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Kiko Matamoros y Makoke, en el banquillo de los acusados

Alba Haro
@opinionalmeria

Tras varios años de instrucción, el complejo rompecabezas financiero de una de las parejas más mediáticas de España llega a la sala de vistas. Kiko Matamoros y Makoke, su exmujer, se enfrentan a peticiones de cárcel de cinco años y seis meses y cuatro años, respectivamente. No es solo un pleito por deudas; es la fiscalización de un estilo de vida que, según el Ministerio Público, se construyó sobre un presunto delito de alzamiento y ocultación de bienes.

Makoke y Kiko Matamoros / Telecinco

El punto crítico de la acusación se sitúa en el domicilio familiar de Pozuelo de Alarcón. Adquirido en 2011 por más de 1,3 millones de euros, el inmueble figuraba exclusivamente a nombre de Makoke. Sin embargo, la tesis de la Fiscalía es tajante: las cuotas hipotecarias se sufragaban con los ingresos de Matamoros o sus empresas. El objetivo habría sido convertir a su entonces mujer en un "escudo" patrimonial para evitar que Hacienda embargara la propiedad ante las deudas crecientes del colaborador.

El escrito de acusación detalla una supuesta estrategia de elusión activa entre 2009 y 2014. A través de sociedades como Salto Mortal o Silla del Ring —empresas que, según el fiscal, carecían de estructura real, trabajadores u oficinas—, Matamoros habría canalizado sus cuantiosas nóminas televisivas. Esta red permitía al tertuliano mantener un alto nivel de vida mientras se declaraba oficialmente insolvente o sin bienes a su nombre, impidiendo que el fisco recuperara las cantidades adeudadas.

A pesar de la gravedad de las penas solicitadas, Matamoros mantiene un tono desafiante y sereno en sus redes sociales, asegurando estar "satisfecho" de que el proceso llegue a su fin. Será ahora un juez quien determine si ese entramado de facturas y nombres de terceros fue una gestión lícita o una maniobra deliberada para burlar a la Agencia Tributaria.

'Los Puntos', aquellos magos del ritmo moderno

Manuel León
Periodista

Agustín Flores, Tato, era un joven inquieto, melenudo, en los primeros años 60, aficionado a la música de The Beatles, en un rico pueblo minero como Cuevas del Almanzora, venido a menos, en el que los padres de familia agarraban una maleta de cartón para irse al cantón suizo. Empezó a juntarse con otro espíritu libre, Pepe Grano de Oro, a escuchar un tocadiscos en la calle del Aire. Éste, el Chulí, pariente de Miguel Flores, uno de los cronistas más brillantes de la provincia, estudiaba ingeniería en Cartagena donde había formado parte del grupo Los Pájaros. Los estudios se resistían y decidió volver a Cuevas, donde aparece con su guitarra eléctrica y una batería desvencijada.

'Los Puntos', en sus inicios / La Voz

A ellos se les unieron, en esas tardes musicales, Andrés Bravo y Gaspar Flores, que tocaba en la Banda Municipal. Decidieron crear un grupo, un conjunto músico-vocal se decía entonces, para ganar un dinerillo ese verano lejano de 1967. Se les unió José Antonio Meca, hijo del director de la Banda, que tocaba el órgano y debutaron en las fiestas patronales de La Campana, una pedanía de Pulpí, donde casi los corren con el gallao porque no había luz eléctrica y no podían enchufar las guitarras: los paisanos pensaban que el baile iba a ser, como siempre, con pitos y flautas.

Empezaron entonces, una pequeña gira comarcal, a tocar por Garrucha, por Mojácar, por Águilas, con la incorporación de Alfonso, hermano de Pepe, como vocalista. Era la época yeyé, del pelo largo, de los rizos de ballena, de pantalones de campana, con Amancio quitándole el puesto a Di Stefano, porque nada es eterno, ni una Saeta. En España subsistía una dictadura, lo sabían, pero se convivía con ella como se hace con una mancha en la cara o con un hombro dislocado. Había alegría, España, Almería, ya no era gris. Y allí, en ese momento preciso y precioso estaban ellos, esos chavales de la tierra de la plata, con unas ganas de triunfar inmensas. Los recuerdo remotamente en la Terraza Cinema de Garrucha, risueños sobre el escenario, sobre un suelo apretado de albero, donde bailaban parejitas de novios escuchando Esa niña que me mira. Embrujaban al personal, eran los Beatles melódicos del Levante almeriense. Todos los pueblos, por aquellas fechas tenían su conjunto, pero ellos hechizaron más que nadie con sus canciones propias. Tenían a Pepe, un vate, una fuente inagotable de composición con las cuerdas y el papel en blanco, un Sotomayor, un Washington Irving moderno obsesionado con espíritus de moros y amores imposibles.

