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Rosario Mohedano y la difícil tarea de comprender a Rocío Carrasco

Tania Artajo
@opinionalmeria

Rosario Mohedano había manifestado en distintas ocasiones su intención de mantenerse alejada de los programas de televisión dedicados a las intimidades familiares. Su prioridad, aseguraba, era su carrera musical. Sin embargo, el pasado viernes acudió a ¡De Viernes! y dedicó buena parte de su intervención a hablar de sus desencuentros con Rocío Carrasco, del divorcio de sus padres y de otras controversias familiares. De su música, prácticamente nada.

Imagen elaborada con IA

Resulta llamativo que Rocío Carrasco continúe siendo objeto de comentarios públicos por parte de distintos miembros de su familia, particularmente Rosa Benito y Amador Mohedano, pese a que ella ha reducido considerablemente sus intervenciones sobre estos asuntos desde la emisión de sus documentales. Ahora, Rosario se ha sumado al carro. En los tres casos, a cambio de una sustanciosa compensación pecuniaria.

Es justo reconocer que Rosario adoptó esta vez un tono menos confrontativo hacia su prima que en otras ocasiones. Recordó el cariño que las había unido y lamentó su distanciamiento. Sin embargo, algunas de sus reflexiones revelaron una tendencia preocupante: la facilidad con la que se proponen soluciones aparentemente sencillas para conflictos familiares de extraordinaria complejidad.

Uno de los momentos más significativos llegó cuando leyó un WhatsApp enviado a Rocío Carrasco en diciembre de 2021. En él le pedía que contactara con sus hijos. Según explicó, nunca obtuvo respuesta. Es comprensible que un familiar desee contribuir a una reconciliación. Pero resulta discutible que una ruptura prolongada, marcada por años de enfrentamientos judiciales y exposición mediática, pueda reconducirse mediante una llamada telefónica o un mensaje.

No es la primera vez que se aborda esta situación desde semejante perspectiva. Paz Padilla llegó a proponer que encerraría a Rocío Carrasco y a su hija en una habitación hasta que se dijeran que se querían. Aquella afirmación, posiblemente inspirada por las mejores intenciones, ilustraba hasta qué punto pueden simplificarse cuestiones que requieren una comprensión mucho más profunda. El afecto no siempre basta para superar experiencias dolorosas ni para reconstruir relaciones deterioradas.

La violencia de género, la violencia vicaria y la violencia filio-parental son fenómenos diferentes que exigen conocimiento, formación y sensibilidad. No se trata de aplicar automáticamente estas categorías a un conflicto concreto, sino de comprender que determinadas experiencias pueden alterar profundamente las relaciones familiares. En esas circunstancias, los consejos improvisados desde un plató pueden resultar inadecuados e incluso contraproducentes.

Tampoco puede analizarse el distanciamiento entre Rocío Carrasco y sus hijos ignorando el prolongado enfrentamiento entre sus progenitores. Las distintas versiones públicas, los procedimientos judiciales y las experiencias relatadas forman parte de un contexto que exige distinguir entre hechos acreditados, testimonios e interpretaciones. Rosario, que también ha vivido situaciones familiares difíciles, debería ser especialmente consciente de que las relaciones personales no siempre pueden recomponerse mediante gestos de buena voluntad. Ni siquiera quienes protagonizan estos conflictos encuentran siempre el camino adecuado para resolverlos. Mucho menos corresponde señalarlo a quienes los observan desde fuera.

Sería deseable que Rocío Carrasco y sus hijos pudieran recuperar algún día su relación. Pero cualquier acercamiento debería producirse libremente, sin presiones familiares ni mediáticas y sin que los hijos tuvieran que asumir como propio el enfrentamiento de sus padres.

Rosario Mohedano tiene derecho a expresar sus sentimientos y contar su versión, como Rocío Carrasco tiene derecho a guardar silencio. Pero cuando se habla públicamente de situaciones tan delicadas, la prudencia debería imponerse a las soluciones fáciles. Porque conocer una historia familiar no significa necesariamente comprenderla. Y porque, antes de aconsejar cómo reparar una relación, conviene entender la profundidad de las heridas que han provocado su ruptura.

