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Escenas trágicas de un incendio

Antonio Torres
Periodista

El policía local de Los Gallardos José Antonio Rodríguez Cazorla es de esos profesionales trabajadores anónimos que llevan la vocación de servicio público al máximo. Es una persona que no quiere sobresalir por encima de los demás. Arriesga con responsabilidad todo lo que puede por ayudar. 

La mayor tragedia forestal de Andalucía, que comenzó en la tarde del 9 de julio, ha tenido como testigo incansable al policía local de Los Gallardos José Antonio Rodríguez Cazorla (Los Gallardos, 1966). Quizás tenga su vocación de servicio público por su bisabuelo materno, que fue municipal de Los Gallardos. Le han pedido entrevistas no solo de España, sino de Portugal, Bélgica y de Noruega. Le ha llamado la atención, pero pasados 10 días del incendio comprende la dimensión global del suceso. Ha rechazado entrevistas porque es de las que huye del afán de protagonismo. He conversado con guardias civiles, bomberos, personas de Protección y todos coinciden en la entrega y la sabiduría de este hombre. Su humildad es más que evidente. Huye de los focos. No es una persona de pose, sino de trabajar con mucha responsabilidad. Asume el trabajo desde niño cuando falleció su padre en accidente laboral. Años después la vida le dio de otro palo, cuando un cáncer le quitó a su madre, Ana María, otra mujer respetuosa y humilde. 

Los policías locales de Los Gallardos, José Antonio Rodríguez y Mari Carmen Carricondo, con el vecino Paco López, el alcalde de Los Gallardos, Fran Reyes, y el concejal José Salmerón / A. Torres

José Antonio accedió al puesto en 1991. Durante mucho tiempo solo hubo un agente local en el municipio. “Lo que más me ha emocionado ha sido ver cómo, en una situación tan límite, todo el mundo remaba en la misma dirección. Compañeros de los distintos cuerpos de emergencia y vecinos hicieron todo lo posible por ayudar a quien lo necesitaba. También fue muy duro desalojar a los vecinos de las barriadas de Los Gallardos, muchos de ellos conocidos, intentando tranquilizarlos para que salieran de sus casas lo antes posible. Pero, sin duda, el momento que nunca voy a olvidar fue la llamada con el cuidador español de una señora extranjera con demencia que había quedado atrapada con ella dentro de su casa. Estuvimos más de una hora hablando por teléfono. Yo intentaba mantenerlos tranquilos y les iba indicando qué hacer para protegerse mientras esperaban ayuda, los consejos principales de tener toallas húmedas debajo de las puertas que no inhalaran humo, etc. El cuidador me iba contando cómo los cristales reventaban por el calor, cómo el sofá y otros muebles ya estaban ardiendo y cómo las llamas iban entrando en la vivienda. Hubo momentos en los que todos pensamos que no iban a salir con vida. Afortunadamente, cuando el fuego empezó a dar un respiro alrededor de la casa, una compañera de la Guardia Civil pudo acceder hasta ellos y rescatarlos. Saber que habían conseguido salir sanos y salvos fue una emoción difícil de explicar. Recuerdo que, en ese momento, todos los que habíamos vivido aquella situación tan de cerca nos fundimos en un abrazo de alivio. Es algo que nunca voy a olvidar”.

Los policías locales de Los Gallardos son el citado José Antonio Rodríguez y Mari Carmen Carricondo Alcalde, nacida en 1981 en Jaravia, situada en la sierra del Aguilón, barriada de Pulpí de unos trescientos habitantes. Ambos llegaron a estar trabajando durante 30 horas frente al fuego más cruel conocido hasta el momento Carricondo Alcalde, una mujer admirada por todos sus compañeros por su seriedad y entrega profesional y a la que se le nota una mujer con mucha alma. Llegó a la Policía Local de Los Gallardos en 2024, tras un proceso de oposiciones. Dos años después ha vivido, junto a sus compañeros de trabajo, la tragedia del fuego forestal, que tanto dolor ha dejado en la zona de Bédar, localidad que ha tenido también el trabajo admirable del policía Diego Miguel Castro Sánchez. Esa entrega profesional se nota en sus rostros. Han visto en directo la tragedia, sufriendo en primer plano, a pie de obra y que siguen pensando en la tarea y, quizá, no son conscientes de que deben recibir tratamiento psicológico, como los bomberos y tantos profesionales, para seguir en el tajo. A Rodríguez Cazorla lo retratamos como un ejemplo de servidor público que da la vida por los demás. Buena persona que lo es, decisión que los gallarderos compartimos casi por unanimidad. Está claro que siempre tiene que haber un tonto de guardia que discrepe. No me consta. Si lo hay, lo sentimos. Desde niño mostró madurez hasta cuando jugaba al fútbol, elaborando jugadas con sentido. 

