Las portadas de los tres periódicos de Almería
Felipe González: abrazos y memoria
Cada vez que Felipe González
habla, el PSOE contiene la respiración. No por lo que dice, sino por quién lo
dice. Un expresidente no opina desde una tertulia: opina desde el peso de la
historia. Y cuando ese peso se usa para exigir dimisiones sin pisar una urna,
la democracia empieza a escuchar ecos que creía superados.
Los dos planos
Qué extraño protagonismo el de
Felipe González. Como militante, tiene todo el derecho a pedir la dimisión de
su secretario general, Pedro Sánchez. Faltaría más. La crítica interna es
oxígeno democrático.
Nadie con memoria puede negar
su papel en la Transición, la OTAN, la UE y la modernización de España.
Precisamente por ese capital político inmenso, su palabra se mide con un rasero
distinto al de cualquier otro militante.
Quizá sea por eso que una
parte del país sigue buscando en la voz
de González un faro de certidumbre en mitad del oleaje actual. Para
muchos de quienes vivieron la modernización de los ochenta, su palabra evoca un
tiempo de consensos rotos hoy. No le piden análisis: le piden memoria. Y esa
memoria, con sus luces y sus sombras, sigue teniendo crédito para una España
que desconfía de sus nuevos dirigentes.
Lo que no tiene es derecho a
confundir los planos. Una cosa es Ferraz y otra La Moncloa. Exigir la dimisión
del presidente del Gobierno desde la tribuna de exjefe del Ejecutivo es
saltarse la línea que separa al militante del hombre de Estado. Sánchez es
presidente por la investidura del Congreso.
Un expresidente no pierde su
libertad de expresión, pero adquiere una responsabilidad añadida. Sus palabras
pesan en la historia de este país. Por eso, reclamar la dimisión de un gobierno
legítimo exige coherencia con su propia hemeroteca. Que nadie se confunda: no
se pide silencio a González. Se pide coherencia. Pedir la cabeza del presidente
no es una opinión más cuando la hace quien ocupó ese despacho durante catorce
años.
La hemeroteca
Si reclama coherencia moral,
tiene hemeroteca para empezar. En 1998 acudió a la cárcel de Guadalajara para
abrazar a José Barrionuevo, condenado por el secuestro de Segundo Marey. Fue el
Caso GAL, un caso de terrorismo de Estado y fondos reservados. Un atentado a
los valores de un gobierno democrático. Aquel abrazo quedó en la memoria como
un gesto de lealtad personal frente a una condena que golpeó el corazón mismo
del Estado.
No se trata de equiparar casos
judiciales. El GAL fue terrorismo de Estado; el caso Koldo destapó mordidas. Se
comparan gestos políticos. La foto que un expresidente elige hacerse ante la
Justicia es un mensaje institucional. Y los mensajes de un expresidente nunca
son inocentes.
Pedro Sánchez no ha pisado
ninguna prisión ni buscado una foto junto a José Luis Ábalos, exministro
condenado por el Tribunal Supremo a 24 años y 3 meses de prisión en la trama de
las mascarillas por delitos de organización criminal, cohecho, malversación y
tráfico de influencias. Lo expulsó del partido, lo apartó del grupo y dejó
actuar a la justicia sin amparo público. Entre un abrazo en 1998 y esta
distancia hay una forma distinta de entender la política y la responsabilidad
ante la ley.
Tampoco ayuda a esa autoridad
moral que, tras abandonar La Moncloa, ocupara un sillón en el consejo de Gas
Natural Fenosa, hoy Naturgy, con 126.500 euros anuales hasta 2015. Todo legal.
Pero la ejemplaridad política rara vez se agota en la legalidad.
La influencia de un
expresidente no se mide en votos ni en escaños. Se mide en la capacidad de
marcar el debate público desde la autoridad acumulada durante años de gobierno.
Por eso, cuando reclama ejemplaridad a otros, resulta inevitable contrastar sus
palabras con su propia trayectoria. Un expresidente tiene un capital inmenso:
la palabra.