'Los Puntos'

Empezaron a contar con fans que los seguían por sus pedestres actuaciones iniciáticas, en casetas de feria y en aquellas discotecas psicodélicas donde giraban bolas en el techo y se bebía Licor 43. Empezaba el despelote en las playas, a pesar de Carrero y de Tarancón, la gente joven tenía ganas de vivir, de soltar amarras, de dejar ya la copla y el pasodoble, las lágrimas de Valderrama y los quejíos de Farina. La música de Los Puntos sonaba junto a la de los Teddy Boys, Los Diablos o Los Sirex, en las pletinas, mirando a nuestra chica preferida en los autos de choque, en verbenas inolvidables en las que nuestros padres bebían cuerva, o cuando íbamos a la playa y bramaba el prehistórico radiocasette a pilas con la música de Grano de Oro, mientras la sandía se refrescaba sepultada en la orilla bajo la arena. Hubo cambios en el grupo inicial: se marchan Andrés y Gaspar y se incorpora de inmediato José Belmonte, un virtuoso con el bajo. Deciden dar el salto a primera división, hacerse profesionales, grabar un disco.

Escriben a Fraga, que era ministro de Información y Turismo, y le piden ayuda. Graban una maqueta con 7.000 pesetas que les deja prestadas Antonia, una empleada de la casa de Grano de Oro. Y saltan de alegría cuando una casa de discos, Polydor, acepta grabarles con la condición de que sean canciones propias y no versiones. Comienzan los ensayos en la calle Farol y surge Miguel, su primer single, en recuerdo de un entrañable cortijero de su pueblo natal. Revistas como Mundo Joven y Discoplay se hacen eco y destacan los matices de originalidad de la canción. Pero no lanza a estos rabotes a la fama. Después llegará En el calor de la noche, con la colaboración de José Antonio Armenteros, excomponente de Los Relámpagos: el tema pasa desapercibido fuera de la provincia. Hasta que graban Good Morning y ¡por fin! el éxito perseguido.

El crítico José María Iñigo le hace una mención de honor y empiezan a actuar por todo el país, no ya como un conjunto de baile sino como una atracción musical. Marchan a vivir a Madrid, a la calle Bravo Murillo, pero vuelven: no pueden vivir sin el aire del Almanzora.

Ya empiezan a ser contemplados no como críos melenudos sin muchas ganas de trabajar, sino con cierta admiración y respeto. Hubo un paisano al que siempre recuerdan de esa época frágil, Santos Mulero, director de Banesto, que les prestó dinero cuando estaban a punto de abandonar. No cesa en ese tiempo la inspiración de Pepe Grano de Oro y aparecen nuevos discos con altibajos de aceptación. Alfonso decide abandonar el grupo para montar bufete de abogado en Madrid y le sustituye José Pérez Sánchez, Pepito, con el que participan en el Festival de Música de Almería en el que consiguen el tercer premio con Magdalena.

Y en el verano del 73 lanzan al mercado Cuando Salga la Luna, el bombazo definitivo: llegan a número uno en las listas musicales, se disparan las ventas, acuden a televisión comienzan las giras por toda España, hasta Suiza. Compiten de igual a igual con Fórmula V y Los Diablos. A partir de entonces se suceden los años dorados de Los Puntos, con llenos hasta la bandera en sus actuaciones, con Diego el de Gitanillos, Alfonso el Pasota, Pepito Zapata o el Roly montando las luces y el sonido, haciendo más kilómetros que el baúl de la Piquer. Después llegaron Llorando por Granada, Feria y otras tantas hasta que murieron de éxito y volvieron a resucitar ya como Almanzora, hasta plegar velas y volverlas a inflar de nuevo en el verano de 1998, hasta ahora, que siguen sin colgar la guitarra, con una bandera de Andalucía al pecho.

Más viviendas protegidas de alquiler

María del Mar Vázquez
Alcaldesa de Almería

En un momento donde el acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los principales retos sociales y económicos de nuestra sociedad, especialmente entre los más jóvenes, el Ayuntamiento de Almería está demostrando con hechos que es posible dar respuestas y soluciones. Y que allí donde el Estado falla, Almería cumple. 

En nuestra ciudad, al igual que en el resto de España, una de las preocupaciones más acuciantes es el acceso a una vivienda digna y asequible. Es una realidad que escucho cada día en todos los barrios y en muchísimas conversaciones. Para el Ayuntamiento, además, es un reto que, como administración más cercana al día a día de los almerienses, hemos asumido con determinación y con hechos concretos. 

Aunque las competencias directas no recaigan en el Ayuntamiento, no podemos ni queremos eludir nuestra responsabilidad. Por eso, desde el primer día nos pusimos manos a la obra. Y nuestras cifras son incontestables: la Empresa Municipal de la Vivienda, ‘Almería XXI’, creada hace más de veinte años, es ya el primer promotor de vivienda pública de la provincia. Más de una veintena de promociones puestas en marcha, más de 1.000 viviendas entregadas a sus propietarios y el compromiso de construir 600 viviendas, el doble de las inicialmente previstas para este mandato en nuestro compromiso electoral, un tercio de ellas en régimen de alquiler. Y estos días acabamos de ver que esa determinación se está materializando en el barrio de Nueva Andalucía, donde las obras de una nueva promoción de 33 viviendas protegidas en alquiler, impulsada por ‘Almería XXI’, alcanzan ya más del 80% de ejecución. 