Fortaleza ante un reportero. Ahora bien, el carácter se demuestra ante situaciones que lo requiere. Un ejemplo. Después de la primera tarde y madrugada del jueves al viernes del incendio, sobre las nueve de la mañana observaron, tanto Mari Carmen como José Antonio que un establecimiento tenía el fuego muy cerca de sus muros. Estaba en juego la vida de siete trabajadores sexuales en las inmediaciones de la sierra de Alcornia. Ambos policías de Los Gallardos les indicaron que recogieran sus cosas imprescindibles y que subieran al vehículo policial. Ahora viene lo del carácter impositivo con un reportero que portaba un gran visor. “Y a usted, señor, le ordeno como autoridad que debe ayudar inmediatamente. ¡Es una orden! Entendió tras unos segundos de hacerse el remolón que la situación era inminente, mientras Mari Carmen ya las había convencido de que debían dejar sus aposentos. Trasladamos a esas personas al Espacio Escénico de Los Gallardos”, reiteró Rodríguez Cazorla en presencia de su colega Carricondo. Otra situación crítica vivida antes de aproximarse a los cortijos de Los Villaltas y Los Burgos. “Venía un vehículo a toda velocidad. Llegué a pensar que nos arrollaba a todos, policías y guardias civiles. Dio un frenazo impresionante y portaba a una persona sin piel, pero con vida, que me impresionó mucho. Pasó a una ambulancia, pero esa imagen tan bestial, la llevo en mi mochila, como les ocurrió a otros colegas”.  “He aprendido que un incendio de estas características puede cambiarlo todo en cuestión de minutos y que nunca hay que subestimar su fuerza. También he comprobado que, para afrontar una emergencia de esta magnitud, es imprescindible contar desde el primer momento con todos los medios humanos y materiales necesarios, porque cada profesional y cada recurso pueden marcar la diferencia. Una experiencia así también te hace valorar mucho más la vida y comprender que, cuando ves a personas luchando por salir con vida de sus propias casas, todo lo demás pasa a un segundo plano. Lo verdaderamente importante es que las personas puedan ponerse a salvo y regresar con sus familias”.

Viendo el estreno de la Odisea de Homero, me vino a la memoria los trabajadores anónimos que se juegan el tipo para salvar vidas. Decenas de amigos como la doctora turrera Ana Amalia Orero, los sacerdotes como Miguel Esteban Jerez o José A. Rodríguez Castaño desde Serón que han hecho lo posible con diferentes campañas para acompañar a familias de Bédar marcadas para siempre. “Entre tanto dolor, también ha prendido otra llama, la de la solidaridad compartida que une a pueblos y personas”. El próximo sábado en Vera habrá un concierto benéfico por parte de Ben Beder, la banda musical de Bédar y Los Gallardos. Siempre, hay ciudadanos dando lo mejor.

Sigamos construyendo juntos una Almería mejor

María del Mar Vázquez
Alcaldesa de Almería

Me llena de ilusión poder compartir con todos vosotros la noticia de que el Partido Popular me ha designado formalmente candidata a la Alcaldía de Almería en las Elecciones Municipales del próximo mes de mayo de 2027. Quiero mostrar desde aquí mi agradecimiento a mi partido, que es mi casa desde que estoy en política; a mi presidente, Alberto Núñez Feijóo, y al resto de mis compañeros, por confiar en mí para revalidar un reto tan apasionante como volver a gobernar el Ayuntamiento de Almería. Y asumo esta tarea con la misma sensatez, humildad y energía que me han movido desde que asumí la responsabilidad de ser alcaldesa de mi ciudad. Juntos, los almerienses hemos conseguido muchas cosas a lo largo de los últimos años. 

Hemos conseguido desbloquear proyectos que se veían lejanos y casi imposibles de lograr, como el avance de las obras del soterramiento y la llegada del AVE, la puesta en marcha de los trabajos de integración del Puerto con el casco urbano o la necesaria modernización y reforma de un espacio tan céntrico y vital como el Paseo. La dedicación y la escucha activa que han marcado la agenda en el Ayuntamiento nos han permitido comenzar a modernizar servicios estratégicos como la adecuación de los servicios de limpieza a las necesidades reales de una ciudad que ha superado por primera vez en su historia los 200.000 habitantes; hemos visto importantes avances en la realidad que supone una movilidad urbana más sostenible y con capacidad de acoger otros medios alternativos de transporte personal; hemos mejorado y transformado realidades cotidianas en todos y cada uno de los barrios y hemos conseguido poner a Almería en el centro de las políticas de futuro, como son la Economía Azul y un turismo cultural tan demandado como el de los grandes festivales. 

Hemos hecho muchas cosas sumando coraje, energía y valentía para cambiar las cosas. Pero el futuro de Almería requiere nuevos esfuerzos y más empuje compartido. Para mí, la alcaldía no se gana en campaña; se gana cada día, compartiendo, aprendiendo y trabajando codo con codo con vosotros. Para ello me está acompañando un equipo increíble, comprometido con crear una ciudad donde cada uno pueda desarrollar su talento y cumplir sus metas. Porque gobernar es, ante todo, servir. Es estar a vuestro lado, resolver problemas y unirnos por una Almería positiva. Es el modelo que hemos impulsado desde el PP: gestionando la economía con rigor y seriedad para ser más competitivos, diseñando y presentando los Presupuestos que permiten el mantenimiento de unos servicios municipales de calidad, educando y concienciando para ser una ciudad cada vez más inclusiva y apoyando sin fisuras a emprendedores, autónomos y familias. 

Por eso, queremos seguir gestionando el Ayuntamiento de Almería siendo receptores del talento de los almerienses, siempre con los pies en la tierra, siendo transparentes y adquiriendo compromisos reales, como la construcción de viviendas sociales, en donde hemos llegado a doblar la cantidad de casas construidas y puestas en el mercado y en alquilar. Quizás no podamos llegar siempre a todo, pero os aseguro que siempre buscaremos la forma de dar lo máximo. Quiero seguir mirándoos a los ojos y hablaros desde el corazón, porque vuestra confianza es la fuerza que me impulsa a mejorar nuestra ciudad. Además, contamos con el impulso de una Junta de Andalucía que, gracias a la gestión de los gobiernos de Juanma Moreno, nos está dando el lugar y los recursos que Almería merece para liderar grandes cambios. Almería nos une en la voluntad de crecer y avanzar. Con sensatez, cercanía y una ilusión inmensa, os invito a acompañarme en esta aventura apasionante. Sigamos construyendo juntos una Almería mejor.

Lo que nunca debemos olvidar

José María Martín
Subdelegado del Gobierno en Almería
Secretario General del PSOE de Almería

¿Qué les han hecho a Feijóo los trabajadores y las trabajadoras de este país para no perder ni una sola oportunidad de ir en su contra? Cuesta entender, o quizás no tanto desde que ha asumido sin disimulo la agenda ultra de Vox, que el líder del Partido Popular apueste por recortar sueldo y prestaciones a las personas trabajadoras durante las bajas laborales, con o sin acuerdo sindical, como él mismo precisó. También que haya calificado esas bajas como “un cáncer”, una expresión que refleja una preocupante falta de sensibilidad hacia quienes atraviesan un problema de salud. 

Conviene recordar que el Gobierno de Pedro Sánchez derogó en 2020 el artículo que permitía despedir a empleados por bajas médicas justificadas. Aquella fue una decisión que devolvió seguridad y dignidad a miles de personas. Sin embargo, escuchar ahora a Feijóo equiparar las bajas laborales con el absentismo hace pensar que sigue mirando con nostalgia aquella etapa de Rajoy marcada por la reforma laboral y los recortes en las prestaciones. 

La experiencia demuestra que ampliar derechos laborales no solo es una cuestión de justicia social, sino que también tiene su reflejo en la actividad económica, como demuestran hoy todos los indicadores. Mientras la derecha anunciaba ruina y grandes cataclismos por la subida del salario mínimo, la reforma laboral o la revalorización de las pensiones, España ha alcanzado cifras récord de empleo y estabilidad. 

En Almería, solo el pasado mes de junio, coincidiendo con el abono de la paga extraordinaria, la Seguridad Social destinó 280 millones de euros al pago de las pensiones, una cifra récord que refleja la fortaleza de un sistema que hoy protege mejor y a más personas. Desde 2018, el salario mínimo interprofesional se ha incrementado en ocho ocasiones y ha aumentado un 66 % hasta situarse en 1.221 euros mensuales. La contratación indefinida se ha convertido en la norma y nunca antes habían trabajado tantas mujeres como ahora, un avance que también se traducirá en el futuro en pensiones más dignas. 

Cada mejora en las condiciones de trabajo, cada avance social y cada paso dado para reducir la desigualdad han sido fruto de las decisiones políticas que han tomado los gobiernos socialistas y progresistas en nuestro país. Por eso mismo, conviene recordar que ningún derecho es irreversible y que aquello que costó décadas conquistar puede perderse mucho más rápido de lo que pensamos.

Breves notas de 40 años de Pedro Manuel en La Voz

José Luis Martínez
Editor de 'La Voz de Almería'

Amalia Sánchez Sampedro es una nudista desde los primeros tiempos en los que esta práctica se inició en Vera, y ejerció de periodista en Madrid desde los últimos años del franquismo hasta bien entrada la democracia. Fruto de esos años publicó el libro ‘Pendientes de la noticia’ (Editorial Planeta, 450 páginas), una crónica imprescindible para conocer todo el periodo de la transición.

Coincidimos los dos en todo el proceso constituyente y siguientes años ya constitucionales. Y en uno de esos tiempos vacíos que había en el parlamento, Amalia, conocedora de mi pasión por la prensa local, me advirtió en los pasillos del Congreso de los Diputados (ella era redactora de la agencia Colpisa y yo de La Vanguardia) del posible cierre de La Voz de Almería (entonces era de Medios de Comunicación del Estado) si en dos semanas nadie acudía a la tercera subasta. Nadie mostró interés en las dos convocatorias anteriores. Le hice caso. En la primavera de 1984, un grupo de personas, conmigo a la cabeza, nos hicimos cargo de la salvación del periódico.

Pedro Manuel de la Cruz / Foto: Juan Sánchez

Cumplido ese trámite y tras unos primeros años muy acertados en el cargo del periodista almeriense Carlos Santos, que entonces ejercía la profesión en Madrid, y un periodo corto de Francisco Pérez, antes de que fuera a dirigir El Periódico de Extremadura, asumió la dirección Pedro Manuel de la Cruz. Durante 40 años Pedro Manuel ha ejercido esa labor con pasión y entrega y ha consolidado a La Voz como la cabecera histórica de referencia de la provincia. Es de agradecer.

Los tres directores, y yo como editor, coincidíamos en varios aspectos, muy necesarios para emprender una aventura como esta en esos años todavía inciertos de la democracia: antifranquistas, dialogantes y convencidos de la necesidad de cambios en el país, recurriendo al consenso como el mejor método de trabajo. Y sobre todo muy llenos de curiosidad, tal como la consideraba Einstein, que se creía así mismo no como un gran talento sino como “un apasionado curioso” (“I am only passsionately curious”). No se puede ejercer el periodismo sin esa cualidad. Y Pedro Manuel la tiene, y en abundancia.

Previamente a aquellas fechas yo ya había participado en nuevos medios de comunicación que surgieron en el posfranquismo en varias provincias. Todos fracasaron por querer asemejarse a El País, de moda en las redacciones del momento. Por eso opté por directores almerienses que conocieran y se identificaran con su tierra. Los accionistas (esos seres anónimos en tantas sociedades) lo apoyaron, que también es de agradecer.

De ese convencimiento, editar un periódico fundamentalmente almeriense, con predominio de información local, siempre participó Pedro Manuel. En aquel entonces yo era presidente del Diario del Alto Aragón de Huesca y ahí viví una interesante experiencia: un pequeño periódico de pocas páginas ganaba en suscripciones y venta a la edición local de uno de los grandes periódicos regionales, con tres veces y media más de paginación.

Cargos de responsabilidad en las redacciones de La Voz, como Ángel Iturbide (gran navarro y almeriense), Antonia Sánchez Villanueva (inteligente y bondadosa), Antonio Lao (inquieto siempre) y Simón Ruiz (amante permanente de noticias), participaron muy bien de esa filosofía de la información cercana, fortaleza hasta ahora de esta cabecera. Los cuatro atendieron siempre, siempre a las personas con nombre y apellidos de aquí, a las reivindicaciones de la provincia, atentos a la “organización democrática de la convivencia y la defensa de los intereses colectivos y cada uno de los ciudadanos”, en palabras del director.

No fueron fáciles los inicios de aquella aventura. El propio Pedro Manuel contó, fechas más tarde, que pocos días después de la privatización, “en la madrugada del 1 de junio de 1984, Carlos, el legendario kiosquero del Paseo me dijo “Lo tenéis muy difícil… dicen que va a ser un periódico de partido…”. Dos meses y 24 días después, en una recepción con kiosqueros en la caseta que por primera vez en la historia de la feria montó La Voz, el propio Carlos me dijo: “Me equivoqué, lo estás consiguiendo. La gente os acepta”.

La “Almería cutre” se dio por vencida, y entendieron que un medio, y más si es local, no puede perder su prestigio haciendo campañitas contra el primero que llega al Paseo. Recuerdo ahora con mucho cariño las colaboraciones entonces de personas como María Casinello, tan generosa como buena, o la de los escritores José María Artero y Fausto Romero-Miura. Era un gusto asistir a tertulias suyas en el despacho del director con Miguel Naveros, que entonces se encargaba de la opinión.

A la Caseta de La Voz le continuaron coleccionables de distinta temática sobre la historia de la provincia, los premios anuales en cada una de las comarcas (idea magistral del anterior consejero delegado, el aragonés Juan Fernández-Aguilar), o el suplemento escolar ‘La foto de mi clase’, donde salían los nombres y foto colectiva de todos los cursos de cada año. Con esos mismos criterios atendimos también a las cofradías y bandas de música y a otras múltiples iniciativas de diversos colectivos.

Un ilustre dueño de un bar muy popular, El Quinto Toro, declaró en una entrevista, “No eres noticia si no sales en La Voz”. La familia de David Bisbal siempre agradeció que fuéramos los primeros en colocar teléfonos para que los almerienses votaran por él en el concurso Operación Triunfo.

Estuvimos siempre “pegados a la cal”, como dice ahora el redactor Carlos Miralles en su serie actual sobre el fútbol almeriense. Pegados a tantos acontecimientos, escuchando siempre la calle. Ayudamos al resurgir de la Semana Santa, estuvimos en las demandas de la Universidad, en la creación de la Facultad de Medicina, etc., etc., etc. En ese satisfactorio activismo que desarrollamos se palpaba en el ambiente dos vivencias infantiles: la de Pedro Manuel que había mamado el “espíritu del mostrador” de la tienda que regentaba su padre en Albox y la mía como repartidor de leche en un pueblo navarro de 8.000 habitantes. Añadan a esos cariñosos datos nuestro activismo político en épocas del régimen franquista. Son historias como las de muchos españoles de aquel período. Nosotros supimos aplicar aquellas “artes” también a la salvación de un periódico, la querida (querida sobre todo por nuestros seguidores) Voz de Almería. Esos seguidores son personas concretas de Almería. Como pienso tantas veces, en las personas está la noticia.

A lo largo de mi vida profesional he gozado de una especial amistad de dos colegas, la de Soledad Gallego-Díaz, exdirectora de El País, recientemente fallecida, que gozaba tanto como yo cuando le contaba en sus veraneos de Rodalquilar todas estas iniciativas, y la de Amalia Sánchez Sampedro que me metió en este lio de La Voz, mi mejor experiencia vital y profesional. Ella optó por ser una buena y gozosa vecina de la “pecaminosa” playa nudista de Vera (qué gran decisión del alcalde César Martín Cuadrado). Como una almeriense más participa también de la “tertulia de Tadeo”, puesta en marcha por el inquieto José Manuel Gómez Angulo y de la que son miembros también Pedro Manuel de la Cruz, Paco Giménez Alemán, exdirector de ABC, y Chacho Torres (rey del levante almeriense), y mi buena amiga Georgina Higueras, excorresponsal de El Pais en China y en Moscú y con la que gozo tanto disintiendo de sus tesis sobre política internacional, aunque reconozco su amplia sabiduría sobre sobre esos temas.

Queridos lectores, pido disculpas por las alusiones a mi persona a lo largo de este relato. No es usual en mí, pero creo que mis palabras al final de estos 40 años de Pedro Manuel como director de La Voz están humana y profesionalmente justificadas.

Pedro Manuel, seguimos en el tajo. Abrazos. Gracias.

El mejor retratista de Almería

Emilio Ruiz
@opinionalmeria

La etapa democrática, política, social y económica de la provincia de Almería no se entiende sin la interpretación que en cada momento ha ido haciendo Pedro Manuel de la Cruz durante los cerca de cuatro décadas que ha permanecido al frente del periódico decano de los almerienses, "La Voz de Almería". El albojense ha tenido bajo su mando en la redacción del periódico a decenas, quizás centenas, de periodistas. Muchos de ellos han sido y son hoy figuras populares que vemos cada día en la tele y que oímos en las cadenas nacionales de radio. Pero ninguno como Pedro ha sabido interpretar desde las páginas del periódico el punto de exquisitez periodística que daba a sus crónicas. Pedro Manuel de la Cruz conoce metro a metro, palmo a palmo, la provincia de Almería, y no solo su territorio, sino también a su gente. No hay rincón de la provincia donde Pedro no tenga un montón de confidentes, de amigos. Por eso, cuando escribía una columna sobre cualquier tema de actualidad, Pedro tenía retratada en su mente aquel momento, aquel alugar, aquellas personas sobre las que estaba escribiendo. Se lo he dicho en varias ocasiones: "No hay nadie que tenga la visión global de la provincia que tienes tú".

Pedro Manuel de la Cruz / Foto: Juan Sánchez, para 'La Voz de Almería'

Almería ya no es la provincia retrasada y acatetada que se encontró Pedro cuando llegó a la dirección de 'La Voz de Almería'. El paisanaje personal almeriense está dotado, ahora, de miles de excelentes profesionales, de catedráticos de universidad, de doctores varios en las diversas materias, de investigadores que abren puertas a la excelencia... Afortunadamente, tenemos un capital humano de primer nivel, y esa es una de las razones por las que nos adherimos a la esperanza de un buen futuro para nuestra provincia. Tenemos todo eso, sí, pero, al menos a mí, me resulta difícil encontrar esa persona que sepa retratar el momento vital de Almería como lo sabe hacer Pedro.

Pedro Manuel de la Cruz abandona la dirección de 'La Voz de Almería'. Quienes vemos en él el faro que mejor alumbra la actualidad política, social y económica de nuestra tierra nos vamos a atrever a pedirle un último favor: ya que te despojas de la presión de tener la obligación de poner cada día un periódico en la calle, tarea que debe ser harto difícil, no dejes de ofrecernos tu visión de las cosas que acontecen en esta tierra. Porque el caudal de información que transita por tu mente y la sensatez de tus reflexiones no merecen -no nos merecemos- un reposo prolongado. Gracias por todo, Pedro.

La despedida de Pedro Manuel de la Cruz como director de 'La Voz de Almería'

"Escribió Machado en uno de sus versos más luminosos que todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar. Desde aquel lunes 1 de julio de 1986 en que subí por primera vez las escaleras de madera de la Avenida de Montserrat para firmar mi incorporación a la redacción de La Voz de Almería han pasado casi 40 años. Cuatro décadas en las que durante 38 años, 5 meses y 9 días he tenido el privilegio de dirigir su redacción.

Pero como en el verso machadiano, todo pasa porque todos debemos pasar. Hoy concluye mi tiempo en la dirección de La Voz y lo hago con el inmenso orgullo de haber contado desde el puente de mando del periódico de todos los almerienses el cambio más profundo que ha vivido la provincia en toda su historia. Contemplar y contar desde el camarote del capitán la vida de Almería y los almerienses durante 14.029 amaneceres ha sido una travesía apasionante.

Una travesía que no hubiera sido posible sin el respaldo constante de José Luis Martínez, mi editor, el apoyo de los cientos de redactores que han enriquecido mi experiencia vital y el afecto y el cariño de los lectores como usted, y de los amigos como tú.

Desde aquel sábado en el que en el VIP madrileño de O’Donell con Velázquez y delante de unos espaguetis y una milanesa José Luis Martínez me propuso, sin consciencia y sin cordura, ser director cuando apenas había cruzado el umbral de los 30 años, nunca pensé que aquel camino que empezábamos iba a acercarse al perfil quimérico de la eternidad.

Desde aquella tarde de temeridad y aguacero madrileño hemos construido una pareja tan cercana a la que Walter Mathau y Jack Lemon protagonizaron en ‘Primera Plana’ que ha acabado siendo irrepetible. Nos conocemos tanto que sin hablar y sin mirarnos ya sabemos lo que estamos pensando. Ahí ha estado la clave de tan extraña pareja formada por un navarro y un andaluz. Esa ha sido la clave de bóveda que ha soportado nuestras eternas discusiones.

Puedo confirmar y confirmo que quizá pueda haber dudas sobre si ha habido un editor y un director que hayan discutido tanto como nosotros. De lo que no tengo ninguna duda es que nunca ha habido un editor que haya dado más libertad a un director que a mí. Y esa realidad solo merece el infinito sentimiento de la gratitud. Ser uno de los directores en la historia del periodismo europeo que más años ha estado al frente de una misma cabecera- el segundo para unas fuentes, el cuarto para otras, pero siempre en el top five; el ChatGPT, ya saben-, es una satisfacción biográfica por la que siento un sosegado sentimiento de orgullo.

De los errores cometidos, que los ha habido y muchos - bajo mi dirección el número de noticias publicadas por La Voz supera el millón - el único responsable he sido yo, y a todos los que alguna vez han afectado esos errores solo puedo presentarles mis disculpas. Nunca - y bajo ninguna circunstancia - publiqué una noticia con la voluntad de hacer daño. Nunca. Quien me conoce sabe que digo la verdad.

Históricamente las revoluciones sólo provocaban un día de fuego y 50 años de humo. Hoy la revolución acude cada mañana al calor de los invernaderos, a la inteligencia de los laboratorios donde se investiga el futuro, al aprendizaje en las aulas de la universidad o, sencillamente pero noblemente, allí donde se proyecta la capacidad innovadora de una mujer o un hombre que se siente parte de un ejército que intenta cambiar cada día una realidad pública o privada compartida.

Los redactores que han pasado por La Voz han contado el cambio de una provincia que ha progresado más en 40 años que en toda su historia. Esa fue, es y será la inmensa herencia que la vida nos ha concedido a todos los que hemos trabajado en La Voz. Desde el último práctico al primer redactor, todos los que han construido La Voz desde su nacimiento hemos tenido la fortuna de ser río en lugar de ser laguna, de ser lluvia en lugar de ver llover. Hemos estado en primera línea contando esa revolución tan silenciosa como eficaz, tan compartida como ignorada durante muchos años extramuros de nuestras fronteras.

Hoy concluye mi etapa al frente de la nave. Los tiempos están cambiando y no hay mejor aliado para enfrentarse a los nuevos retos que la renovación de ideas, tecnología y personas. Estoy convencido que el nuevo capitán mejorará la travesía de una casa en la que se construye cada minuto la crónica real de la provincia desde hace 87 años.

Termina mi posición en el puesto de mando, pero la travesía sigue. Si un leopardo no puede borrarse las marcas de la piel, un periodista de verdad nunca deja de serlo. Nos encontraremos en otros escenarios.

Y como la vida es un fandango, nada mejor que recoger la profunda belleza del que proclama que “aunque me voy, no me voy; aunque me voy, no me ausento; porque me voy de presencia, pero no de pensamiento; aunque me voy no me voy”.

Ojalá que nos vaya bonito y la vida nos vista de suerte.

Feliz Verano".