Por eso debe medirla más que
nadie y rendir respuestas que nunca llegaron. No asumió responsabilidades
políticas por los GAL más allá de decir que se enteró por la prensa. Tampoco ha
hecho una reflexión pública de fondo sobre decisiones que contribuyeron a
erosionar la confianza de muchos ciudadanos en sus dirigentes. Y hoy reclama
una ejemplaridad que su etapa no siempre practicó. Son hechos, no preguntas. En
democracia, los hechos pesan más que los abrazos.
La democracia española no necesita tutores. Necesita memoria. Y la memoria exige coherencia. Si no, lo que queda es ruido. Y de ruido, en España, vamos sobrados. Porque cuando Felipe González habla, no habla solo un militante socialista. Habla un expresidente del Gobierno. Y precisamente por eso importa lo que dice. Y pesa más lo que calló.
Rocío Carrasco, símbolo de fortaleza y resiliencia
La imagen pública de Rocío Carrasco atraviesa uno
de los momentos de mayor reconocimiento. Lejos
de quedar anclada en las polémicas que durante años marcaron su presencia
mediática, la hija de Rocío Jurado ha conseguido abrir una nueva etapa
profesional basada en proyectos culturales, documentales y formatos de
entretenimiento que están consolidando una percepción muy distinta de su
figura.
| Rocío Carrasco, esta semana, en Onda Madrid |
Esa transformación ha sido analizada por la
revista Lecturas en un artículo firmado por su director digital, José
Confuso, bajo el título «Un experto en comunicación: Rocío Carrasco pasó de
ser vista como un personaje enigmático a convertirse en un símbolo de fortaleza
y resiliencia. El público percibe su buena actitud».
El trabajo recoge el análisis del experto en
imagen y marca personal Pau Sabaté, quien sostiene que la evolución de Rocío
Carrasco representa uno de los cambios de posicionamiento más relevantes de la
televisión española en los últimos años. A su juicio, desde su regreso en 2021
«pasó de ser vista como un personaje enigmático a convertirse en un símbolo de
fortaleza y resiliencia», gracias a una estrategia basada en la autenticidad y
en la construcción de una identidad propia.
Sabaté considera que actualmente Rocío Carrasco
transmite «seguridad, carácter e identidad propia», proyectando una imagen
mucho más sólida y autónoma que la que durante años estuvo condicionada por la
controversia. Esa percepción se ha visto reforzada, según explica, por una
comunicación más cercana, alternando grandes apariciones públicas con otras
mucho más naturales, sin artificios y alejadas del exceso de exposición
mediática.
El experto también destaca que programas como Bake
Off y Hasta el fin del mundo han permitido descubrir una faceta
distinta de la protagonista. Su participación en estos formatos ha demostrado,
según afirma, que puede conectar con el público sin recurrir al conflicto. De
hecho, sostiene que «el público percibe su buena actitud y la interpreta como
un giro hacia algo más positivo y constructivo», dejando atrás una imagen
asociada casi exclusivamente a la confrontación para vincularla ahora con
valores como la superación personal, la capacidad de adaptación y la
resiliencia.
Otro de los aspectos subrayados por Pau Sabaté es
la oportunidad que tiene Rocío Carrasco para consolidarse como una figura
televisiva renovada e independiente del peso de su apellido. Sus actuales
proyectos, entre ellos el documental dedicado a Rocío Jurado y la serie sobre
Pedro Carrasco, pueden reforzar esa evolución siempre que continúe apostando
por una comunicación basada en la autenticidad y en la cercanía con el público.
La conclusión del experto resulta especialmente
significativa. Advierte de que la televisión siempre entraña riesgos y que
determinados momentos pueden magnificarse mediáticamente, pero considera que,
si mantiene la coherencia de esta nueva etapa, Rocío Carrasco podrá consolidar
definitivamente una imagen mucho más positiva y menos dependiente de las
controversias del pasado.
Precisamente por ello llama la atención que,
mientras diversos analistas destacan esta evolución favorable, algunos espacios
televisivos continúen reabriendo debates que parecían ampliamente conocidos por
la audiencia. Este mismo fin de semana, una colaboradora del programa Fiesta,
de Telecinco, afirmó no comprender cómo Rocío Carrasco no mantiene relación con
sus hijos, pese a que la propia cadena ha dedicado durante años numerosos
programas a explicar el complejo proceso familiar que desembocó en esa
situación.
