Anna Gurguí, escritora y
comunicadora, es, pese a su juventud, una persona muy familiar en los hogares
españoles. Su trayectoria profesional se ha consolidado como una voz especializada en el
análisis del mundo del corazón y del fenómeno influencer, abordando
la actualidad con una mirada crítica, rigurosa y cercana que busca generar
reflexión y debate más allá del titular.
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| Anna Gurguí / Loa |
Anna inició su trayectoria televisiva en Ten, primero como colaboradora en Tentáculos y posteriormente en No Somos Nadie. Actualmente colabora, entre otros programas, en D Corazón (La 1 de RTVE), L'Altaveu (La 2 Catalunya) y Bon Dia i Bona Sort, de Ràdio 4 (RNE).
A lo largo de su carrera ha
destapado y analizado historias que han marcado la conversación social y
mediática en España, defendiendo una forma de entender la información del
entretenimiento que va más allá del simple salseo: utilizando la actualidad de los
personajes públicos para abrir conversaciones sobre comunicación, redes
sociales, igualdad, influencia, reputación y los cambios sociales que reflejan
nuestras figuras mediáticas.
Compagina su labor en los
medios con la representación internacional de autores y la negociación de
derechos editoriales a través de su agencia literaria, manteniendo un vínculo
constante entre el mundo editorial y el de la comunicación.
La Opinión de Almería
ha hablado largo y tendido con Anna Gurguí.
Pregunta: El declive de Telecinco
comenzó con la ruptura del “mundo Sálvame”. ¿Consideras que hay una
causa-efecto?
Respuesta: Creo que sí existe una relación, aunque sería simplificar demasiado decir que toda la crisis de Telecinco se explica únicamente por el final de Sálvame. Han coincidido muchos factores: el cambio en los hábitos de consumo, el auge de las plataformas y las redes sociales y una mayor fragmentación de la audiencia. Pero sí creo que Sálvame era mucho más que un programa. Era una marca, una forma de entender la televisión y una identidad muy reconocible para Telecinco. Durante más de una década, la cadena y el programa fueron prácticamente inseparables. El problema llegó cuando Telecinco quiso romper con ese pasado sin construir una identidad nueva y diferenciada. El espectador percibió que se renunciaba a una etapa mientras, al mismo tiempo, se seguían utilizando muchas de sus dinámicas, personajes y temas. Esa contradicción acabó generando desconcierto. Creo que la audiencia no rechaza los cambios; lo que rechaza son las incoherencias. Si apuestas por un nuevo modelo, tienes que hacerlo hasta el final. Y si decides mantener la esencia de un formato, también debes asumirlo con naturalidad. Al final, el espectador tiene memoria y detecta rápidamente cuándo un cambio responde a una convicción y cuándo parece una estrategia. Y creo que ahí Telecinco perdió parte de la confianza de su público. Ahora bien, también creo que la cadena tiene capacidad para reinventarse. La televisión siempre evoluciona y ninguna marca está condenada para siempre. Pero esa reinvención pasa por tener una identidad clara, ser coherente con ella y, sobre todo, respetar la inteligencia del espectador.
"Telecinco sigue recurriendo a los mismos personajes, a las mismas dinámicas y a temas que, en mi opinión, fomentan la confrontación y la violencia mediática"
P: Telecinco ha llegado a
situarse en audiencias medias diarias del entorno del 6 %. ¿Por qué les está
resultando tan difícil superar esta crisis?
R: Creo que Telecinco era Sálvame
y Sálvame era Telecinco. Fueron muchos años construyendo una identidad
muy reconocible y, como ocurre en cualquier ruptura, después llega un periodo
de crisis. En mi opinión, eso es exactamente lo que le ha pasado a la cadena. El
problema es que intentaron marcar distancias con Sálvame y presentarse
como una televisión más blanca y familiar, pero después hemos visto que, en
muchas ocasiones, eso no se ha reflejado en los contenidos. Siguen recurriendo
a los mismos personajes, a las mismas dinámicas y a temas que, en mi opinión,
fomentan la confrontación y la violencia mediática. Da la sensación de que
quisieron borrar una parte de su historia, pero al mismo tiempo continúan
utilizándola. Ahí están temas como el de Rocío Carrasco o el regreso de un
formato que recuerda claramente al universo de Sálvame con su nueva
apuesta diaria. Eso genera una contradicción que el espectador percibe. Y creo
que ahí está una de las claves: el espectador ya no es ingenuo. Tiene memoria,
conoce la hemeroteca y detecta rápidamente las incoherencias. No puedes
subestimar a la audiencia porque, cuando siente que le están vendiendo un
relato que no se corresponde con la realidad, acaba dándote la espalda. Y creo
que eso es, precisamente, lo que está ocurriendo. Además, tengo la sensación de
que a Telecinco le ha faltado valentía para reinventarse de verdad. Seguimos
viendo a muchos de los mismos colaboradores, los mismos personajes y unas
tramas muy repetitivas, donde todos parecen tener siempre la gran exclusiva. Al
final, cuando la fórmula se repite una y otra vez, termina desgastándose y
pierde credibilidad.
