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Anita Matamoros ahora es Anita Giaever: identidad, raíces y una ley que lo permite

Nuria Torrente
@opinionalmeria

La influencer Anita Matamoros ha decidido dar un paso que, más allá de lo estético o lo profesional, abre una interesante reflexión jurídica y social: priorizar el apellido materno -Giaever- frente al paterno -Matamoros-. Bajo el nombre artístico de “Anita Giaever”, la hija de Makoke y Kiko Matamoros no solo busca diferenciarse en el mundo de la interpretación, sino también preservar un legado familiar de origen noruego.

Leticia Requejo comenta en Telecinco el cambio del orden de los apellidos de Anita Matamoros / Telecinco

Detrás de esta decisión hay dos cuestiones clave que conviene aclarar: es perfectamente legal alterar el orden de los apellidos en España y, además, existe la posibilidad de eliminar uno de ellos si concurren determinadas circunstancias.

Cambiar el orden de los apellidos: un derecho reconocido

Desde la aprobación de la Ley 20/2011 del Registro Civil, los ciudadanos españoles pueden elegir el orden de sus apellidos. En concreto, esta norma consagra el principio de igualdad entre progenitores, eliminando la tradicional prevalencia del apellido paterno.

Así, cualquier persona mayor de edad puede solicitar ante el Registro Civil la inversión del orden de sus apellidos, pasando, por ejemplo, de “Matamoros Giaever” a “Giaever Matamoros”. No se trata de un mero alias artístico, sino de un cambio con plenos efectos legales si se tramita formalmente.

En el caso de Anita, su uso de “Giaever” como primer apellido en el ámbito profesional encaja dentro de esta posibilidad, aunque, por ahora, lo haya adoptado principalmente como nombre artístico.

¿Es posible eliminar el apellido “Matamoros”?

La legislación española va un paso más allá. La misma Ley 20/2011 del Registro Civil, junto con su desarrollo reglamentario, permite el cambio de apellidos -incluida su supresión- cuando existen “justos motivos”. Entre esos motivos, la normativa y la práctica administrativa reconocen supuestos como:

Apellidos que resulten objetivamente ofensivos o ridículos.

Aquellos que puedan generar perjuicios o connotaciones negativas.

Aquí es donde entra el debate sobre el apellido “Matamoros”. Aunque históricamente extendido en España, su literalidad puede considerarse hoy potencialmente problemática o malsonante en determinados contextos sociales. En consecuencia, no sería jurídicamente descabellado que se solicitara su sustitución o eliminación, siempre que se argumente adecuadamente ante el Registro Civil.

Identidad, marca personal y herencia cultural

Más allá del marco legal, la decisión de Anita apunta a una tendencia creciente: la construcción consciente de la identidad. En un mundo donde la marca personal es clave, el nombre deja de ser un elemento pasivo para convertirse en una herramienta estratégica.

Pero en su caso hay un componente añadido. Al priorizar “Giaever”, no solo se diferencia profesionalmente, sino que reivindica sus raíces maternas y garantiza que ese apellido -menos común en España- no desaparezca en futuras generaciones.

En definitiva, lo que podría parecer una simple elección estética es, en realidad, un ejemplo de cómo la legislación española permite adaptar la identidad personal a las circunstancias vitales, culturales y profesionales de cada individuo. Anita Giaever -o Matamoros, según el contexto- no solo cambia de nombre: pone sobre la mesa un derecho que muchos desconocen.

Las portadas de los tres periódicos de Almería

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Cada mañana se pueden adquirir tres periódicos de papel que tratan sobre los temas de Almería y su provincia. El decano es La Voz de Almería , que es también el que tiene mayor difusión. El segundo por el número de lectores es Ideal,  el periódico con sede en Granada, que tiene una edición especial para Almería. El tercero en difusión es el más joven -que recuperó el nombre de una cabecera histórica-, Diario de Almería, que pertenece al Grupo Joly, propietario de cabeceras en casi todas las provincias andaluzas:




David Valldeperas, a un paso de quedar fuera de la ‘Operación Deluxe’

Tania Artajo
@opinionalmeria

La conocida como ‘Operación Deluxe’, rebautizada posteriormente como ‘Operación Luna’, entra en una fase decisiva casi una década después del inicio de las investigaciones. La Fiscalía ha solicitado el archivo provisional de la causa contra David Valldeperas y otros extrabajadores del programa Sálvame, al considerar que no existen pruebas suficientes para sostener una acusación penal.

David Valldeperas / Mediaset

El procedimiento judicial, que durante años ha centrado la atención mediática por su alcance en el mundo del entretenimiento, se encuentra ahora en un punto de inflexión. El Ministerio Público ha presentado un escrito ante los juzgados de Madrid en el que pide el sobreseimiento para Valldeperas, quien fuera director del popular formato televisivo de Telecinco, así como para Miguel Menaut, Isaac Pulido y María Victoria Laseca. A ellos se suma una quinta persona, María Pasqual, también sin acusación formal.

