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Verano

Ignacio Ortega
@opinionalmeria 

En esta ciudad, el verano no llega: se instala. Cada año, desciende limpio desde mayo a octubre. Y en ese agobio que es belleza se aprende a resistir, con la misma parsimonia de los ferris que se alejan ante mí, hacia Orán, Melilla o Nador.  No pide permiso ni tiene prisa. Si tuviera río, estaría seco; si tuviera sombra, no sería Almería. El calor lo cubre todo como piel ajena imposible de quitar. No hay tregua. Ni para las flores, ni para los humanos, ni para el sueño.

El asfalto se agrieta como la piel vieja. El suelo cruje bajo las suelas. El mar, que en otro tiempo alivia la ciudad, en verano arde. El viento es un aliento caliente que empuja sin refrescar. Al atardecer, en lugar de chicharras, puedes escuchar el crepitar del suelo bajo un sol que declina entre las calles, mezclando el calor acumulado con el olor del azahar y el salitre que llega desde el puerto.

Recuerdo aquellos veranos que eran como un suspiro bajando desde Jaén,  tumbado en la penumbra de una habitación frente a la playa del Zapillo. La persiana bajada, la luz filtrándose en rayas oblicuas, el ventilador girando sin fe. Afuera, voces apagadas. Dentro, el tiempo detenido. Entonces el verano era otra cosa: un refugio lento, una promesa. Hoy el calor de este verano lo borra todo. Se borran los nombres, las palabras, las frases. Se borran y amenazan con perderse para siempre. Todo ha cambiado mucho. También yo, arrastro mis recuerdos sobre esta piel gastada, que ahora pertenecen a las arenas de estas playas. Hasta los olores a salitre y humedad vieja vuelven, y todo lo guardo, suspendido en mi memoria.

Pronto los días se acortarán y el último sol de este verano, afilado como un cuchillo, dejará su huella en la ropa, en las calles, en la memoria de quienes vivimos y pasaron por aquí. Almería no se deja olvidar. Ni su luz que no ilumina sino que te atraviesa y te deja en el alma una huella impregnada de sal y  silencio que desciende desde allá, al fondo, de una alcazaba vigía, como un faro que se impone frente al mar y la ciudad. Si algo tienen los veranos de Almería, es que los almerienses no reniegan de su sol, sino que buscan a alguien con quien compartirlo, que es la forma brutal de hacernos más humanos.

Las portadas de los tres periódicos de Almería

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Cada mañana se pueden adquirir tres periódicos de papel que tratan sobre los temas de Almería y su provincia. El decano es  La Voz de Almería , que es también el que tiene mayor difusión. El segundo por el número de lectores es  Ideal,  el periódico con sede en Granada, que tiene una edición especial para Almería. El tercero en difusión es el más joven -que recuperó el nombre de una cabecera histórica-, Diario de Almería, que pertenece al Grupo Joly, propietario de cabeceras en casi todas las provincias andaluzas:





Las portadas de las cinco revistas semanales

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Ya están en los puntos de venta las revistas semanales. Cuatro de ellas (Lecturas, ¡Hola!, Diez Minutos y Semana) salen los miércoles, mientras la revista Pronto se adelanta sobre sus compañeras y se pone a la venta los lunes. Estas son las portadas de esta semana:






Rocío Carrasco: «A mis fucsias los llevo en el corazón»

Alba Haro
@opinionalmeria

Hay entrevistas que sirven para promocionar un proyecto y otras que terminan convirtiéndose en una ventana abierta a la intimidad. La conversación que Rocío Carrasco mantuvo este martes en El sótano, el programa de TEN presentado por su amiga Alba Carrillo, perteneció claramente a la segunda categoría.

Rocío Carrasco, en Ten

Lejos de la polémica que durante años ha acompañado cada una de sus apariciones públicas, Carrasco se mostró cercana, reflexiva y profundamente agradecida a quienes han permanecido a su lado en los momentos más difíciles. Entre ellos están sus seguidores, esos "fucsias" que la acompañan diariamente en las redes sociales aunque ella, paradójicamente, no participe en ellas. No necesita abrir una cuenta para sentir su afecto. Los lleva, como ella misma deja entrever, en el corazón.