Es legítimo que existan opiniones diferentes sobre
Rocío Carrasco, pero también resulta razonable preguntarse si insistir de nuevo
en ese aspecto de su vida personal contribuye a ofrecer una visión equilibrada
de su realidad actual o, por el contrario, desplaza el foco de una etapa
marcada por sus proyectos profesionales y por el éxito de los homenajes
dedicados a la memoria de Rocío Jurado. En esa medida, puede interpretarse que
determinados discursos pretenden cuestionar la nueva percepción pública que está
alcanzando, insistiendo en una narrativa que buena parte del público considera
ya suficientemente conocida.
En cualquier caso, el análisis publicado por Lecturas, firmado por José Confuso y sustentado en las valoraciones de Pau Sabaté, pone de manifiesto una realidad difícilmente discutible: Rocío Carrasco ha conseguido modificar de forma sustancial su imagen pública. Hoy es percibida por una parte importante de la audiencia como una mujer que ha sabido reconstruirse tras años de enorme exposición mediática, convirtiéndose en un referente de fortaleza, resiliencia y capacidad de reinvención. Todo indica que esa transformación ya forma parte de su identidad pública y que será ese nuevo perfil, más que las viejas polémicas, el que marcará el futuro de su trayectoria. A pesar de que haya una cadena de televisión empeñada en promocionar la intervención de personajes que se resisten a aceptar la nueva realidad personal y profesional de la hija de La Más Grande.
El Gobierno facilita que familiares de María Asensio accedan a indemnizaciones
El Gobierno reconoce por vez primera a 63 víctimas de la Transición e
incluye el caso Almería y a María Asensio de Overa. Las primeras grandes manifestaciones
por el agua en los inicios democráticos trajeron tragedias. María Asensio de
Huércal Overa murió víctima de un pelotazo de goma. La primera
reacción la recogemos en exclusiva del actual secretario de Estado de
Memoria Democrática del Gobierno de España, Fernando Martínez López, uno de los
padres e impulsor de la Memoria, catedrático y exalcalde de Almería, quien
mostró su alegría por el avance de la comisión y la luz que se le abre a las
familias, víctimas de la violencia. Francisco Javier Mañas Morales, el
hermano de Juan Mañas, el almeriense de Pechina, una de las víctimas del caso
Almería, subrayó en exclusiva que celebran la resolución de la comisión que
lleva varios años trabajando: “Los familiares de las 63 víctimas de la
violencia policial y de la ultraderecha reconocidas por el Gobierno, nos hemos
enterado de la noticia por los medios de comunicación. El esperado reconocimiento
salda una deuda pendiente del Estado para con las víctimas, aunque no la deuda
de justicia. Permanecemos a la espera de que el Estado lo comunique de forma
oficial y directa a las familias”. Mañas pide que se acelere todo porque los
familiares directos de las víctimas que buscaron libertad y democracia van
falleciendo. Una vez concluido el trabajo de la comisión de estudio, el
Gobierno impulsará el “acceso a la verdad judicial mediante los instrumentos de
jurisdicción voluntaria que prevé la Ley de Memoria Democrática”.