"El gran acierto de D Corazón: ha sido evolucionar sin renunciar a su identidad y demostrar que la televisión tradicional sigue teniendo mucho que ofrecer cuando sabe adaptarse a los nuevos tiempos"
P: D Corazón, programa
en el que colaboras, es un ejemplo de programa que ha sabido reinventarse,
pasando de audiencias del 5-6% a conseguir este mismo domingo un 13%. ¿Qué
valoración haces de este cambio?
R: Creo que D Corazón ha demostrado que sí es posible reinventarse cuando existe una estrategia clara y se escucha al espectador. El programa ha sabido evolucionar sin perder su esencia. Sigue siendo un espacio de crónica social, pero con un enfoque más cercano, más dinámico y mucho más conectado con la actualidad. También creo que ha entendido algo fundamental: hoy la televisión ya no compite solo con otras cadenas, sino también con las redes sociales. Por eso es tan importante aportar contexto, análisis y conversación, no limitarse a contar una noticia que el espectador probablemente ya ha visto en su móvil. Los datos hablan por sí solos. Pasar de audiencias del 5 o 6 % a superar el 12 % demuestra que, cuando se hacen cambios con coherencia y se apuesta por un equipo comprometido, los resultados llegan. Pero, más allá de las cifras, lo que más valoro es que el programa ha conseguido la confianza del espectador. Y eso es mucho más difícil que conseguir un buen dato un fin de semana. La audiencia vuelve cuando siente que encuentra un producto en el que se reconoce, que la entretiene y que la respeta. Creo que ese ha sido el gran acierto de D Corazón: evolucionar sin renunciar a su identidad y demostrar que la televisión tradicional sigue teniendo mucho que ofrecer cuando sabe adaptarse a los nuevos tiempos. Y, si tuviera que resumir el éxito del programa en una imagen, sería la de Anne Igartiburu y Javi de Hoyos compartiendo plató. Anne representa la credibilidad, la cercanía y esa televisión que forma parte de la vida de los espectadores desde hace décadas; es sinónimo de casa para muchísimas personas. Javi, por su parte, aporta el pulso de la actualidad digital, el lenguaje de las redes sociales y la conexión con las nuevas generaciones. Esa combinación entre la experiencia y la inmediatez, entre la televisión de siempre y las nuevas formas de consumir información, resume a la perfección el camino que ha seguido D Corazón para volver a conectar con la audiencia.
"El periodismo del corazón tiene mucho futuro, pero solo si entiende que el público ya no busca únicamente saber qué ha pasado. También quiere contexto, análisis, criterio y la sensación de que quien se lo cuenta no tiene un interés oculto, sino un compromiso con la verdad"
P: Parece obvio que el
espectador actual de los programas del corazón desea un tratamiento distinto
del que se hacía en los años noventa. ¿Qué valoración haces de este cambio?
R: Creo que el gran cambio es que
el espectador ya no se deja engañar. Hoy tiene acceso a muchísima información,
contrasta versiones, consulta las redes sociales y conoce la hemeroteca. Por
eso, si percibe que un programa intenta manipular un relato o venderle una
versión interesada, acaba perdiendo su confianza. Y para mí esa confianza es lo
más importante. El respeto al espectador pasa por tratar los temas de crónica
social con responsabilidad. El corazón puede ser entretenimiento, puede haber
salseo, exclusivas y debate, pero eso no está reñido con el rigor ni con la
coherencia. Al contrario, creo que hoy son más necesarios que nunca. También
pienso que los comunicadores tenemos una responsabilidad. No podemos
convertirnos en el altavoz de los famosos ni trabajar al servicio de sus
intereses solo porque nos faciliten información. Existe la tentación de
proteger determinadas relaciones para no perder exclusivas, pero el periodista
debe estar al servicio de la información, no de quien se la proporciona. Y,
sobre todo, debe estar al servicio del espectador. Porque es el espectador
quien dedica su tiempo al programa, quien decide confiar en ti y quien, en
definitiva, "compra" tu producto y tu credibilidad. Esa confianza hay
que ganársela cada día siendo honestos, coherentes y tratando a la audiencia
con inteligencia. Creo que el periodismo del corazón tiene mucho futuro, pero
solo si entiende que el público ya no busca únicamente saber qué ha pasado.
También quiere contexto, análisis, criterio y la sensación de que quien se lo
cuenta no tiene un interés oculto, sino un compromiso con la verdad y con el
respeto hacia quien está al otro lado de la pantalla.
"La crónica social necesita renovarse. No podemos seguir viviendo permanentemente de los mismos personajes y de los mismos conflictos de hace diez o quince años"
P: De lunes a viernes
ha sido presentado por Telecinco como el gran revulsivo de las audiencias de
tarde este verano. Mediaset no ha regateado medios para que así sea. La
realidad ha sido muy distinta. En nuestra opinión, el programa es una versión
edulcorada de Sálvame. ¿Qué valoración haces de este programa?