La Plaza del Educador, nueva puerta de entrada al Casco Histórico

María del Mar Vázquez
Alcaldesa de Almería

Hay lugares que, por su ubicación, tienen la capacidad de transformar mucho más que su propio entorno. La plaza Juan Casinello, popularmente conocida como la Plaza del Educador, junto al solar del antiguo edificio de Correos, es sin duda uno de ellos. Situada en el corazón de la ambiciosa modernización del centro que tiene como eje el Paseo, puede convertirse en una nueva puerta de entrada al Casco Histórico y en un espacio de referencia para vecinos, comerciantes, visitantes y futuras generaciones de almerienses. 

Desde el Ayuntamiento estamos trabajando en una propuesta ambiciosa para este enclave: un proyecto que combine una zona verde natural y de estancia, una planta de equipamiento y un aparcamiento subterráneo. No se trata simplemente de construir una plaza. Se trata de pensar cómo queremos vivir, utilizar y disfrutar el centro de Almería durante las próximas décadas. 

El urbanismo debe estar al servicio de las personas. Por eso queremos que la Plaza del Educador, como así queremos que se llame oficialmente en un futuro, sea un lugar cómodo, accesible y amable; un espacio con sombra, vegetación, zonas de descanso y recorrido peatonal. Un lugar para pasear, encontrarse, disfrutar de nuestra ciudad y conectar distintos ámbitos de nuestro centro. 

La idea en la que venimos trabajando desde hace tiempo parte de un modelo que ya funciona en otras ciudades: aprovechar la tridimensionalidad de los espacios urbanos para compatibilizar distintos usos. Por ejemplo, un jardín en la parte superior, equipamientos y actividad en un nivel intermedio y un aparcamiento bajo rasante pueden convivir y multiplicar el valor de un mismo espacio. 

El objetivo es encontrar un equilibrio entre belleza y funcionalidad, entre la necesidad de prestar servicios y la creación de un entorno urbano atractivo. Queremos que esta plaza tenga personalidad propia. Que sea un proyecto singular, reconocible y vinculado a Almería. Nuestra ciudad cuenta con una identidad mediterránea, una luz excepcional y una relación muy especial con el paisaje, la historia y la vida en la calle. 

Todos esos elementos deben estar presentes en el diseño de este nuevo espacio. Y naturalmente, queremos encontrar en esa plaza un lugar adecuado para la escultura del Educador, integrándola en un conjunto que respete su significado y la devuelva a la vida cotidiana de la ciudad, porque el patrimonio y la memoria no deben permanecer aislados: deben formar parte de los espacios que habitamos y compartimos. La Plaza del Educador puede contribuir, además, a revitalizar el centro. 

Los espacios públicos de calidad favorecen la actividad comercial y hostelera, mejoran la conexión con el casco histórico y generan nuevas oportunidades para quienes viven, trabajan o emprenden en esta zona. Almería gana cuando sus plazas son algo más que lugares de paso: cuando se convierten en escenarios de convivencia, cultura y actividad económica. Sabemos que una actuación de esta importancia generará debate. Y eso es positivo. 

Una ciudad viva debe establecer un diálogo sobre sus proyectos, plantear alternativas y exigir que las decisiones se tomen con rigor. Escuchar a los vecinos, a los comerciantes, a los profesionales y a los agentes sociales es fundamental para enriquecer la propuesta y encontrar la mejor solución. Así, la Plaza del Educador y la actuación en el solar de Correos no deben entenderse como proyectos aislados, sino como parte de una transformación más amplia de Almería: una ciudad que recupera espacios para las personas, conecta su centro con su patrimonio y mira al futuro con ambición. 

Pero sobre todo, queremos que esta plaza marque un antes y un después en la zona. Que sea verde, accesible, útil y emocionante. Un lugar con sello almeriense y vocación de futuro. Porque la Almería que queremos construir empieza precisamente así: imaginando en grande, dialogando y convirtiendo las oportunidades en espacios para todos. Seguimos trabajando.

