Edita: Fidio (Foro Indalo de Debate, Ideas y Opinión) / X: @opinionalmeria / Mail: laopiniondealmeria@gmail.com

Mantener lo público

Fátima Herrera
Portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Almería

Hay lugares que no salen en las postales de una ciudad, pero sostienen su vida diaria. Por eso duele comprobar en qué punto se ha dejado el mantenimiento del Rafael Florido y el Jairo Ruiz, en Nueva Andalucía y Los Ángeles. 

La noticia de que la empresa que los ha venido gestionando, Supera, seguirá otros seis meses después de que se haya cumplido el contrato porque el Ayuntamiento admite que las instalaciones tienen “muchas deficiencias” es un síntoma de la costumbre de mirar hacia otro lado hasta que el problema ya es imposible de esconder. Lo inquietante no es que existan deficiencias, sino que aparezcan ahora, justo cuando termina la concesión, como si hubieran brotado de la noche a la mañana. 

Cualquiera que utilice estas instalaciones sabe que no es así. Las quejas de usuarios y clubes no nacieron ayer. Los pabellones no envejecen de golpe: se van apagando poco a poco cuando faltan revisiones, mantenimiento y cuidado. No: lo que hay es mucho tiempo perdido. En Los Ángeles, además, los usuarios están sin su piscina municipal desde marzo de 2022, una piscina que era utilizada por mayores que necesitan moverse y no pueden o por personas con lesiones que dependen del agua para rehabilitarse. 

Ahora se nos dice que la concesionaria actual seguirá hasta que ejecute las mejoras exigidas. Y, mientras tanto, la nueva adjudicataria espera. El resultado es un “limbo” que siempre pagan los mismos: los vecinos. Y lo peor es el silencio. En los barrios lo mínimo es hablar claro: explicar qué se va a hacer, cuándo, cómo y con qué garantías. Informar no es un favor; es una obligación. Por eso, desde el PSOE lo decimos con claridad: hace falta un cambio de modelo. 

Avanzar hacia una gestión pública directa de las instalaciones deportivas municipales o, como mínimo, contratos con control real, auditorías periódicas y penalizaciones efectivas. Hay que garantizar que nadie vuelva a jugar con el tiempo y el dinero de los vecinos y vecinas de Almería.

Las portadas de los tres periódicos de Almería

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Cada mañana se pueden adquirir tres periódicos de papel que tratan sobre los temas de Almería y su provincia. El decano es   La Voz de Almería , que es también el que tiene mayor difusión. El segundo por el número de lectores es   Ideal,  el periódico con sede en Granada, que tiene una edición especial para Almería. El tercero en difusión es el más joven -que recuperó el nombre de una cabecera histórica-,   Diario de Almería , que pertenece al Grupo Joly, propietario de cabeceras en casi todas las provincias andaluza:




Las portadas de las cinco revistas semanales

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Ya están en los puntos de venta las revistas semanales. Cuatro de ellas (Lecturas¡Hola!Diez Minutos y Semana) salen los miércoles, mientras la revista Pronto se adelanta sobre sus compañeras y se pone a la venta los lunes. Estas son las portadas de esta semana:






Las trabas de 'El Mundo' para rectificar un bulo sobre Silvia Intxaurrondo

Tania Artajo
@opinionalmeria
Existe en la prensa española una preocupante asimetría entre la velocidad con la que se dispara un bulo y la lentitud exasperante con la que se restaura la verdad. Publicar una falsedad es un proceso ágil, a menudo premiado con clics y ruido en redes sociales; sin embargo, rectificar es un camino tortuoso, lleno de obstáculos procesales y resistencias editoriales. El caso de la periodista Silvia Intxaurrondo frente al diario El Mundo es, a día de hoy, el paradigma de esta anomalía democrática.
Tuit de la periodista
Todo comenzó el 4 de marzo de 2024. El diario dirigido por Joaquín Manso lanzó un titular lapidario: "RTVE renovó a Silvia Intxaurrondo por 537.000 euros el mismo día de su dura entrevista a Alberto Núñez Feijóo". La intencionalidad era clara: vincular una supuesta gratificación económica inmediata con aquel momento viral en el que la presentadora de La Hora de la 1 corrigió al líder del PP sobre la revalorización de las pensiones. La noticia afirmaba que el contrato se "cerró" aquel 17 de julio de 2023, sugiriendo un premio por su "beligerancia" política.
Sin embargo, la realidad de los hechos era otra, y la periodista inició una batalla legal para defender su integridad profesional. Tras un primer revés en el Juzgado de Instancia número 10 de Madrid —que desestimó la demanda inicialmente—, la Audiencia Provincial de Madrid terminó por imponer el sentido común y el derecho a la información veraz. La sentencia fue contundente: condenó a El Mundo y a su director a publicar una rectificación y a pagar las costas de ambos juicios.
Lo que debería haber sido el final de un error periodístico se convirtió en un ejercicio de resistencia. El periódico se ha mostrado remiso a cumplir el mandato judicial de forma voluntaria, lo que ha obligado al Juzgado a intervenir de nuevo, concediendo un segundo plazo de tres días bajo advertencia legal. Como bien ha señalado la propia Intxaurrondo al anunciar este "nuevo varapalo judicial", ya van cuatro los pronunciamientos que obligan al medio a retractarse.
Este episodio pone de relieve un mal endémico: el uso de la justicia como un mecanismo de "compra de tiempo". Muchos medios prefieren dilatar el cumplimiento de las sentencias, esperando que el olvido social diluya el efecto de la rectificación. Para cuando la verdad llega al papel, el daño reputacional ya está hecho y el bulo ha cumplido su función de desgaste.
La resistencia de El Mundo no es solo una afrenta a Silvia Intxaurrondo; es un desafío a la autoridad judicial y, sobre todo, una falta de respeto a sus propios lectores. En un ecosistema informativo saturado de desinformación, la credibilidad de una cabecera no se mide por su capacidad de ataque, sino por su humildad y celeridad a la hora de corregir cuando se falta a la verdad. Que la Justicia tenga que obligar reiteradamente a un medio a cumplir la ley es la prueba más evidente de que algo falla en el corazón del periodismo español.

Tertulianos entre el barro

Ignacio
Ortega

Apuraba el último café de la mañana cuando me sorprendió la voz de un tertuliano en una emisora almeriense. Sentenciaba con gravedad de plomo que España no ha salido jamás de Duelo a garrotazos, aquel cuadro de Francisco de Goya que retrata dos hombres golpeándose de rodillas en el barro.

Cuando terminó su perorata, me quedé con un nudo en la garganta. Para él, cuanto más progreso acumulamos, menos despejado parece estar todo. Como si siguiéramos siendo esos dos hombres golpeándose, de rodillas y enterrados en el barro de la confusión, mientras el paisaje se desmorona alrededor.

Decía el apocalíptico tertuliano, con la convicción de quien ha visto el fin de España en un titular de prensa, que la polarización es nuestro estado natural, una condena de arcilla y sangre que nos impide avanzar.

Ese diagnóstico, que tanto gusta a quienes viven del miedo, quizá no ande falto de razón al describir nuestras sombras, pero pocas veces se mira con la misma atención la luz que aún persiste entre ellas. Y es que el ruido no es un accidente, sino un producto de diseño, una mercancía que se vende en los despachos donde la crispación cotiza al alza.

Sin embargo, al apagar la radio, el silencio se llenó de una luz distinta. La vida, que casi siempre discurre lejos de los tertulianos y de los parlamentos, comenzó a escribir su prosa sobre la mañana. Porque España no es solo ese lienzo oscuro de Goya.

Mientras unos gritan en las plazas públicas -porque el escándalo es su única forma de relevancia- otros hablan en voz baja y avanzan. Investigan en el Hospital Universitario Torrecárdenas, donde se lidera la lucha contra el Síndrome de Wolfram. Son quienes cada mañana levantan hospitales, siembran campos y enseñan en las aulas con la misma obstinación que las olas del Cabo de Gata vuelven siempre a la orilla. No es casualidad que en esta provincia trabajen doce centros especializados en investigación y desarrollo de semillas, pequeñas cápsulas de futuro donde se ensayan las respuestas alimentarias de un planeta que crece.

Quizá por eso conviene recordar que incluso en los tiempos más ásperos, cuando hay gente que parece mirarse en el espejo deformante de Ramón María del Valle-Inclán por pura autoflagelación, la vida sigue abriéndose paso. No somos figurantes de una tragedia goyesca como cree el tertuliano, sino autores de una partitura que aún no ha terminado de sonar.

Es la España silenciosa que escribe otra partitura, lejos del tertuliano gritándonos que el barro nos llega al cuello; aquella que Julio Alfredo Egea imaginó, donde “la luz no es un adorno, sino una insobornable voluntad de ser”.