R: La verdad es que no he visto
el programa completo, solo algunos fragmentos y momentos que se han compartido
en redes sociales. Dicho esto, creo que, a día de hoy, es una de las apuestas
más interesantes de la parrilla de Telecinco. Sin embargo, creo que al
espectador le ha sorprendido una contradicción. Durante mucho tiempo se quiso
marcar distancia con Sálvame, dando a entender que se cerraba una etapa
y que se apostaba por otra forma de hacer televisión. Pero, al ver el nuevo
formato, muchos han tenido la sensación de que, en realidad, se está intentando
recuperar parte de esa esencia. Y ahí creo que está la clave. Da la impresión
de que el problema nunca fue el formato en sí, sino quién ocupaba el
protagonismo dentro de ese universo. Pero hay formatos que están tan ligados a
unas caras y a una etapa concreta que resulta muy difícil reproducirlos con
otros protagonistas. Hay universos televisivos que funcionan precisamente
porque sus estrellas son irrepetibles. Estoy convencida de que encontrarán su
camino, porque creo que siempre hay espacio para un buen programa de corazón y,
cuanto más plural sea la oferta, mejor para el género y para el espectador. Ahora
bien, también pienso que la crónica social necesita renovarse. No podemos
seguir viviendo permanentemente de los mismos personajes y de los mismos
conflictos de hace diez o quince años. Han aparecido nuevas generaciones de
famosos, influencers y creadores de contenido que también forman parte de la
actualidad y que requieren periodistas y colaboradores capaces de analizar ese
nuevo universo con conocimiento y criterio. Creo que el futuro del corazón pasa
por ampliar el foco, incorporar nuevas voces especializadas y entender que la
sociedad ha cambiado. El espectador quiere seguir disfrutando del
entretenimiento, pero también descubrir nuevas historias y nuevos protagonistas,
no quedarse atrapado en los mismos relatos de siempre.
"Hay ciertos satélites que buscan la polémica donde no la hay para seguir facturando alrededor de la figura de Rocío Jurado. Al final, esa polémica les sirve para sentarse en los platós, hacer daño gratuitamente y seguir llenándose los bolsillos"
P: La Más Grande, el
documental sobre Rocío Jurado de Movistar Plus, sitúa cada capítulo entre los
documentales más vistos de la plataforma. Sin embargo, existe una fuerte
campaña de críticas por parte de personas del entorno mediático de Rocío
Carrasco y de algunos colaboradores de televisión. ¿Qué valoración haces de
este documental?
R: Algo tan bonito como un homenaje tan cuidado a Rocío Jurado debería ser motivo de orgullo para todos sus familiares. Pero, por desgracia, siempre hay ciertos satélites que buscan la polémica donde no la hay para seguir facturando alrededor de La Más Grande. Al final, esa polémica les sirve para sentarse en los platós, hacer daño gratuitamente y seguir llenándose los bolsillos. Hoy defienden una postura y mañana la contraria, según lo que más les convenga o les interese en ese momento. Creo que el verdadero protagonista debería ser el legado de Rocío Jurado y no los conflictos que algunos insisten en mantener vivos. Si algo demuestra este documental es que sigue siendo una figura inmensa, capaz de despertar el interés del público muchos años después. Y, sinceramente, creo que si La Más Grande levantara la cabeza, muchas de las cosas que han sucedido en ciertos platós de televisión nunca habrían ocurrido.
"María Patiño y Belén Esteban son televisión. Han marcado una época y forman parte de la historia reciente de este medio. La televisión siempre acaba buscando a la televisión"
P: Casi todos los
colaboradores y presentadores de los programas del “mundo Sálvame” han
vuelto a resituarse, con más o menos acierto, en otros programas actuales.
Además de Kiko Matamoros y Kiko Hernández, sorprende la ausencia actual de dos
pesos pesados del mundo del corazón como María Patiño y Belén Esteban. ¿Qué
explicación das a estas ausencias?
R: No conozco la situación personal ni profesional de cada uno, aunque en el caso de Belén Esteban ella misma ha explicado públicamente que quería tomarse un año sabático. Y me parece una decisión muy respetable. Después de tantos años de exposición y de estar permanentemente en primera línea, también es sano parar, coger aire y recuperar perspectiva. A veces parece que en televisión hay una obligación de volver cuanto antes, de subirse al primer barco que pasa. Y yo no lo veo así. Creo que también hay que saber esperar al proyecto adecuado. De hecho, me parece mucho más inteligente esperar que aceptar cualquier propuesta solo por seguir teniendo horas de pantalla. Lo he visto en otros casos: personas que acaban formando parte de formatos que no tienen nada que ver con lo que han defendido durante años o con la imagen que habían construido. Y ahí sí creo que existe un riesgo real de perder credibilidad. Al final, la confianza del espectador se construye con coherencia. No se trata de estar siempre en televisión, sino de estar en el lugar correcto. A veces decir "no" también es una decisión profesional muy valiente. Y hay otra realidad: María Patiño y Belén Esteban son televisión. Han marcado una época y forman parte de la historia reciente de este medio. La televisión siempre acaba buscando a la televisión.