Esta petición se alinea con la evolución del caso, que ha ido perdiendo peso a medida que avanzaban las diligencias. El magistrado encargado de la instrucción, Marcelino Sexmero, ya había ido descartando distintas líneas de investigación para centrar el foco en un presunto delito de revelación de secretos, dejando atrás otras hipótesis iniciales como el cohecho.

Cabe recordar que el auto judicial situaba inicialmente en el centro de la causa a las productoras La Fábrica de la Tele y Mediaset, junto a varias personas físicas, entre ellas el policía Ángel Jesús Fernández Hita y el paparazzi Gustavo González. Según las investigaciones, el agente habría facilitado documentación policial confidencial —incluyendo atestados y fichas— que posteriormente habría sido utilizada con fines informativos en televisión.

La defensa de Valldeperas ha mantenido desde el principio que su implicación carecía de fundamento. En su recurso, presentado en 2025, su abogado argumentó que el nombre “David” que aparecía en conversaciones intervenidas no hacía referencia a su cliente, quien —según sostuvo— es habitualmente identificado por su apellido en el ámbito profesional.

La causa, que llegó a contar con más de un centenar de famosos afectados, ha visto también reducir significativamente el número de acusaciones particulares. Entre quienes se personaron en el procedimiento figuraban nombres conocidos como Isabel Pantoja, Kiko Rivera o Omar Montes, aunque la dimensión inicial del caso se ha ido diluyendo con el paso del tiempo.

El origen de la investigación se remonta a abril de 2017, cuando la Unidad de Asuntos Internos de la Policía detectó una supuesta trama iniciada años antes, en 2009. Desde entonces, el caso ha atravesado diversas fases y redefiniciones, en un proceso judicial complejo que ahora podría resolverse parcialmente con el archivo de varias imputaciones.

A la espera de la decisión judicial definitiva, la petición de la Fiscalía supone un giro relevante en una de las causas más mediáticas de los últimos años en el ámbito televisivo español.

Las portadas de las cinco revistas semanales

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Ya están en los puntos de venta las revistas semanales. Cuatro de ellas (Lecturas¡Hola!Diez Minutos y Semana) salen los miércoles, mientras la revista Pronto se adelanta sobre sus compañeras y se pone a la venta los lunes. Estas son las portadas de esta semana:






Un 30 % de olvido

Ignacio Ortega
@opinionalmeria 

Hasta finales del siglo pasado, la única biblioteca pública Villaespesa era el símbolo de una modernidad democrática por conquistar. En una Almería de red precaria pero viva. La ciudad resistía su ecosistema cultural gracias a hitos como el Ateneo o la Librería  Cajal, complementados por iniciativas como el Colegio Universitario y una constelación de espacios educativos y asociativos que sostenían la vida intelectual de la ciudad. Eran algo más que equipamientos: eran lugares donde una generación aprendió a leer el mundo.

Luego, con el impulso cultural dado por el recordado alcalde socialista Santiago Martínez Cabrejas se empezó a democratizar el saber y abrieron bibliotecas en algunos barrios como La Chanca, el Alquián o Los Ángeles, hoy larvadas en un equilibrio extraño y presupuestos crónicamente insuficientes. Que el Ayuntamiento olvide estos espacios de cultura, como en La Chanca y otros barrios, es renunciar a nuestra primera vía de libertad.

En la Plaza Vieja se maneja hoy una capacidad financiera muy superior a la de hace dos décadas. Tal es así que la recaudación por IBI ha pasado de unos 30 millones de euros a cerca de 70, y el presupuesto consolidado es ya de 297,7 millones.

Sin embargo, este crecimiento no ha tenido un reflejo proporcional en la cultura de proximidad. Mientras la ciudad ha crecido un 29,3% en población, la inversión en nuevas bibliotecas es desoladora. No es un problema de recursos, sino de prioridades: escudarse en la digitalización o en la plataforma Indaloteka no compensa la ausencia de espacios físicos porque lo que no crece con la ciudad, retrocede.

Las estadísticas insisten en que leemos más, pero esa mejora no se sostiene sin lugares donde leer, estudiar y encontrarse. Una política cultural que se limita a indicadores y no a espacios termina vaciándose de contenido.

Basta entrar en cualquier de barrio a media tarde -que el Ayuntamiento anuncia pomposamente en su web como Red Pública de Biblioteca Municipales- para entender que ese vestido, adornado con criterio cultural,  no se teje con pantallas, porque ahí se construye algo difícil de medir pero esencial: tiempo lento, atención y saber. Porque no son depósitos sino espacios de verificación social frente a la desinformación digital.

Los barrios de Almería necesitan un plan realista que exija la apertura de al menos dos nuevas bibliotecas en las zonas de mayor expansión demográfica y una actualización sostenida de fondos y personal en las existentes. No es una utopía: es proporcionalidad democrática. Y es que yo no sé si este Ayuntamiento podrá entender alguna vez que invertir en bibliotecas no es un gesto cultural, sino una decisión sobre el tipo de ciudadanía que se quiere formar.