No todos somos iguales

José María Martín
Secretario General del PSOE de Almería

Óscar Puente ha dado una lección política y personal como pocos cargos públicos en nuestro país. Su capacidad para dar la cara, asumir responsabilidades y anteponer el interés general al personal tras la tragedia ferroviaria de Urda ha demostrado que todavía hay quienes entienden la política como un ejercicio de compromiso y responsabilidad. 

Nada puede aliviar el dolor de las familias que han perdido a sus seres queridos, que merecen todo el respeto y que se esclarezca lo ocurrido para evitar que vuelva a suceder. Esa obligación de dar respuestas ante una tragedia tan dolorosa como la que hemos vivido es la que ha asumido el exministro de Transportes, que ha comparecido, ha dado explicaciones y finalmente ha renunciado a su cargo. Ni se ha escondido ni se ha aferrado al sillón. 

¿Cuántos dirigentes del PP han asumido responsabilidades políticas por tragedias como el Yak-42, las residencias de Madrid o la dana de Valencia? ¿Dónde estaban las dimisiones cuando las familias reclamaban explicaciones? Resulta difícil aceptar lecciones de quienes tantas veces han preferido señalar a otros antes que asumir sus propias responsabilidades. En Andalucía conocemos bien esa manera de actuar. Los fallos en los cribados del cáncer de mama y el incendio de Los Gallardos, con 15 fallecidos, han puesto de manifiesto el doble rasero del Gobierno de Moreno Bonilla, que ni da explicaciones ni permite que se investigue en el Parlamento lo que ha sucedido. 

Por eso resulta aún más indecente que los dirigentes del PP en Andalucía exijan responsabilidades sin aplicarse el mismo criterio que han reclamado para Óscar Puente y el presidente del Gobierno. Por supuesto, dimitir no borra lo ocurrido ni sustituye la obligación de investigar hasta el final las causas de un accidente. Tampoco devuelve a nadie la vida. Pero negar el valor de una decisión que implica abandonar el poder sería tanto como decir que da igual asumir responsabilidades que eludirlas. Y no, no da igual. 

En estos tiempos de ruido y polarización, la ciudadanía merece dirigentes que den la cara ante tragedias de esta magnitud, incluso cuando hacerlo tenga un coste personal, porque el ejercicio de la política exige un compromiso con la gente que debe prevalecer sobre cualquier interés particular. Por eso, frente a quienes insisten en que todos los partidos son iguales, conviene mirar los hechos con objetividad y comprobar que hay quien da explicaciones y se marcha, mientras otros buscan todo tipo de excusas para quedarse. Esa diferencia importa. Y mucho.

Las portadas de los tres periódicos de Almería

Aarón Rodríguez
@opinionalmeria

Cada mañana se pueden adquirir tres periódicos de papel que tratan sobre los temas de Almería y su provincia. El decano es  La Voz de Almería , que es también el que tiene mayor difusión. El segundo por el número de lectores es  Ideal,  el periódico con sede en Granada, que tiene una edición especial para Almería. El tercero en difusión es el más joven -que recuperó el nombre de una cabecera histórica-, Diario de Almería, que pertenece al Grupo Joly, propietario de cabeceras en casi todas las provincias andaluza:




Rosario Mohedano necesita formarse un poco más para comprender a su prima

Emilio Ruiz
@opinionalmeria

Rosario Mohedano acudió anoche a ¡De viernes! con un discurso bastante menos agresivo hacia su prima Rocío Carrasco del que le hemos escuchado en otras ocasiones. Se agradece el cambio de tono, especialmente después de tantos años de enfrentamientos familiares aireados en los platós. Sin embargo, su intervención dejó al descubierto algo que considero mucho más preocupante que las discrepancias entre ambas: una evidente falta de comprensión de lo que pueden suponer la violencia de género, la violencia vicaria, la violencia filio-maternal y la violencia mediática.

Rosario Mohedano lee en ¡De Viernes! el último mensaje que le envió a su prima Rocio Carrasco / Mediaset

No sé qué formación tiene Rosario Mohedano sobre estas materias, pero algunas de sus afirmaciones demuestran que le vendría muy bien profundizar en ellas antes de ofrecer consejos públicos a su prima sobre cómo debe afrontar sus conflictos familiares.

