es mostrar cómo, paralelamente, estaba cambiando el ecosistema mediático español. La prensa del corazón dejaba atrás una etapa de cierta complicidad para abrazar un modelo mucho más agresivo, basado en la confrontación permanente. Rocío Jurado nunca terminó de comprender esa transformación. Ella, acostumbrada a atender con educación y cercanía a los periodistas durante toda su carrera, no entendía por qué aquellos mismos medios convertían ahora cualquier gesto en motivo de polémica. El documental retrata bien esa sensación de desconcierto de una mujer que había hecho de la naturalidad una forma de relacionarse con la prensa y que acabó sintiéndose permanentemente cuestionada.

En medio de esa inestabilidad apareció Yerbabuena como refugio. La finca de José Ortega Cano terminó convirtiéndose también en el proyecto personal de Rocío Jurado. Invirtió en ella importantes cantidades de dinero, la transformó a su gusto e impulsó incluso la construcción de la ermita donde ambos contrajeron matrimonio. Más que una residencia, Yerbabuena simbolizaba la búsqueda de la tranquilidad que la artista ya apenas encontraba fuera de sus muros.

La otra vía de escape fue América. Especialmente Hispanoamérica, donde seguía siendo recibida con una admiración casi reverencial. Mientras en España cada movimiento suyo alimentaba titulares, al otro lado del Atlántico continuaba siendo, simplemente, una cantante inmensa. El documental recuerda esa dualidad con imágenes de actuaciones que evidencian que, lejos del ruido mediático, Rocío Jurado seguía siendo una de las voces más admiradas del mundo hispano.

El capítulo III otorga un protagonismo especial a José Ortega Cano / Movistar Plus

Resulta especialmente significativo que el relato otorgue un peso importante a dos figuras fundamentales de aquella etapa: José Ortega Cano y Amador Mohedano. Ambos aparecen como piezas imprescindibles para comprender esos años, aunque ninguno haya querido participar en la producción al conocer que detrás del proyecto se encontraba Rocío Carrasco. La serie resuelve esa ausencia recurriendo a abundante material de archivo, entrevistas históricas y testimonios ya conocidos, demostrando que, cuando existe un sólido trabajo de documentación, los silencios también pueden formar parte del relato.

Este tercer capítulo confirma además cuál parece ser la principal virtud de La Más Grande: no pretende construir un ajuste de cuentas ni un homenaje complaciente. Busca contextualizar a un personaje irrepetible dentro de una España que también estaba cambiando. La evolución de la televisión, la transformación de la prensa del corazón y el creciente interés por convertir la intimidad de los famosos en un espectáculo aparecen aquí como elementos inseparables de la propia biografía de Rocío Jurado.

Cuando el episodio concluye con el diagnóstico que precede a su actuación en Huelva, el espectador sabe que el documental entra ya en su tramo más difícil. Porque la historia de la artista continúa, pero también comienza el relato de su despedida. Y pocas despedidas han sido tan públicas, tan compartidas y tan profundamente sentidas como la de quien, con toda justicia, sigue siendo La Más Grande.