Fernando Martínez preside la comisión / Gobierno de España
El documento oficial que obra en nuestro poder se denomina “Informe de la
Comisión sobre las vulneraciones de Derechos Humanos acaecidas en el periodo
comprendido entre la entrada en vigor de la Constitución española (29 de
diciembre de 1978) y el 31 de diciembre de 1983”. Elaborado en aplicación de la
Ley de Memoria Democrática. Incluye a María Asensio Morales, de 29 años, madre
de dos hijos, casada con Baltasar Venancio Sánchez Alarcón, de 37 años,
vendedor de frutas ambulante, en la madrugada del 4 de marzo de 1981, junto a
las mujeres y niños de las casas de Los Menas, en la barriada de Overa, en el
término municipal de Huércal-Overa, salieron al camino para impedir que
Explotaciones Agrícolas Cuevas de Almanzora, Sociedad Anónima utilizara su
agua. Tras una asamblea celebrada en el cortijo de María Molina donde se
decidió que se continuaran las protestas ante una empresa que “venía a robarles
el agua. Todo con informes judiciales favorables y en contra de los
agricultores y jornaleros de la zona. En el transcurso de los incidentes,
protagonizados por 80 vecinas y las fuerzas de la Guardia Civil, murió María
Asensio. La vecina Mari Carmen Parra relató: “Estaba muy cerca de ella. Vestía
pantalones y un jersey oscuro. La reconocí porque su cabello era rubio. De
pronto, dio un brinco en el aire. Giró, como giran los protagonistas de las
películas de vaqueros, cuando son alcanzados por una bala. Todo estaba lleno de
humo de los gases. No se oía otra cosa que los disparos de las bolas de goma y
los gritos de las mujeres. Pensé que se había desmayado, me arrodillé junto a
ella, le tomé la cabeza y entonces me di cuenta de que tenía la cabeza abierta
como una granada. Estaba desangrándose. Desde la margen del camino un Guardia
Civil me apuntaba con el arma. Me dijo que la soltase. Quería llevármela.
Empecé a gritar: `Vámonos, que van a matamos a todos´. Durante todo el día la
Guardia Civil estuvo recogiendo los casquillos de bala y las pelotas de goma
del suelo. Aún ahora, de vez en cuando, entre los naranjales encontramos
algunas de aquellas bolas. Todo pasó en menos de 10 minutos”. A María Asensio
se la llevaron aquel 4 de marzo de 1981 Hospital de Huércal Overa y falleció 19
días después en el Hospital Clínico Universitario Virgen de la Arrixaca de
Murcia. El director de LA VOZ Pedro Manuel de la Cruz tenía en dicho hospital
un amigo médico, natural de Albox, que desmintió la versión oficial. De la Cruz
y quien firma, visitamos al entonces teniente coronel de la Guardia Civil
pidiendo explicaciones para nuestros medios de entonces. Nos abrazó llorando y
nos entregó una cuartilla en la que explicaron que la mujer, me acuerdo
perfectamente, podría haberse golpeado corriendo de espaldas con un objeto
metálico que bien pudo ser una pieza de arado”. Ese jefe era Castillo Quero, el
mismo que dos meses y seis días después, estaba al frente del caso Almería y
nos dejó perplejos, llenos de dudas, hasta que se investigaron las mentiras.
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| El almeriense José Antonio Martínez Soler forma parte de la comisión / Gobierno de España |
El periodista José Antonio Martínez Soler (Almería, 1947) ha formado parte
de dicha comisión, presidida por su paisano Fernando Martínez. Este
lunes estará en el PITA con Cajamar y descansa varios días en Dalias con su
amigo Antonio Cantón para ir perfilando su nuevo libro La Transición
para jóvenes que saldrá en septiembre, según me adelantó el
viernes. ¿Descubrió algún caso que desconocía durante las sesiones de
trabajo de la comisión?, le preguntó en la contraportada de El País del pasado
lunes Natalia Junquera: “Sí. Y los detalles sobre las víctimas que luchaban por
consolidar la democracia me removían las tripas. También incluimos en otro
apartado las que, como en el caso Almería sufrieron violación de derechos
humanos a causa de los patrones de conducta antidemocrática, impunidad y
gatillo fácil de policías, guardias civiles y grupos de extrema derecha. El
informe es solo un primer paso. El Gobierno debería seguir avanzando para
reconocer y reparar el daño causado a todas las víctimas durante la Transición,
que no fue tan pacífica como algunos nostálgicos piensan”. Otro caso que le
conmovió fue el del asesinato de Javier Verdejo Lucas en su Almería natal en
1976. “Apareció un guardia civil y le atravesó la garganta con un fusil. El
gobernador civil lo tapó todo, dijo que el guardia tropezó y que se le había
disparado el arma. Se llamaba Roberto García Calvo y años más tarde el PP lo
promovió para ocupar un puesto en el Tribunal Constitucional. Que alguien que
tapa crímenes terminara ahí duele. ¿Cómo va a impartir justicia alguien así?”.
