Los veranos siguen siendo veranos, pero hay algunas cosas que han cambiado con el paso del tiempo. No solo el efecto del cambio climático, con estas aberrantes temperaturas. También han cambiado las revistas del corazón. Hace dos décadas las publicaciones punteras se peleaban por una exclusiva de un artista o un famoso, y hoy son ellos quienes publican cada paso de sus logros o escapadas en Instragram o TikTok.
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| Marbella / Foto: My Guide Marbella |
La hornada infinita de creadores de contenido, los famosos de hoy, ya no concentran únicamente sus veranos en Marbella o Mallorca como los de antes. Ellos reparten sus veranos entre Ibiza, Formentera, villas de lujo, yates y destinos paradisíacos como Mykonos, Dubái o las Maldivas. Muchas de esas escapadas parten de colaboraciones comerciales con hoteles, patrocinios de marcas y la monetización del contenido. Aunque el objetivo principal continúa siendo el mismo que el de hace treinta años, que no es otro que convertir el verano en un escaparate del lujo, de estatus y en un intercambio comercial.
Hablar de verano sin nombrar a Marbella no es hablar de verano, porque Marbella, a pesar de las consecuencias del legado de Jesús Gil, sigue siendo un lugar vacacional para muchos privilegiados y de gran valor mediático para la prensa rosa. Marbella es un escápate del lujo. Sus establecimientos exclusivos, beach clubs y mansiones se convierten en escenarios de posados de día y de noche. El Festival Starlite es uno de los mayores encuentros de exhibición. Hay que obtener la máxima visibilidad y los festivales y el lujo son un tirón mediático enorme.
Mucho antes de este glamour, algo descafeinado, de los influencers, los medios del corazón alcanzaron la gloria con los protagonistas de la jet set de Marbella. Fiestas que comenzaban al caer la tarde y terminaban al amanecer. Galas benéficas en las que coincidían aristócratas, artistas, empresarios, miembros de la realeza, estrellas de Hollywood y algún que otro vividor. Los veranos de Marbella de los años setenta, los ochenta y los primeros noventa fueron una fuente inagotable de contenido para la prensa rosa.
Paparazzis y periodistas se instalaban durante todo el periodo estival en la ciudad malagueña a la espera de conseguir la fotografía, la entrevista o la exclusiva. Parapetados tras una sombrilla o aguardando durante horas a la puerta de un restaurante, una villa o una discoteca como la de Olivia Valere, disputada hoy por sus herederos, la llegada de los famosos a las fiestas más cool, los fotógrafos descubrían cada semana quién había bailado con quién, quién estrenaba romance, quién lucía el modelo o joyón más impresionante, o quién había llegado a Puerto Banús a bordo del yate con mayor eslora del Mediterráneo.
En busca de la nueva pareja del verano acurrucada en una hamaca o de la artista tomando el sol en topless, el disparador de la cámara de aquellos paparazzi marbellíes no descansaba tampoco en las diurnas jornadas de playa. Bien es sabido que algunas de aquellas imágenes tenían poco de espontáneas, pues respondían a posados pactados entre fotógrafo y personaje, en una simbiosis tan rentable para unos como para otros, que se traducía en unos cuantos miles de pesetas. Una rentabilidad que muchos aprovechaban durante el verano para afrontar con tranquilidad los meses de invierno.
Allí estaban Isabel Preysler, el icono de la elegancia de los veranos marbellíes. La imprescindible aristócrata alemana Gunilla von Bismarck con su inseparable compañero Luis Ortiz, integrante de aquella pandilla de playboys conocida como "los choris". Gunilla fue durante años la auténtica reina de las noches de Marbella.
Imprescindibles eran también Carmen Martínez-Bordiú, la nietísima de Franco, siempre cuestionada por su estilo de vida libre, y Pitita Ridruejo, reconocible por su característico peinado ahuecado y ese halo de misticismo que ella misma alimentó con sus relatos sobre las apariciones de la Virgen en Prado Nuevo, en El Escorial.
El trayecto Costa del Sol-Madrid movía miles de imágenes reveladas al momento en el cuarto oscuro y que llegaban a las redacciones todavía frescas. Como aquella, imposible de olvidar, de Rappel paseando por la playa con un minúsculo tanga de leopardo.
Empresarias y actrices como las hermanas Alicia y Esther Koplowitz, Norma Duval, Carmen Cervera, Paloma Segrelles, Mar Flores, Ana Obregón, Bárbara Rey, Massiel, Sara Montiel, Carmen Sevilla, Concha Velasco, Nati Abascal, Marina Danko y muchas otras figuras conformaban ese gran escaparate social del verano marbellí.
Pero Marbella no solo era el paraíso del famoseo nacional. Durante aquellos veranos era habitual cruzarse con el magnate saudí Adnan Khashoggi, de cuyo yate se decía que hasta la grifería era de oro. Tampoco resultaba extraño coincidir en tiendas de lujo y discotecas con la extensa corte del rey saudí Fahd.
A ellos se sumaban estrellas de Hollywood como Elizabeth Taylor, Sean Connery, Audrey Hepburn, Brigitte Bardot, Omar Sharif o Linda Christian. Marbella era entonces uno de esos pocos lugares del mundo donde, en una misma noche, podían coincidir la realeza europea y árabe, millonarios, estrellas de cine, artistas internacionales y personajes habituales de la prensa del corazón y como no, el promotor de esta Marbella de las estrellas, el príncipe Alfonso de Hohenlohe.
Si alguien relató cómo nadie aquellos veranos
fue Mila Ximénez. Ella pasó de formar parte de aquella vida marbellí, gracias a
su matrimonio con Manolo Santana, a convertirse en periodista, trabajando
entrevistas y exclusivas que le allanaron el camino para dar el salto a la
televisión.
Lola Flores y todo el clan Flores, formaban parte del paisaje marbellí. Así lo testifican sus posados en en su residencia playera “Los gitanillos”. Lolita Flores compartía protagonismo con su inseparable Carmina Ordóñez. Bellísima, espontánea, magnética e indomable, Carmina aparecía constantemente en las portadas de las revistas, convirtiendo su propia vida en un auténtico fenómeno mediático. Su vida sentimental y sus amistades engrosaban durante meses las páginas de la prensa rosa, llegando con el tiempo a ser su principal fuente de ingresos.
Si hubo un personaje para dibujar o caricaturizar aquella Marbella, este fue Jaime de Mora y Aragón. Hermano de Fabiola de Bélgica, aristócrata, músico, actor, pintor y maestro de ceremonias de las noches más exclusivas. Imposible imaginar una velada marbellí sin su extravagante presencia. Representaba ese universo cuasi fantástico donde el lujo, la excentricidad y la fama convivían con absoluta naturalidad.
Han cambiado los protagonistas y la forma de contar las historias. Los paparazzi han dado paso a los teléfonos móviles de cualquier ciudadano, las exclusivas han sido sustituidas por las colaboraciones y las portadas de las revistas han cedido su espacio a las redes sociales. Cambian las caras y cambian los canales para vender el glamour y el lujo, pero lo que no cambia es que muchos, aún sabiéndolo como una utopía, seguirán soñando con convertirse algún día en esos protagonistas.