Y como pasa siempre que hablamos de vivienda, esto no son solo cifras; son 33 futuros hogares que representan seguridad, estabilidad y oportunidades. Así, esta nueva promoción en obras es un ejemplo claro de la línea de trabajo que venimos marcando desde hace muchos años en el Ayuntamiento de Almería: las viviendas no se prometen; las viviendas se construyen. Porque estamos hablando de un proyecto que es un paso más en una estrategia integral y ambiciosa. 

De esas 600 nuevas viviendas, un tercio estarán destinadas al alquiler, porque somos conscientes de que este régimen es, para muchos, la única puerta de acceso a un techo propio. Con precios estimados en torno a los 410 euros para viviendas de dos dormitorios y 490 euros para las de tres, estamos abriendo una posibilidad real a aquellos que más lo necesitan. 

Pero esta realidad no sería posible sin la colaboración institucional. La visita esta semana de la consejera de Vivienda, Rocío Díaz refuerza este mensaje de unidad. La Junta de Andalucía, a través de una subvención de casi 1,5 millones de euros del Plan Ecovivienda, es un impulso fundamental en este esfuerzo. Esta promoción, al igual que las 64 viviendas que entregamos en Costacabana hace un año, es un modelo de cooperación exitosa y demuestra que cuando las administraciones trabajan en la misma dirección, los resultados son positivos para los ciudadanos. 

Almería es una ciudad en constante crecimiento, elegida por cada vez más personas como escenario de sus proyectos de vida. Y nuestra obligación es estar a la altura, garantizando que ese crecimiento sea ordenado, sostenible y socialmente justo. La finalización de estas obras, prevista para junio de 2026, no es el punto final de nada, sino un hito más en un camino que no vamos a abandonar porque tenemos la vista puesta en el único objetivo que de verdad importa: mejorar la vida de todos los almerienses. Seguimos trabajando.

Lo que Moreno Bonilla no quiere ver

José María Martín
Subdelegado del Gobierno en Almería
Secretario General del PSOE de Almería

Almería aparece con frecuencia en los discursos de Moreno Bonilla, pero casi nunca en la realidad que viven muchas familias, que perciben la enorme distancia que ha puesto entre su despacho en el Palacio de San Telmo y los problemas que marcan el día a día de los almerienses. 

La vivienda es uno de los ejemplos más evidentes, ya que su precio no deja de subir. Sin embargo, para el Gobierno andaluz es un problema que solo existe cuando se trata de colgarse una medalla que ni siquiera le corresponde —ya que los fondos que utiliza proceden del Gobierno de España— y porque sus medidas para construir vivienda protegida con fondos propios, sencillamente, no existen. 

La Junta tiene la posibilidad de abaratar los pisos en el ámbito de sus competencias, que en materia de vivienda son prácticamente todas, pero durante estos años ha demostrado una absoluta falta de voluntad política. De hecho, a pesar de la que está cayendo, desde 2020 Moreno Bonilla ha dejado sin ejecutar más de 1.600 millones de euros destinados a políticas de vivienda. 

Frente a esa falta de iniciativa, desde el PSOE nos hemos comprometido a situar el acceso a la vivienda como una prioridad. Con María Jesús Montero al frente de la Junta vamos a construir 100.000 viviendas públicas en Andalucía, de las que más de 10.000 se harán en Almería. Además, se pondrá en marcha una medida específica para los jóvenes que permitirá abaratar el acceso a la vivienda hasta en un 20 % adelantándoles la entrada.

Todas las administraciones, si quieren, pueden actuar para poner de su parte, tal y como también le pedimos el pasado verano a la Diputación provincial a través de una moción que el PP terminó aprobando. En esa iniciativa propusimos un plan de vivienda pública destinado a municipios pequeños y medianos, una medida que se sumaba a otra que trasladamos al equipo de gobierno hace ahora dos años para facilitar a los ayuntamientos la adquisición de solares con el mismo objetivo. 

Pues bien, ni en un caso ni en otro se ha producido ningún avance en un asunto tan importante para muchas personas en nuestros pueblos, probablemente porque los dirigentes del Partido Popular lleven demasiado tiempo ocupados en atender los requerimientos judiciales relacionados con el caso ‘Mascarillas’. Mientras tanto, el problema de la vivienda ha seguido creciendo sin que la Diputación de Almería haya movido ni un solo dedo para afrontarlo.

Las portadas de los tres periódicos de Almería

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Cada mañana se pueden adquirir tres periódicos de papel que tratan sobre los temas de Almería y su provincia. El decano es   La Voz de Almería , que es también el que tiene mayor difusión. El segundo por el número de lectores es   Ideal,  el periódico con sede en Granada, que tiene una edición especial para Almería. El tercero en difusión es el más joven -que recuperó el nombre de una cabecera histórica-,   Diario de Almería , que pertenece al Grupo Joly, propietario de cabeceras en casi todas las provincias andaluza: