El conflicto de este clan
familiar es un auténtico laberinto de traiciones cruzadas donde, al final,
todos se deben explicaciones a todos. Por un lado, Ortega Cano tendría que
pedirle cuentas a Rosa Benito por las declaraciones televisivas que lo dejaron
en mal lugar, pero también por haber atacado duramente tanto a su hijo José
Fernando como a los hermanos y hermanas del torero. Al mismo tiempo, Ortega
debería exigirle explicaciones a su propia hija, Gloria Camila, por mantener
una relación más que amigable con Antonio David, el mismo hombre que lo amenazó
con contar sus intimidades en televisión y que llegó a hacerlo. A su vez,
Gloria Camila tendría motivos para pedirle explicaciones a su padre por
renunciar a parte de la herencia que Rocío Jurado les dejó a ella y a su
hermano José Fernando, cediendo supuestamente a las peticiones de Amador y
Gloria Mohedano. Estos dos últimos, los tíos, también deberían pedirle
explicaciones a la propia Gloria Camila por su cercanía con Antonio David,
recordando que este fue uno de los peores detractores de La Más Grande y llegó
a demandarla por mil millones de pesetas. Un Antonio David que ha sido
criticado por Rosa Benito en infinidad de ocasiones tanto en plató como entre
bastidores.
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| Rocío Carrasco / Cadena Dial |
En esa misma línea de
agravios, José Fernando tendría que pedir cuentas a Rosa Benito por contar
barbaridades de él de cuando era niño. Por su parte, Amador Mohedano tendría
que hacer lo mismo con su hija Chayo por criticarlo en los platós siguiendo el
ejemplo de su madre. Una Chayo Mohedano que, a su vez, cae en sus propias
contradicciones pues cargó duramente contra su prima Rocío Carrasco, contra el
programa Sálvame, contra Telecinco y contra las seguidoras de la Marea Fucsia
debido al apoyo que brindaban a Rocío. Sin embargo, Chayo debería haber pedido
explicaciones primero a su propia madre, Rosa Benito, por seguir trabajando en
Telecinco, y a su padre, Amador, por continuar colaborando esporádicamente en
los programas de la misma cadena que ella tanto repudiaba.
Para cerrar el círculo de
reproches, Rocío Flores debería pedirle explicaciones a su padre, Antonio
David, por haber fustigado durante años a su madre, Rocío Carrasco, y a su
abuela, Rocío Jurado. Además, la hipocresía del clan queda al descubierto al recordar
que el propio Antonio David Flores cargó duramente contra Amador Mohedano, para
llegar un día a dejar de lado sus diferencias y terminar pactando un plató de
televisión en el que atacar conjuntamente a Rocío Carrasco. Incluso se ha
llegado al ámbito judicial generando tensión innecesaria, y es que Gloria
Camila denunció a Rocío Carrasco para frenar la docuserie En el nombre de
Rocío, alegando la existencia de unos manuscritos que supuestamente pertenecían
a su madre y dejaban en muy mal lugar a Ortega Cano. Esta terminó desistiendo
del proceso en el momento en que en el juzgado le enseñaron a su abogado de qué
documentos se trataba. Ahora, la hija del torero amenaza con demandarla de
nuevo por una autobiografía de la de Chipiona que la artista entregó en vida a
Rocío Carrasco, que relata sus vivencias desde sus orígenes hasta su divorcio
de Pedro Carrasco, y en los que se basa el citado documental.
En definitiva, se trata de un
galimatías donde triunfa la traición entre todos y la lealtad brilla por su
ausencia, con la única excepción de Rocío Carrasco, quien se ha mantenido al
margen de las disputas hasta que la situación se volvió insostenible y decidió
romper su silencio. Curiosamente, tras contar su realidad, todos los miembros
del clan se unieron en un frente común en su contra, olvidando de manera
hipócrita sus propias traiciones del pasado para aliarse como enemigos de Rocío
Carrasco y de alguna manera de Rocío Jurado. A este bloque se sumó
estratégicamente Rocío Flores quien separada de su madre por una sentencia de
malos tratos y tras años sin mantener ningún tipo de relación con sus tíos
Amador, Gloria y Rosa Benito y con Ortega Cano, aprovechó el conflicto de estos
con su progenitora, para retomar el contacto con ellos y aunar fuerzas.
Esta inquina colectiva se
perpetúa en la actualidad, coincidiendo con el 20 aniversario del fallecimiento
de Rocío Jurado, ya que, con motivo de ello, Carrasco ha promovido un biopic
que graba RTVE y un documental en Movistar Plus para honrar la memoria de la
artista, producción que ha invitado a participar a Ortega Cano, Amador Mohedano
y Gloria Mohedano. Sin embargo, todos han declinado la propuesta por el hecho
de que Rocío Carrasco aparece como productora ejecutiva. Con este desplante,
vuelven a evidenciar su rechazo hacia ella, intentando ensuciar un proyecto que
solo busca mantener el legado de la artista. Este boicot no es nuevo, ya que la
familia se ha negado a visitar el museo que Rocío Carrasco inauguró en Chipiona
dedicado a la cantante o acudir a la presentación del sello que Correos emitió
en su honor. El trasfondo de esta actitud radica en que los Mohedano y Ortega
Cano siguen creyendo erróneamente que son los verdaderos legatarios del
recuerdo y la herencia musical de Rocío Jurado, ignorando deliberadamente que
la artista nombró como heredera universal a su hija Rocío Carrasco. Mientras,
Gloria Camila llora en los platós de televisión reclamando que ella también es
hija de la chipionera, Amador hace entrevistas despotricando contra su sobrina,
Rosa Benito amenaza con largar y AD aprovechando el tirón mediático de Rocío,
engorda su cuenta bancaria recaudando Bizums con el único trabajo que se le ha
conocido en los últimos veinticinco años: hablar mal de Rocío Carrasco.
Poniéndose en la piel de la hija de la Jurado ante semejante panorama de
puñaladas por la espalda, pantomimas televisivas, demandas judiciales
infundadas, pactos de conveniencia tras años de vacío y un boicot constante al
recuerdo de su propia madre, resulta completamente comprensible que la única
salida digna y saludable sea la indiferencia y mandar a toda la familia a freír
espárragos de una vez por todas, buscando la paz lejos de un entorno tan
destructivo.