A Paca le quemaron el buzón, la amenazaron de muerte, le rayaron
el coche y la insultaron con toda clase de improperios los clásicos y los
inventados. Al final se marchó de su pueblo, El Gordo, porque era un suplicio y
llegó a temer por su vida. Ese fue su castigo por defender el medio ambiente
con las leyes existentes ante los promotores y los políticos de la Junta de
Extremadura que autorizaron la construcción de un complejo urbanístico en la
Isla de Valdecañas y que, tras 15 años de proceso
judicial (aún no ha terminado), el Tribunal Supremo ha ordenado demoler por
completo, no parcialmente como dictó el TSJEx en 2020, sentencia que
Ecologistas en Acción recurrió y en la que han vuelto a darle la razón.
Ahora viene la hipocresía al hacer referencia al coste del
derribo y el perjuicio a la economía
local de los pueblos afectados. La demolición costará unos 33 millones
de euros a los extremeños, más las indemnizaciones pertinentes, sobre unos 110 millones, a los promotores y
propietarios que compraron un chalet de lujo en un Espacio Protegido y no
urbanizable, declarado Zona de Especial Protección para las Aves e incluido en
la RED Natura 2000.
Es un dineral que se hubiesen ahorrado si hubieran actuado cuando los malvados,
insensatos y amargados ecologistas (así los han llamado estos días en algunos
medios) avisaron, al comenzar el proyecto, de que estaban cometiendo un delito
ambiental. Su respuesta fue la soberbia y el cambio de uso del suelo aprobado
por los dos partidos mayoritarios en ese momento, PP y PSOE, en la Junta de
Extremadura. En vez de cumplir las leyes europeas, intentaron modificar las
locales a su antojo para sortear el escollo que se les presentaba y salvar un
proyecto que se anunció con una cena a todos los vecinos para que lo apoyasen.
Lo peor de este caso, que recuerda al indestructible Algarrobico de
Carboneras, es que quienes se saltaron la ley no van a ser castigados. El
presidente Fernández Vara, que en 2007 comenzó el proyecto, no será
inhabilitado por no haber sabido interpretar las leyes, o por haberlas
malinterpretado, o por haberlas ignorado. Que los ecologistas sepan de leyes
más que nuestros políticos es algo que nos debería dar que pensar y preocupar.
Pero eso da igual, porque primero hacemos, disparamos y destruimos, y luego, si
alguien denuncia, aguanta las presiones, los chantajes y las amenazas, pues ya
veremos como lo solucionamos.
No solo hay que derribar de inmediato las construcciones ilegales,
sino que hay que pedir responsabilidades a quien firma los proyectos sabiendo
que van en contra de la ley, y si no lo sabían, por su incompetencia y
negligencia.
En Andalucía, esta semana hemos asistido a las declaraciones del presidente Moreno Bonilla donde anuncia
que va a legalizar 1.400 hectáreas de cultivos que están secando los acuíferos de uno
de los parques nacionales más importantes de toda Europa. Y lo hace a pesar de
las discrepancias de los agricultores legales y de las advertencias del
Ministerio de Transición Ecológica y de la Comunidad Europea de que lo que está
haciendo no va a ser aprobado de ninguna de las maneras porque es ilegal y
sería sentenciar el P. N. de Doñana. ¿No habría que castigar al señor Moreno por
ir pasado de “revoluciones verdes” antes de cometer un ecocidio? A él y a
todos los socialistas que se han abstenido por miedo a perder votos locales. A
todos los que se saltan la ley, sabiendo que lo están haciendo, habría que
inhabilitarlos.
Y a nivel local, tenemos el hotel de Genoveses en el P. N. de Cabo
de Gata que tiene enfrentado a la Junta de Andalucía, que ha autorizado su
construcción, y al Ayuntamiento de Níjar que considera que no debe dar la
licencia oportuna para empezar las obras, pero que al final, su alcaldesa le
reconoce a los ecologistas, tendrá que hacerlo porque no puede arriesgarse a
que los jueces le den la razón a la Junta y haya que indemnizar a los
propietarios.
¿No sería más inteligente, más práctico y más barato que la justicia
se pronunciase antes de dar las licencias, de empezar las obras, de saltarse
las leyes, de destruir el medio ambiente? Ganaríamos en credibilidad y
seguridad, pero no, hay que esperar a que todo esté hecho y que una valiente
como Paca no sucumba a las presiones de codiciosos constructores y políticos
¿incapaces, corruptos, negligentes? que consideran que por ostentar el poder
pueden hacer lo que les dé la gana.
Gracias a todas las Pacas y Pacos por no rendiros, por hacer cumplir las leyes, por defender vuestros pueblos, por dejar en evidencia a Goliat.
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