Cada mes de agosto, Almería se engalana para sus días grandes en honor a la Virgen del Mar. Es un momento de luz y júbilo que inunda nuestras calles. Sin embargo, tras el brillo del recinto ferial, subyace un debate silenciado pero latente: la desdibujación de nuestra identidad visual en favor de una estética importada ajena a nuestra raíz levantina. Este fenómeno se manifiesta en el concurso del cartel anunciador; una pieza que debería ser el espejo del alma de la ciudad y que, con demasiada frecuencia, termina siendo un calco de la Feria de Sevilla.
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| Propuesta de cartel |
Este 2026, la reflexión
adquiere urgencia ante las elecciones al Parlamento de Andalucía del 17 de
mayo. Mientras los candidatos recorren nuestra provincia con promesas, me
pregunto: ¿Qué respeto pueden exigir para Almería los políticos que nos
representan si son cómplices de nuestra disolución cultural? Como he expuesto
en anteriores artículos, Almería debe reclamar su lugar como Comunidad Autónoma
Uniprovincial. No somos un apéndice de una autonomía artificial; somos una
provincia levantina con una entidad regional histórica propia, confirmada por
los siglos y ninguneada por la política actual. Nuestra personalidad se forjó
mirando al Mediterráneo y no al Guadalquivir.
El lema de mi propuesta,
“ALMERÍA PURA”, no es un eslogan; es un manifiesto de soberanía visual. Ser
“puro” en Almería implica reconocer que no somos un satélite de las otras siete
provincias. Por ello, decidí registrar oficialmente mi propuesta para el cartel
de 2026, convirtiendo el grafismo en un acto de resistencia frente a quienes
pretenden uniformarnos bajo un estándar ajeno que borra nuestra huella
diferencial.
Mi obra es fruto de años de
investigación etnográfica. En ella, el rigor importa porque la historia es
nuestra única defensa. En la figura del hombre, he buscado el mayor rigor del
siglo XVIII y principios del XIX, recuperando el sombrero de catite, el pañuelo
y el zaragüel, elementos que definen al varón de nuestra tierra frente al
estereotipo del “traje de corto” sevillano. Cada detalle respeta una cultura
soberana: el chaleco floral, la camisa blanca y esa faja remetida con precisión
por dentro del zaragüel, huyendo de la dejadez visual. No faltan los hilos que
tejen nuestra memoria levantina: las calcetas de algodón con ligas atapiernas
sobre las tradicionales esparteñas.
Del mismo modo, el traje de la
mujer se aleja de la “flamenca” impuesta para abrazar la elegancia de la
refajona. He destacado el uso del justillo sobre la camisa de ricas labores,
cubierto por el hondo calado de los flecos de un mantón que dignifica la figura.
La mirada se detiene en un delantal bordado sobre el guardapiés y el refajo de
listas horizontales, que viste a la almeriense con una distinción que nace de
nuestra propia genealogía. No es lo mismo una flamenca que una refajona; no es
lo mismo un traje de corto que un zaragüel. Confundirlos no es un error
estético, es una claudicación que nos hace perder nuestra esencia.
En la parte superior, los
gallardetes muestran la bandera de España y la de Almería con la Cruz de San
Jorge, símbolo confirmado por los Reyes Católicos que late en nuestra raíz.
Frente a la falta de autenticidad de propuestas que presentan estéticas más
acordes para la Feria de Sevilla o cualquier otra provincia andaluza —esas
consabidas “andaluzadas” que todo lo igualan—, mi propuesta apuesta por lo
humano y lo documentado. He situado a los personajes bajo la vigilancia del
Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de San Cristóbal y frente al Sol de
Almería, ese astro soberano que nos define como la verdadera y genuina Costa
del Sol, una marca que nos pertenece por derecho y por historia.
El jurado tiene una
responsabilidad que trasciende lo artístico, especialmente en este mayo
electoral. Si los políticos que dicen representar a Almería tuvieran dignidad,
exigirían que nuestras fiestas fueran escaparate de nuestra entidad regional
histórica. No podemos permitir que el cartel oficial nos degrade a la
irrelevancia visual.
Defender este cartel es defender nuestra verdad como región histórica diferenciada. Una verdad que reclama su lugar como protagonista y no como figurante. Solo así, tras las elecciones del 17 de mayo y llegado agosto, podremos decir con la cabeza alta que nuestra Feria es, efectivamente, nuestra. Almería Pura, soberana y eterna.