Martínez Soler sufrió torturas y secuestros en esos años de violencia
antidemocrática.
El exjuez de Instrucción de Almería, Baltasar Garzón, actual abogado y exjuez de la Audiencia Nacional, acaba de publicar La democracia amenazada (Planeta). En declaraciones a Leonor Mayor admite que la democracia está amenazada por la corrupción, “pero también por el negacionismo de la memoria democrática”. “Me duele que en este país cueste tanto asumir que hubo una dictadura feroz y que se sigan poniendo palos en el camino para reparar a las víctimas”. Con este informe se ha dado un primer paso valiente y necesario para fortalecer al Estado social y democrático, según el catedrático de Derecho Penal Landa Gorostiza.
Un subdelegado desconectado de la realidad
La proliferación de cultivos domésticos de droga en Almería capital no es solo un problema de delincuencia; es una crisis social que exige una respuesta inmediata y contundente de la administración responsable, que es el Gobierno de España. En estos días iniciales de verano, con una ola de calor que acarrea el incremento de consumo eléctrico en los hogares y negocios por el uso del aire acondicionado, miles de almerienses sufren las consecuencias de la sobrecarga que suponen los enganches ilegales que emplean los delincuentes para el cultivo de las plantas.
La falta de un control efectivo sobre estas actividades ilegales ha permitido que se hayan asentado en muchos barrios, generando un clima de inseguridad y miedo entre los vecinos. Los cultivos de marihuana no solo representan un desafío legal, sino que también traen consigo una serie de problemas colaterales que perjudican la vida cotidiana de quienes viven en las zonas afectadas. Desde el aumento de la delincuencia hasta la degradación de los espacios públicos, los efectos son devastadores.
Estas plantaciones ilegales requieren un enorme consumo energético, lo que ha llevado a la saturación de la red eléctrica en muchos puntos de nuestra ciudad. Como consecuencia, hemos sufrido cortes de luz que afectan a miles de hogares, poniendo en riesgo la salud de familias enteras, especialmente en momentos de altas temperaturas. Esta crisis energética, que se repite verano tras verano, no puede ser minimizada ni ignorada.
En pleno siglo XXI, es inaceptable que en una ciudad como Almería, que se esfuerza por seguir creciendo y prosperando, haya ciudadanos que se vean obligados a vivir bajo la amenaza constante de actividades delictivas que comprometen su bienestar e incluso amenacen su vida, como los usuarios de respiradores médicos que dejan de funcionar cuando se produce un apagón. Por todo ello es urgente que el subdelegado del Gobierno en Almería, José María Martín, asuma de una vez su competencia directa en este asunto y adopte medidas concretas y efectivas para acabar con este problema. Para ello sabe que siempre ha contado y podrá contar con la colaboración leal del Ayuntamiento y el apoyo de su Policía Local.
Pero el representante del Gobierno de Sánchez en Almería debe dejarse de contemplaciones y dejar de estar desconectado de una realidad que nos afecta a todos. La presencia de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado debe ser reforzada en nuestras calles, y se deben implementar operativos específicos que garanticen la erradicación de estas actividades delictivas, contando como siempre con el respaldo de la Policía Local que depende del Ayuntamiento.
Los almerienses exigimos que la administración responsable actúe con la urgencia y la determinación que la situación exige, porque la seguridad y el bienestar de nuestros vecinos no pueden esperar más. Las familias almerienses no pueden seguir sufriendo cortes continuos de luz por culpa de quienes cultivan marihuana. Solidarizándome con los miles de vecinos afectados, quiero que sepan que el Ayuntamiento está aquí para defender sus intereses.
No podemos permitir que la delincuencia y la falta de acción por parte de quienes tienen la responsabilidad de proteger a la ciudadanía sigan afectando a la calidad de vida de miles de almerienses. Es hora de que quienes tienen la responsabilidad de proteger a los ciudadanos de Almería actúen con firmeza, porque la inacción no es una opción. La lucha contra el cultivo de droga en nuestros barrios es una cuestión que nos concierne a todos, y el momento de actuar es ahora.