La entrevista estuvo marcada por la complicidad con Alba Carrillo. Ambas recordaron cómo nació su amistad durante la etapa en la que coincidieron en Hable con ella. «Llorábamos a la par que nos reíamos. Estábamos las dos con medicación», recordó Rocío, evocando un periodo complicado para ambas. De aquella experiencia surgió una amistad que el tiempo ha consolidado.

Uno de los momentos más reveladores llegó cuando habló de sus padres. A propósito del documental La más grande, Rocío quiso distinguir entre la artista universal y la mujer que existía detrás del personaje. «Rocío Mohedano no tenía nada que ver con Rocío Jurado», explicó. La cantante admirada por millones convivía con una mujer de costumbres tradicionales, una dualidad que, según contó, incluso sorprendía a quienes mejor la conocían.

También compartió una historia inédita sobre un sobre que su madre le entregó poco después de la muerte de su padre, Pedro Carrasco. Dentro había fotografías y un escrito destinado a ayudarle a comprender mejor quiénes habían sido realmente sus progenitores. Durante años permaneció guardado entre cajas hasta que reapareció mientras preparaban el documental. Un hallazgo cargado de simbolismo y emoción.

Cuando habla de Pedro Carrasco, la voz de Rocío se llena de ternura. Lo describió como «maravilla pura», una persona entrañable, con un extraordinario sentido del humor y de la que jamás escuchó una mala palabra. «Yo era locura con mi padre y mi padre conmigo», confesó. La muerte del exboxeador supuso un golpe devastador para toda la familia, especialmente para Rocío Jurado.

Sobre su madre, destacó la imagen de una mujer luchadora, trabajadora infatigable y profundamente comprometida contra las injusticias. «Yo admiro a Rocío Jurado y amo a Rocío Mohedano», resumió en una frase que probablemente sintetiza mejor que ninguna otra la relación entre la hija y la leyenda.

Carrasco recordó además la extraordinaria normalidad con la que vivió una infancia rodeada de algunas de las figuras más importantes de la cultura española. Para ella, convivir con Paco de Lucía, Camarón o Lola Flores era algo cotidiano. «Para mí, Lola Flores era simplemente Lola», dijo con naturalidad, reflejando una realidad que para cualquier otra persona habría resultado excepcional.

Pero si hubo un mensaje recurrente durante toda la entrevista fue el valor de los afectos sinceros. «Yo soy de la familia elegida», afirmó. Esa familia formada por quienes te quieren de verdad, por quienes te apoyan pero también te señalan los errores cuando es necesario. En ese círculo ocupa un lugar fundamental Fidel Albiac, a quien Alba Carrillo definió como una persona excelente. «Cuando necesito un consejo, a quien llamo es a Fidel», explicó. Y Rocío añadió una frase que resume décadas de compañerismo y lealtad: «Tengo una suerte de tenerlo al lado cada mañana cuando me despierto».

Quizá por eso Rocío Carrasco transmite hoy una serenidad distinta. Después de años de exposición pública, parece haber encontrado refugio en la memoria de sus padres, en la familia que ha elegido y en el cariño de quienes la siguen sin exigir nada a cambio. Entre ellos están esos miles de "fucsias" que la defienden, la apoyan y celebran cada uno de sus pasos.

Ella no está en las redes sociales. No publica mensajes, no comparte fotografías ni responde comentarios. Pero, a juzgar por sus palabras y por la emoción que mostró durante la entrevista, no cabe duda de que a sus fucsias los lleva, efectivamente, en el corazón.

Andalucía sigue necesitando celebrar El Orgullo

José Francisco Cano de la Vega
Coordinador de Sumar en Almería

Cada 28 de junio se celebra el Día Internacional del Orgullo LGTBI+, una fecha que recuerda los disturbios de Stonewall de 1969, cuando un grupo de personas decidió plantar cara a la discriminación institucional que sufría por el mero hecho de amar o vivir de forma diferente a la norma impuesta. Han pasado casi seis décadas desde entonces y, aunque los avances en derechos han sido indiscutibles, la pregunta sigue siendo la misma: ¿todavía es necesario reivindicar el Orgullo? La respuesta, desgraciadamente, es un sí rotundo.

La bandera de la tolerancia ondea en Las Negras / Loa

En Andalucía, esa necesidad adquiere una relevancia especial ante la proximidad de un gobierno de coalición entre el Partido Popular y Vox. No se trata de una cuestión partidista, sino de analizar qué consecuencias puede tener para la igualdad real de las personas LGTBI+ la entrada en las instituciones de una fuerza política que niega la existencia de discriminaciones específicas por orientación sexual e identidad de género, rechaza las políticas públicas de diversidad y cuestiona buena parte de los avances alcanzados en los últimos años. 

Las leyes no son inmutables y los derechos tampoco. La historia demuestra que ningún avance social está garantizado para siempre. Hace apenas unas décadas, en España se encarcelaba a las personas por el mero hecho de ser homosexuales. Hoy disfrutamos de una realidad radicalmente distinta, pero eso no significa que la igualdad haya sido plenamente alcanzada ni que los discursos que alimentaron aquella discriminación hayan desaparecido. 

Uno de los fenómenos más preocupantes de los últimos años es la normalización de mensajes que presentan la diversidad afectivo-sexual y de género como una amenaza o una imposición. Se cuestiona la educación en diversidad en los centros escolares, se atacan campañas de sensibilización y se intenta relegar la orientación sexual o la identidad de género al ámbito estrictamente privado. Sin embargo, la visibilidad nunca ha sido un privilegio, sino una necesidad: quienes no se ven, no existen para las instituciones y quedan más expuestos a la discriminación. 

Resulta especialmente inquietante que todavía existan sectores políticos, sociales y religiosos que justifican o minimizan las llamadas terapias de conversión. Estas prácticas, rechazadas por la comunidad científica internacional, parten de una premisa profundamente discriminatoria: que ser gay, lesbiana, bisexual o trans constituye un problema que debe corregirse. Aunque España ha avanzado en su prohibición, siguen apareciendo denuncias relacionadas con intentos de “reorientación” sexual o de género. 

Como tampoco han desaparecido los delitos de odio. Las infracciones penales motivadas por la orientación sexual y la identidad de género continúan ocupando una posición destacada entre los motivos de discriminación investigados por la Fiscalía y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Además, muchas víctimas no denuncian por miedo, desconfianza o por considerar que no servirá de nada. 

A ello se suma un contexto social cada vez más polarizado. Las agresiones verbales y físicas contra personas LGTBI+ continúan produciéndose y la discriminación sigue presente en ámbitos tan cotidianos como el empleo, la vivienda o la educación. 

Por eso el Orgullo no es una fiesta vacía ni una celebración innecesaria. Es memoria, reivindicación y defensa de los derechos humanos. Es recordar que hubo personas encarceladas por amar, expulsadas de sus hogares o sometidas a terapias de conversión. Y que todavía hoy hay quienes sufren insultos, acoso o agresiones por mostrar públicamente quiénes son. 

La verdadera igualdad no consiste en ignorar las diferencias, sino en garantizar que nadie sea discriminado por ellas. Mientras sigan registrándose agresiones homófobas y transfóbicas, mientras haya personas que teman mostrar su orientación sexual o identidad de género y mientras existan quienes pretendan devolver al armario a quienes tanto lucharon por salir de él, el Día del Orgullo seguirá siendo necesario. 

Porque los derechos conquistados no son irreversibles. Porque la libertad nunca está completamente asegurada. Y porque una democracia madura no se mide por cómo trata a las mayorías, sino por cómo protege a quienes históricamente han sido discriminados.