Uno de los momentos más reveladores llegó cuando Rosario leyó el último mensaje de WhatsApp que envió a Rocío Carrasco, en diciembre de 2021. En él le reprochaba: "Deberías llamar a tus hijos". También le recordaba que ambos estaban sufriendo y recurría a un argumento especialmente delicado: "Tu madre esto no lo querría". ¿De verdad cree Rosario que una relación maternofilial profundamente deteriorada puede resolverse con una llamada telefónica? ¿Que basta un gesto de buena voluntad para superar años de conflictos, sufrimiento y heridas emocionales? Las relaciones familiares son mucho más complejas, especialmente cuando existen denuncias de violencia y experiencias traumáticas. Ni siquiera quienes las protagonizan encuentran siempre el camino adecuado. Mucho menos debería pretender señalarlo alguien que contempla el problema desde fuera.

Rosario llegó a afirmar que su prima no había puesto corazón al hablar públicamente de su familia. Es una apreciación que merece una reflexión. ¿Quién puede determinar cuánto corazón pone una persona al relatar experiencias que asegura haber sufrido? El dolor no tiene una única forma de expresarse. Hay quienes lloran, quienes callan, quienes se distancian y quienes necesitan contar públicamente su historia. Ninguna de esas reacciones permite medir, por sí sola, el sufrimiento ajeno.

Precisamente por eso resulta imprescindible conocer mejor los mecanismos de la violencia de género y de la violencia vicaria, en la que los hijos pueden ser utilizados como instrumento para causar daño a la madre. También conviene comprender las dinámicas de violencia filio-maternal, que no pueden reducirse a una simple discusión entre padres e hijos. Conocer estos fenómenos no significa dar por acreditado automáticamente cualquier episodio concreto, sino disponer de herramientas para analizarlo sin prejuicios ni simplificaciones.

Rosario debería mostrar especial sensibilidad hacia estas cuestiones. Ella misma ha relatado experiencias dolorosas relacionadas con su exposición televisiva y con los ataques públicos de una expareja. Anoche recordó que lo peor no era únicamente lo que se decía de ella, sino el silencio de quienes, conociéndola, permitían que continuaran los ataques. Y estableció un paralelismo con Rocío Carrasco: "Yo empaticé siempre con mi prima. Vi su soledad".

Ahí estuvo, probablemente, su reflexión más acertada. Porque Rosario conoce de primera mano lo que supone sentirse atacada públicamente. Por eso sorprende que, después de reconocer el sufrimiento mediático de Rocío, no parezca comprender plenamente la complejidad de otras experiencias que su prima ha relatado.

Hubo, no obstante, dos afirmaciones que merecen destacarse positivamente. Rosario confirmó que aceptó ser propuesta como testigo en el procedimiento judicial de Rocío contra Antonio David Flores. Y, sobre todo, se desmarcó del discurso mantenido durante años por su padre, Amador Mohedano, quien responsabilizaba a Fidel Albiac del distanciamiento familiar. "A Fidel no le responsabilizo de nada", aseguró. Por fin alguien de ese entorno reconoce que Rocío Carrasco tiene personalidad, criterio y capacidad para tomar sus propias decisiones, aunque a renglón seguido se contradijera y afirmara que su prima podía haber estado influida por cierta productora a la hora de hacer determinadas afirmaciones.

Rosario tiene todo el derecho a discrepar de su prima, a sentirse dolida y a expresar públicamente sus sentimientos. Lo que resulta cuestionable es convertir su propia percepción de los hechos en una especie de manual sobre cómo debería comportarse Rocío Carrasco como hija, madre o prima.

La reconciliación familiar puede ser deseable, pero no constituye una obligación moral que deba imponerse a cualquier precio. A veces, recuperar una relación es posible; otras, mantener la distancia puede ser una decisión necesaria para preservar el bienestar emocional.

Quizá Rosario Mohedano debería empezar por comprender algo elemental: querer a una persona no nos concede autoridad para decidir cómo debe gestionar su sufrimiento. Y antes de aconsejar a Rocío Carrasco sobre cómo reconstruir su vida familiar, sería conveniente que dedicara algo de tiempo a formarse sobre unas violencias cuya complejidad no cabe en un WhatsApp ni se resuelve desde un plató de televisión.